De nuevo adapto el Dr. Inferno, personaje original creado por Victor Berlin, en su cuarta secuela. En el post anterior tenéis la tercera (que hay que leer antes que ésta para que tenga sentido) y un vínculo a la edición original y las anteriores.Doctor Inferno IV
1
Conocí al tipo ese hace ya unos cuantos días en aquel bar. Era un garito de música estridente y gente muy pasada. Una clase de sitio donde vas los días después de doce horas de curro insoportable a ponerte hasta arriba y olvidarte de todo. Un sitio majo.
Él estaba en una esquina desde donde controlaba todo el bar, bebiendo sorbo a sorbo su Four Roses con hielo. Yo llevaba una minifalda que decía claramente “fóllame” y no me corté un pelo cuando me apoyé en la barra para dar un par de besos al camarero: le ofrecí una buena ración de culo cachondo. Me volví como quien no quiere la cosa y el tío no despegaba sus ojos de mi.
Me hice la puta un rato más, bailando como una fulana, pero el tío no se movió de su sitio. ¡Coño, debía ser gilipollas o maricón! Pero justo cuando me descuidé le oí a mi lado.
- Eres increíble -.
Sonreí como sólo pueden sonreír las furcias del infierno.
- ¿Cómo te llamas? -.
Se lo dije al oído, rozándole con mi lengüecita.
- ¿Quieres saber cómo me llamo yo? -.
Me llevó al baño y cerró la puerta. No me dijo su nombre, pero dejó de importarme cuando se sacó el rabo.
- Chico, tienes un nombre cojonudo -.
Eso fue lo que le dije. Su rabo es descomunal. 30 centímetros de carne oscura, prieta y dura. Cuando se empalmó, esa maravilla apuntaba al techo como un cohete que van a poner en órbita. La toqué. La apreté con la mano. ¡Dios, se puso más dura! Era negra, como tener una Coca-cola de dos litros en la mano. El tío era blanco, pero me dio igual. Me bajé las bragas y me metí esa cosa fantástica. ¡Joder, el puto paraíso! Una maravilla grande, dura y tiesa entre mis piernas. Follamos como animales. Destrozamos el retrete, el lavabo, el papel higiénico y el secador eléctrico. Lo dejamos todo hecho un cristo pero nosotros nos quedamos como dios. Todo lo que le salió de la polla era increíble, ¡parecía una jodida fuente! Me volví loca.
- Vamos a mi casa -.
No habíamos entrado por la puerta cuando lo tiré en mi cama. Bajo el pantalón podía verle el chisme tieso como la roca. ¡Dios, qué cachonda! Le bajé los pantalones de un tirón y me la metí en la boca. ¡Coño, era enorme! Apuré y apuré y no hice más que reventarme la garganta. Pero era un auténtico placer. Una maravilla.
Esa noche creo que follamos unas siete veces. No lo sé, a la quinta perdí la cuenta.
Todo siguió muy bien durante unos cuantos días. Él venía a mi casa y hacíamos la cena, lo pasábamos en grande y follábamos como locos. Pero, poco a poco, el tío fue cambiando. Empezaba a hablarme como un chulo de putas.
- ¡Oye, nena! Trae tu culo y siéntalo encima de mi polla -.
Joder, cosas por el estilo. Un día apreció con unas cadenas de oro al cuello.
- ¿Qué es eso? -.
- ¿El qué? -.
- Esa mierda que llevas en el cuello -.
- Coño, es una cosa de familia -.
- ¿Cómo de familia? -.
- ¡Que sí, joder! No entiendes nada, coño -.
A los dos días, el pavo aparece con ropa tres tallas más grande que él, más cadenas en el cuello y un símbolo del dólar de plata colgando de una de ellas. Empezaba a preocuparme. En la cama seguía siendo todo igual, pero el tío se comportaba más como un macarra, un auténtico cabrón.
Al día siguiente, me desperté y en lo encontré en el salón. Estaba cantando, o algo parecido.
Yo no chupo culos,
yo sólo los jodos,
y el tuyo y el de todos,
lo voy joder,
a grosso modo
Hacía los cuernos con los dedos y el imbécil con los brazos. ¡Coño, estaba rapeando!
- Pero ¿qué coño es esto? -.
Fue lo que le dije. Él no tardó en llegar hasta y mi soltarlo.
- ¡Calla, joder! -.
Y me cruzó la cara.
Solo cuando estaba empalmado parecía ser el de siempre. Estábamos echando un polvo, él encima mío, a toda máquina, cuando aproveché para preguntarle que le pasaba. Él seguía dale que dale mientras hablaba.
- No sé lo que me pasa -.
- ¿Cómo que no lo sabes? ¡Me insultas, el otro día me cruzaste la cara! -.
Los muelles se la cama seguían ñaca-ñaca.
- No lo sé, de verdad. Todo es desde que me puse esta polla -.
Me la saqué corriendo y me aparté a un lado.
- ¿Qué coño quieres decir? -.
Me lo explicó. Un trasplante, le cortaron la suya y tuvo que ponerse la de un negro. Desde entonces se nota distinto. Siente “La llamada de África”. Pero ¿qué cojones dice este tío?
- No pienso meterme otra vez esa cosa. ¿Quieres decir que no es tuya? ¿Qué es de otra persona? ¿De un negro? -.
- ¿Eres racista? -.
- No, joder. ¡Pero no me hace feliz pensar que me estoy metiendo la polla de un negrazo que no conozco! -.
- ¡Coño, tia! ¡Que es mi polla! -.
- ¡No, joder es la de un negro que no conoces! -.
Le dije que si no se la cambiaba, no volveríamos a vernos. El se puso hecho una fiera. Me habló de los hermanos de color y de la Unidad de África y de que los blancos “caeríamos en sus fauces”. Rompió lámparas, ventanas, la mesa y el teléfono. Yo me abrí de piernas y en que me vio el chocho se volvió manso como un corderito y hala a follar. Yo lo tenía todo calculado. Lo había planeado un instante antes mientras rompía las ventanas. Vi ese cristal junto a la cama y supe cómo lo haría. Dejaría que la metiera y, cuando fuera a correrse y estuviera distraído se la cortaría con ese cristal.
El tío empezó a bombear que daba gusto. Tuve que luchar la de dios para que no se me fuera la cabeza. Pero cuando noté que la cosa se hinchaba… ¡ZAS! Clavé el bisturí.
Él se corrió, pero del dolor se apartó de mi. Cayó al suelo de espaldas, gritando como una nena. Normal, la polla se le había quedado dentro de mi coño.
- ¡Estás loca, joder! -.
Yo cogí el rabo con dos dedos y lo saqué. Se lo puse en las narices.
- Ve a ver a ese Dr. Inferno y que te ponga una nueva, porque te aseguro que puedes despedirte de esta -.
- ¡NOOOOOOOO! -.
Abrí la ventana y la tiré al piso de abajo. El perro de los vecinos daría buena cuenta de esa salchicha.
2
Sí, joder, soy yo. De nuevo en la puerta del Dr. Inferno, sin polla, sin orgullo y con mala leche. Vale, joder. Esa polla estaba endemoniada, pero nunca me había puesto tan loco de follar como el tiempo que la llevé entre las piernas. ¡Coño, cómo la echo de menos!
Entré sin problemas y allí me lo encontré como la primera vez. Sonriendo y con el cuchillo de carnicero en alto.
- ¿Se acuerda de mi, Doctor? -.
- ¡¡¡¡¡¡YYYIIIIIIIIIIIIIIIAAAAAAAA!!!!!!!! -.
Fue lo que dijo y echó a correr hacia mi, gritando como un poseso. Vi que sólo había una manera de afrontar eso: Me bajé los pantalones y le enseñé mi entrepierna vacía.
El tío se paró en seco. Comprendió.
- Necesito mi polla -.
El tío comprendía, pero no podía aceptarlo -.
- ¡Necesito mi polla de vuelta, joder! -.
- ¡¡¡¡¡¡YYYIIIIIIIIIIIIIIIAAAAAAAA!!!!!!!! -.
Y se echó a correr de nuevo hacia mi.
- ¡Hagamos un trato! -.
Inferno se detuvo en seco. Estaba dispuesto a escuchar.
- Mi polla por mi brazo -.
El tío negó con la cabeza.
- Mi brazo y un riñón -.
Inferno se rió como un demente fantasmal.
- JAJAJAJJAJAJAJAAJAJJAJAJAJAJJAJAJAJA -.
- ¡Última oferta! ¡Mi polla por mi brazo, un riñón y un pulmón! -.
Inferno sonrió. Se rió como una rata y asintió como un demonio.
Entramos en la sala de operaciones y me dijo que le señalara cuál era mi polla. Yo estuve tentado de decirle cualquier otra, pero tuve miedo de que eligiera una de un gay y me volviera maricón. Señalé mi miembro cercenado.
Cuando desperté me eché la manos al rabo. Allí estaba, mi polla purulenta. Me toqué el muñón con la otra mano y miré las cicatrices. Ahora no era más que un tullido que no podía ni beber ni fumar. Pero al menos podía follar, joder.
Pero… ¿alguien querría follar conmigo?
Mierda.
Inferno apareció de nuevo riendo y con el enorme cuchillo en su mano. Yo no sé quién estaba peor de los dos, si él o yo.









