martes, 30 de diciembre de 2008

Nuestro HDmento

Por cortesía de Amarcord Audiovisual, productora del videoclip Nuestro momento del grupo Frutas y Verduras junto a Action Runners, os ofrecemos la versión online en HD. Se ve de cojones...

Para los que no estéis al día, este videoclip fue un placer. El rodaje fue sobre ruedas y contamos con un equipazo de lujo. David Acereto a la fotografía, Alberto Martínez a la producción y en el reparto Ángeles Maeso, Françesc Tamarite, Aitana Novau y Eus Barrera, entre otros. Pero sobre todo fue una alegría estar con la banda, nos lo pasamos de miedo. Desde esta humilde página les mandamos un abrazo bien grande, son todos cojonudos. De no haber sido por mi amigo Patxi y por Kase.o, no los habría conocido y no hubiéramos hecho este videoclip. A ellos un fuerte abrazo, también.

Si lo véis aquí, tal cual lo veréis sin HD, si presiónáis sobre "HD is off" os llevará a Vimeo y allí lo podéis ver en HD.


Nuestro momento from AMARCORD AUDIOVISUAL on Vimeo.

viernes, 26 de diciembre de 2008

¡Teruel Mola!

Hacía años que no iba a Teruel. El fin de semana pasado estuve con el mejor maestro de ceremonias que puedes tener en su propia ciudad: Sancho, Sanchón. El testimonio, aquí. No os lo perdáis y así visitáis el otro blog, que está solico el pobre...

jueves, 25 de diciembre de 2008

Rat your Xmas!!! (vol. 2)

Como lo nuestro es compartir (los peores momentos, claro), ahí va una serie de felicitaciones multitudinarias para el club más selecto: Las Ratas.

El Panchi (Rata Suprema), Víctor (Super Ratón), yo (Ratón de campo).

Edgar (Rata de Alcantarilla).

Álvaro (Rata Miserable).

Sergio (Rata Urbana).

Alberto (Rata de cloaca).

Luque (Rata Peleona) y yo de nuevo.

Eus (Rata Malvada).

La Rata Malvada, de nuevo.

Sancho (nueva adquisición, Rata Crooner) y mi brother (Rata Pervertida).

Y El Panchi de nuevo, en un clásico.
Feliz Navidad a todos y poned una Rata en vuestro modo de vida!!!

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Rat your Xmas!!!

Sobran las palabras de nuevo. Igual que el año pasado, felicitamos la Navidad desde este oscuro pero honesto rincón de la única manera que sabemos. Con muy poca dignidad, claro.


A pasarlo bien!

Más allá

Unos días retirado de las comunicaciones no me han permitido escribirlo antes. Pero, desde esta humilde página, hoy, a pesar de la Nochebuena y esas cosas, toca antes de nada recordar al recientemente fallecido Robert Mulligan, quizá el más brillante director de la Generación de la TV. François Truffaut decía que ojalá hubiera más directores como Robert Mulligan y es que, en sus películas, una sensibilidad milimétrica, un saber hacer pasmoso y un ritmo incombustible hacían que sus filmes fueran más allá.

Películas como Matar a un ruiseñor o, para mí la absolutamente increíble Verano del 42 son absolutas maravillas. Volved a verlas y si no las habéis visto, CORRED A VERLAS. Verano del 42 es quizá una de las mejores películas que puedes ver de chaval y aprender a disfrutar no solo del cine, sino de la vida.

Del mismo modo, y sin querer parecer un obituario, otro recuerdo para el también fallecido hace nada Sam Bottoms, actor de carácter aunque de carrera irregular, que lo borda en La última película de Bogdanovich y que salta a la estratosfera en Apocalypse Now de Coppola.

Charlie no hace surf!

domingo, 21 de diciembre de 2008

Lecciones de la Oscuridad


Mañana nadie irá a la oficina.

Nadie irá al colegio.


Y aunque sé que no teméis a Dios ni a la naturaleza…

¡Temedme a mi!


Yo puedo vestir de luto vuestro cielo

mientras amargo vuestras tierras.


Sumiros así en una soledad sombría,

sin guijarros, ni estrellas.




Y, entonces, como una ráfaga de aire,

entrará el vértigo en vuestra alma.


Os mostraré, sin necesidad de testigo,

el miedo en un puñado de polvo.


Lamentaréis que la sonrisa de un hombre

sea tan esquiva como un milagro.


Suplicaréis entonces, una primavera nueva,

y tres lunas de escarcha para adornarla.


Suplicaréis el anhelo de un

doloroso amor no correspondido.


Y descubriréis que os creíais vivos…

¡Sólo porque no estabais muertos!


Beatriz Navas

Vb


p.d: las imágenes pertenecen a la olvidada película Lecciones de la Oscuridad de Werner Herzog, rodada después de la primera incursión aliada en Irak, en 1992.


viernes, 19 de diciembre de 2008

Pasatiempos

Habíamos empezado a beber pronto. No es buena idea meterte dos botellas de vino entre pecho y espalda nada más empezar el día. Sin embargo, por aquella época, nosotros no pensábamos en nada de eso.

Carlos era mi compinche. No era gran cosa. Era un tipo alto y desgarbado, pero era de temer. Bastaba con que el confundieras un poco y perdía el norte. Tenía un buen gancho de derecha, atizaba una, dos, tres veces seguidas sin necesidad de recuperar fuerzas. En cierta ocasión, le vi hundirle la nariz a un tipo en la jeta.

Yo prefería la violencia contra los objetos. Yo solía quedarme en la peor esquina del bar, hasta arriba de ginebra y cerveza, y comenzaba a gritar y a molestar a los clientes que se atrevían a ir al baño. Yo no soy muy alto, pero impresiona ver a un tipo cargadito de alcohol, haciendo guardia en los retretes rompiendo en el suelo cada vaso que vacía. Estoy seguro de que quienes me han tocado más veces la espalda en mi vida son los camareros. Para echarme de los bares, por supuesto. Como aquella vez, que entré absolutamente borracho en aquél bar de pijaitas a ver a aquella chica que ya no me hablaba y me puse a decirle sandeces. Entre estupidez y estupidez, le mangué el sombrero al cliente que tenía a mi espalda. Y me lo puse, claro. El tío intentó recuperarlo, pero es imposible entablar una conversación – ni siquiera una conversación coherente, simplemente una conversación – con un tío que se ha bebido una botella entera de ginebra y ni siquiera escucha tus palabras. Estaba claro que sólo el camarero podía ayudarle. Fue a buscarlo y el tío vino a por mi. Me lo pidió dos veces y las dos pasé de él. La tercera me enganchó del brazo y me levantó, me arrastró hasta la puerta y allí me soltó, como quien arroja la basura. A la chica no la volví a ver.

Pero, como iba diciendo, allí estaba Carlos con ganas de marcha. El tío iba pidiendo los chupitos de Jack Daniel’s de cuatro en cuatro. Y se tomaba los cuatro. Uno detrás de otro.

Creo que ninguno de los dos sabíamos exactamente porqué deseábamos tanto enfrentarnos a nuestros propios fantasmas aquella noche, pero cuando sientes eso en las tripas no puedes evitar querer acabar con el mundo y contigo, de paso.

Yo seguía en aquella esquina, molestando a los parroquianos y balbuciendo estupideces incoherentes, cuando aquél gordo seboso empezó a gritarle a la camarera:

- ¿Cómo podéis dejar entrar aquí a esa gentuza? – el tío se refería a mi compadre, Carlos – no es más que un sucio negro -.

Para ser exactos, el gordo estaba equivocado. Carlos era sudaca, su piel era más morena que la mía y que la de la mayor parte de tíos del bar, pero eso no lo convertía en negro. Aunque, seguramente, al puto gordo eso le daría igual y consideraría a cualquier persona que no tuviera la piel rosa como una colilla que pudiera pisar.

- ¡Sois una mierda todos vosotros! ¿Cómo podéis dejar entrar aquí a esos cerdos? -.

El tío seguía y a la camarera estaban hinchándosele las pelotas.
- Es incluso peor, que el inútil de su amigo – eso iba por mi – armando bronca como un mono -.

La verdad es que me molestaba más lo de Carlos que lo mío, al fin y al cabo, sobre mi no había mentido.

- ¡Sal del bar! -.

- ¿Qué me vaya? ¡Tú no puedes echarme! -.

La camarera se apoyó en la barra sin miramientos.

- ¡Si no te vas del bar, llamo ahora mismo a la policía! -.

El gordo cogió su botellín de cerveza, se lo echó al coleto y, cuando estuvo vacío lo lanzó hacia la camarera.

Ella no tendría más de 23 años. Era morena, menuda, con carita risueña. Seguramente tuvo una infancia feliz que hace mucho tiempo quedó olvidada. Con todo lo joven que era, había soportado más mierda en la noche que en su corta vida, pero una botella lanzada con la fuerza de un buey de cincuenta palos podía abrirle la cabeza.

Sin embargo, pudo retirarse a tiempo – tan sólo por unos milímetros – y la botella se estrelló contra la pared. Todos miramos los cristales rotos en el suelo, pensando que un cachito de la cabeza de esa pobre chica estaba allí.

No pudo remediarlo. Carlos saltó a la barra y corrió por encima de ella hasta llegar al tipo gordo. Cogió fuerza y saltó en el aire, con una pierna adelantada, como si quisiera dar una patada voladora y le pisó el cuello al puto gordo. El tío cayó redondo al suelo y Carlos lo hizo justo un instante después. Ni Carlos ni yo pensábamos más de 75 kilos, con lo cual, un gordo seboso de 150 es un adversario a temer. Al menos, en el suelo.

El tío se echó como una rata encima de Carlos e intentó atraparlo con su propio peso.

- ¡Te voy a matar, hijo de puta! ¡Te voy a matar, hijo de puta! -.

Repetía eso como si fuera un mantra budista. Carlos se tapó la cara con el brazo, intentado resguardarse de los zarpazos de ese oso.

Yo lo veía todo como a cámara lenta, pero no lo dudé ni un instante. Vacié mi vaso en el gaznate y se lo arrojé al gordo a la calva. El vaso se rompió y el tipo se volvió hacia mi, justo antes de que le atizara la mejor patada que pude darle en mi estado. Me resbalé y fui a parar al suelo.

El tipo vino a por mi e intentó la misma estrategia, absolutamente carente de imaginación. Deslicé mi codo hacia su cara, tapando sus puñetazos y logré tocarle la frente. Empecé a machacarle con el codo. Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete veces. Le di en la sien. Le hundí sus gafas grasientas en la carne. La sangre el caía espesa por la mejilla hasta el cuello.


Carlos llegó hasta él y le cogió por el pelo y el cuello y comenzó a arrastrarlo. Tres tíos más se acercaron y le ayudaron a llevarlo fuera del bar. Desde dentro podía oírse como, entre los cuatro, le daban patadas en las costillas.

Carlos entró el primero, pasaba de hacerse el héroe, como los otros tres que no habían entrado en escena hasta que todo el pescado estaba vendido. Para cuando llegó a la barra, yo ya había pedido cuatro chupitos para él. Se los bebió si siquiera mirarme.

Yo me volví hacia la camarera. Me estaba preparando mi última copa de la noche. Yo sabía que era mi última copa de la noche. Cuando pasas más tiempo borracho en bares más que en cualquier otro sitio, sabes cuándo será la última copa de la noche. Y si no sabes de qué estoy hablando, es que no has pateado suficiente noche. Salir con los colegas los sábados no es conocer la noche.

- ¿Estás bien? – le pregunté a la camarera -.

Ella asintió. Estaba asustada, no sé si por la paliza o por la facilidad con la que nos bebíamos nuestra propia sangre mezclada con el alcohol. A mi me sangraba la boca, pero para eso lo mejor era un buen lingotazo de ginebra y saborear uno de los cubitos de hielo.

- No soporto a los tíos que van por ahí armando bronca -.

Eso fue lo que dije y, claro está, la camarera tampoco dijo nada. Se limitó a seguir limpiando vasos.

Saqué el dinero y pagué. Carlos y yo salimos del bar sin decir nada.

Fuera era ya de día. Bueno, empezaba a serlo. Esa extraña luz naranja del otoño que e mezcla con la niebla. Cuando llegara a casa haría frío, ese frío de las mañanas que no hay manera de quitarse de encima.

- ¿Qué día es hoy? – preguntó Carlos -.

Miré la calle.

- Martes -.

Carlos se encendió un Lucky Strike y tuvo que escupir algo de sangre que le salía de la boca. Los dos íbamos marcados hasta las cejas. La cara reventada a hostias: Cejas hinchadas, labios partidos, nariz sangrante…

- No está mal para un martes -.

Eso era lo más cierto que había oído en toda la noche. Todavía quedaba mucha semana por delante.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Cómo hice un peli de 2 centavos y y me convertí en un símbolo de los 80

T IV. No, no voy a hablar de la terminal de Barajas. Me refiero a Terminator: Salvation o Terminator IV o como quiera que la llame la gente de aquí a su estreno.

No tengo ni idea quién fue la mente privilegiada que eligió a un fantoche como McG para dirigirla, pero pintar, pinta bien. James Cameron se supone que le ha dado como el beneplácito y todo, así que veremos qué es lo que pasa.

Para los que, allá a finales de los 80 vimos Terminator (sí, la 1, la original, la cutre que dicen algunos) en VHS en casa de algún vecino, esta saga no es cualquier cosa. Yo creo que es la película que más veces he visto en mi vida y no me avergüenzo de reconocerlo, la verdad.

Cameron puso todo su saber hacer (mucho aprendido del gran Roger Corman) en esa peliculita que casi no sale y que si no hubiera sido por la cabezonería del amigo Arnie muy posiblemente hubiera terminado en alguna estantería inhóspita. Pero, por suerte, llegó a las pantallas ¡y de qué manera!

Sí. Sé que muchos se retorcerán ahora mismo en sus asientos pensando "¿qué coño dice este tío de Terminator? Si es un bodrio". Los que piensen eso, es porque tienen en la cabeza esa desfachatez que es Terminator 2, nada que ver con la película original. La cual, es una peli de aventuras cronometrada y milimétrica. Un mecanismo de precisión que funciona como un tiro y que en sus apenas 90 minutos te hace estar pegado al asiento. Hasta los efectos especiales, por muy desfasados que puedan parecer, están de puta madre.

Yo recomiendo ver la edición especial que hace unos años conseguí en Londres y ya existe en suelo patrio. Los comentarios de Cameron y los documentales donde explica TODO, son apasionantes. Sobre todo para cualquiera que se dedique a esto. Porque es como leer el libro de Corman: mil y un maneras ejemplificadas sobre cómo hacer tu primera peli de verdad con cuatro perras y un par de huevos. 

Entonces fue cuando Cameron era un as del cine, un maverick y todo lo que queráis. La gente le tiene hoy en día en muy baja estima, pero yo estoy seguro de que cuando estrene Avatar, va a ser la siguiente Revolución. Lo sé desde que vi el 3D de hoy día. Porque Kubrick habría hecho 2001 en 3D si hubiera podido. Y a Cameron le encanta pensar que es Kubrick...

Pero claro, últimamente me he estado preguntando: ¿a quién le interesa todo esto salvo a los locos del cine? ¿Hay un espectador normal que dé un duro por todas estas cosas? ¿Estamos meando fuera de tiesto? ¿Tiene sentido hacer cine? ¿Tiene sentido algo...?

Ved de nuevo la película. De verdad.

El trailer ha sido cortesía de mi brother.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Chinese Democracy

En primer lugar, los negocios. El montaje de Las 5 muertes de Ibrahim Gonsález está prácticamente listo. El montaje de imagen, se entiende. Todavía queda un largo proceso de postproducción. Pero puedo adelantar que es un corto corto que quita el hipo de la hostia a la que va. 

Como las cosas de la crisis son lo que tienen, veremos a ver qué podemos y qué no podemos hacer, pero espero que en febrero espero que esté listo del todo. Aún tengo que pensar si Ne pourrais échapper de tes fantômes, Las 5 muertes de Ibrahim Gonsález y Cogiendo el ritmo, se presentarán a la vez o escalonadamente, lo que sí es seguro que forman una especie de conjunto que (trilogía o no) que habla sobre las relaciones de pareja y las hostias como panes y que emplean como denominador común la técnica del shot-motion, que la que ya he hablado en esta misma página en otras ocasiones. Y que, además, suponen una especie de giro extraño auspiciado por TODAS (incido de nuevo en las mayúsculas) las circunstancias que han hecho que, de un tiempo a esta parte, me interese por una clase de cine que traza una tangente a la línea que venía siguiendo desde hace unos años. 

Es muy posible que el año que viene, ruede otro proyecto (La culpa aprieta más gatillos, del que también he hablado en esta humilde web) que ya volverá a desmarcarse del formato shot-motion, pero que incurrirá en un nuevo experimento en el que vengo trabajando y pensando desde hace un tiempo y que, si todo va bien, podría suponer una renovación de la actividad de mucha gente, incluido yo claro está, ya que sus posibilidades son muy, pero que muy estimulantes.

Como siempre, todo a su debido tiempo.

La paciencia más vale disfrutarla, aunque a veces sea para mal. Porque sino, puede ocurrirte como al bueno de Axl Rose y que tras 15 años de vender humo, vendas caca. Porque vamos, Chinese democracy es una amalgama de buenas intenciones pero mala resoluciones que no llevan a ninguna parte. Y como no hay nada más emocional y subjetivo que la música, es revelador, cuando un disco entero se puede escuchar pasando de él absolutamente. Quiso hacer un disco profundo y le salió un disco alargado. Todo lo contrario que los incombustibles AC/DC, el único grupo en activo del que me dejaría tatuar sus iniciales, yo creo. Black Ice es, sin duda, como dice mi amigo Patxi un disco del que no puedas decir que tiene, de primeras, una canción memorable. Pero, con el paso del tiempo y escuchándolo otra vez, te das cuenta de que es grande porque recupera la esencia de sus años ochenteros (Flick of the switch, Blow up your video...). La producción es distinta y eso dice mucho. Todo suena más garaje. Garaje cool, claro, pero garaje al fin y al cabo. Es el mejor disco que han hecho desde el Razor's edge. No es la estilización del Ballbreaker o el Stiff upper lip (discos que aunque sirvieron para enganchar a legiones de fans, no son lo mejor que han hecho yo creo). Creo que es la primera vez en mucho tiempo que AC/DC suena a Lynyrd Skynyrd (Stormy may day) o que recupera su estilo del Who made who (Anything goes) o que se marca himnos (Rock n roll train, Money made...) y eso demuestra madurez y cojones.

¿Y qué tiene ver todo esto con lo que estaba diciendo? 

Mucho. 

Pensadlo.

martes, 25 de noviembre de 2008

London Crawling (vol. 2)

Cuando aterrizamos en Londres, no sabíamos donde íbamos a dormir. Estaba claro: no teníamos dónde caernos muertos. Mis amigos ingleses estaban fuera y allí estábamos, dos chavales de Zaragoza haciendo frente al duro invierno londinense. ¡Mierda, cojones! Es un increíble como las chicas inglesas se enfrentan a la fría noche. Visten minúsculas minifaldas, muchas de ellas sin siquiera llevar medias. ¡Así se enfrentan al mundo! Las piernas ni siquiera se les ponen rojas. Para un entusiasta de las piernas es sin duda un complejo espectáculo, no sabes si te gusta o te congelas de frío ajeno.

Finalmente, Nico y Cris nos acogen en su casa. Son una pareja de Zaragoza que están en Londres buscando aventuras, famas, fortuna y gloria. Gente maja. De puta madre.

Álvaro y yo dormimos en el suelo como dos lirones. Claro está, que con la cantidad de cerveza trasegada es imposible no dormir. El primer día fue un calentamiento de motores, algo que presagiaba lo que vendría los días siguientes. La pequeña jam session del Troy (aunque suene a antro gay, no lo es), uno de los bares con aspecto clandestino de Old Street. El saxo tenor no hacía más que querer acaparar todo  por eso, sale tan bien en la foto.

Pero nunca hay que olvidar el Objetivo. La Responsbailidad Básica. Yo estaba ahí para hablar con los Saxon y conocer a Motörhead. Y ambos montaron un show como el que ojalá se apreciara en la foto.
Tras el bolo, fiesta privada y luego fuimos al hotel a cerrar cosas sobre su videoclip Batallions of steel. No sé por qué le hice la foto al baño de Biff. Pero me encantó el radiador.
Objetivo cumplido. La mayor parte de la reunión se desarrolla en la puerta del hotel. Un Grand Luxe pijo de Kensington. Thomas lo prefiere así, porque de ese modo puede fumar sin que Biff le machaque. Fijamos un presupuesto, fijamos unas fechas de preproducción y scouting de localizaciones (semana del 10 de diciembre), fijamos una fecha de rodaje (8,9 y 10 de enero). Las cosas empiezan a estar claras. Lo rodaremos en la costa, cerca de Brighton. Allí hay un castillo que está muy bien y algunos exteriores la mar de majos. Los Saxon ensayan allí antes de enganchar con su nueva gira. Luego suben a Escocia, así que es posible que rodemos también cierto material en Glasgow. El disco sale en enero, el videoclip tiene que estar listo a finales de febrero. Thomas me da una copia del disco. Rectifica: "Espera, vamos adentro y repartámosla a los chicos. Estaría feo que tú la tuvieras antes que ellos". Claro, Thomas. Se hace el reparto. Me lo dan antes que a Biff incluso, ja ja ja. lo escucho. Joder, jevi jevi. 

Luego hablamos con su agente. Es el mismo de otros grupos, incluido Coldplay. Viste una americana de piel de vaca y lleva esposado un maletín con algo más misterioso que el contenido del de Pulp Fiction.

Luego, en un pub, me encuentro al Captain McKedrick. Superviviente de la Segunda Guerra Mundial, veterano de guerra que sale cada noche a pasear y a tomarse su pinta de Guinness, absolutamente uniformado. 84 años. Joder. Pilotaba bombarderos.
A la mañana siguiente, desayuno con Thomas y solucionamos todo el papeleo. También el necesario para que Perceval se incluya en el dvd del próximo disco. Aparece John Hopkins, un buen amigo de Thomas. Era el manage de Crowded House y otros grupos australianos. Hoy día distribuye películas. Thomas le cuenta cositas de Perceval. A John le encantan. Quiere ver la película. Quiere la película. Hoy, de vuelta en España, ya está en el correo.

Y yo aquí, en Madrid, montando Las 5 muertes de Ibrahim Gonsález, no puedo concentrarme con el cartelón que me han puesto en plena Gran Vía. Ahí, en frente, bien pa joder...

Por cierto, es muy posible que el videoclip sea en 3D.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Cineastas gitanos

Una vez acabado el rodaje de Las 5 muertes de Ibrahim Gonsález ¿qué toca? Pues qué va a ser, montar. Montar unas 25.000 fotos, de las que, claro está, no todas valen por lo que para cada plano hay que seleccionar no sólo la toma buena sino las fotos buenas de la toma buena y, a veces, la toma buena y las fotos buenas no coinciden... En resumen, una movida que no recomiendo a nadie.

Una vez finalizada la etapa bustamantiana me veo de nuevo vagando por las calles, tal es así, que mis buenos amigos de Regan & Velasco me han acogido en su oficina de la Gran Vía para dejarme montar el cortito, contando con la inestimable ayuda de mi colega y rata, Víctor Berlin. Es lo que tiene ser un cineasta gitano, aunque ya me gustaría a mi ser eso o algo parecido. Otros vendrían con el rollo de "patente de corso". Sí, ya. Cómo si estuviera el horno para bollos. 
Estás son las vistas que ofrece la sala de montaje por la noche, de nuevo dentro, al otro lado de la pantalla, nos encontramos situaciones como ésta:

La semana que viene iré a Londres a cerrar todo el tema del videoclip de los Saxon - que quieren rodar en un castillo de Escocia, hostias y espadazos incuidos - de paso conoceré a los Motörhead y rodaré una parte de Cogiendo el ritmo en Picadilly Circus y el Soho. Este corto, el tercero de la trilogía hecha con la técnica del shot-motion, se terminará de rodar en Madrid antes de Navidad. El primero, Ne pourrais échapper de tes fantômes, está actualmente en las sabias manos de Sergio, con lo cual estará mezclado dentro de poco y lo subiré a esta humilde página. De momento, también firmaré los papeles con la discográfica de los Saxon en Londres, ya que Perceval está confirmado dentro del disco disco-dvd de los Saxon. Y con eso, un poco de tristeza invernal y esta foto os dejo y vuelvo al montaje.

A veces, a los cineastas gitanos se les pasa por la cabeza cosas así. Otras forman parte tan solo de la ficción. Y entre medio, ¿Orson Welles - el más grande cineasta gitano - qué diría de todo esto?

lunes, 10 de noviembre de 2008

3ality

Dejad los que estáis haciendo. Sí, sí. No es coña. Abandonad todo. El futuro está aquí. Corred al cine más cercano. Eso sí, tiene que ser un cine en 3D, pero TENÉIS QUE IR A VER U2-3D. ¡Por lo que más queráis id a verla!

No hace falta ser un seguidor de los irlandeses. Para mí, nunca han sido un grupo por el que haya sentido especial predilección. Sin embargo, en cuanto empieza la película y ves al batería a lo suyo, te quedas de piedra porque... ves perfectamente el relieve de cada plato y cada bombo. Las baquetas se mueven endemoniadas en sus manos... Y claro, sale Bono con eso del "1, 2, 3... 14" y todo se desmadra. Porque no es que parezca que Bono viene hacia ti, es que te parece estar en el escenairo junto a él. Hay tal grado de detalle y de calidad que cuando está pegadito a la cámara y la mira de reojo, te entra hasta un no sé qué por dentro.

En otros momentos, te parece estar entre el público y los planos de la gente son tan tremendamente claros que te parece estar ahí mismo viéndoles el careto.

James Cameron tenía razón. El futuro pasa por esto.

Y a mi se me está ocurriendo algo... que si consigo la pasta para montar el tinglao, ya os contaré qué tal.
Id a verla, en serio.

lunes, 27 de octubre de 2008

A VUELTAS CON LA CRISIS


Como es de suponer, nuestro blog, Una Calva en la Recámara (¡!), no puede permanecer ajeno a la actualidad del pochomundo que nos rodea. Así, a largo de una baldía tarde de domingo, mientras incubaba en la caverna de mi garganta todo tipo de estafilococos bicéfalos, me puse por casualidad una peli del bueno de John Carpenter (¡ese melenas!). La película en cuestión es ¡Están vivos! (They live!, 1988). Seguro que a muchos os suena. Por ello es un estupendo ejemplo para abordar una vez más los numerosos beneficios para la salud que nos brinda la buena serie B.

Corre el año 1988 y los Estados Unidos sufren una profunda crisis de reconversión industrial (crisis que a la postre se extendió por el resto del globo): cierre de la alta industria y siderúrgica, cierre de las cadenas de producción de automóviles… Un panorama si bien conocido no por ello menos demoledor, que remite a crisis anteriores; igual sucede con Las Uvas de la Ira, de Steinbeck sobre las consecuencias de la Gran Depresión de 1929, que magníficamente adaptó el jefe Ford, con la ayuda siempre impagable de la mirada claroscura de Gregg Toland.

En éste panorama, no apocalíptico, pero ciertamente demoledor, aparece nuestro héroe: John Nada (homenaje al Juan Nadie que Capra esculpió en 1941). Nada, interpretado por el inexpresivo e hipermusculado wrestler Roddy Piper, camina por la carretera desde Denver, Colorado, donde según él mismo afirma “han cerrado 14 bancos”. Cual quimérico buscador de oro, tras la debacle de los estados interiores, John Nada busca fortuna en la próspera costa oeste.

Unos extraños cortes en la programación habitual del Canal 54, perturban a los espectadores de los suburbios de la ciudad: un heterogéneo grupo humano compuesto por miembros de la depauperada clase media norteamericana. En estos cortes en la programación habitual, un científico encuadrado a modo de busto parlante, advierte a sus conciudadanos de un complot para manipular y dominar a la clase media de todo el planeta (reducida en éste caso, y siempre, a la esfera norteamericana). El supuesto científico denuncia así una alianza entre las deshumanizadas elites humanas y una raza extraterrestre, a medio camino entre el anoréxico malvado de Masters del Universo y los invasores enanos de Mars Attakcs.

John Nada, de modo irremediable a causa de su protagónico temperamento, se ve pronto envuelto en la estrambótica intriga. Descubre que una organización secreta (religiosa y científica a partes iguales; terrorista, según las autoridades) fabrica gafas de sol en la trastienda de una Iglesia Episcopal. Como podéis imaginar éstas gafas de sol tienen una particularidad: en realidad, son un sofisticado dispositivo de visión que, cual objeto ominoso, permite, al que las posee la visión real del mundo que nos rodea. Así, cuando observamos el mundo a través de los ojos y las gafas de John Nada, vemos un mundo en blanco y negro donde los coloridos carteles publicitarios y las sugerentes portadas de revista, son sustituidos por mensajes grises y totalitarios del tipo:

OBEDECE
SOMÉTETE
CONSUME
CASAOS Y REPRODUCIOS

John Nada, tan lúcido como paranoico, inicia entonces un deambular por la ciudad, hasta que descubre el origen de la señal que enmascara los mensajes esclavistas y los convierte en agradables y necesarios reclamos publicitarios.

A lo largo de la película, John Carpenter, uno de los pocos maestro de maestros de la serie B, mantiene vivo el espíritu inconformista de la misma; un cierto espíritu de contracultura sesentera que la serie B, ya preexistente desde hacía décadas, absorbió de la mano del pope del género Roger Corman. Si bien el contundente mensaje de la película se termina diluyendo en una disparatada cinta de acción de bajo presupuesto con sometimiento extraterrestre de por medio, creo que al final de la proyección su mensaje logra trascender la misma.

Con esto no afirmo que ¡Están vivos! sea un preludio de Roger and Me (1989), el primer egodocumental largo del por entonces parado Michael Moore. Ni lo es, ni necesita serlo. La desolación independiente de Flint, Michigan, no es la desolación siliconada de Los Ángeles, California.

Sin embargo, Carpenter instrumentaliza como pocos los recursos de la ficción y su propio estatus dentro de la industria de Hollywood para enmascarar el propio mensaje de su película: un mensaje de corte político-revolucionario, que bien podría haber sido eliminado del inconsciente colectivo, como sucede con tantos otros (algún día llegará el momento de hablar de Peter Watkins). Sin embargo, su perfecto envoltorio de intrascendencia, la poca seriedad con la que se toma el film a sí mismo, es el enmascaramiento perfecto para una película que como Network: Un mundo implacable (Sydney Lumet, 1976), no tiene reticencias en llamar a las cosas por su nombre.

Así, la película, más allá del plomo y la pólvora que desgrana en su primera lectura, es un sutil juego de espejos en la mejor línea del cine metalingüístico: reflejos de espejismos en la pared y las gafas de sol convertidas en un estupendo dispositivo de visión cinematográfico. Espejismos en los que John Carpenter, lejos del intelectualismo europeo, confecciona una metáfora sutil sobre la naturaleza humana y los usos y ventajas de una serie B que, con tanta posmodernidad al acecho, estaba a punto de caducar.

Desde esta perspectiva ¡Están vivos! es una exquisita ventana indiscreta por la que asomarnos, perplejos una vez más, al mundo del ayer y a las crisis del mañana.


Vb


p.d.: Éste post está especialmente dedicado a Pablo Aragüés por dos razones. La primera, es que siento que hace décadas que no escribo (ni para el blog, ni para ningún sitio). La segunda, es que, sin duda ¡Están vivos! es una de sus películas preferidas dentro de la enloquecedora amalgama de influencias del cine norteamericano de los ochenta que Pablo atesora.

martes, 21 de octubre de 2008

Sombras en la pared

En un momento de Moteros tranquilos, Toros salvajes, Peter Biskind dice refiriédose a Peter Bogdanovich: “Era un ratón de filmoteca. Se  había pasado la vida viendo sombras proyectadas en una pared”. De un tiempo a esta parte llevo reflexionando acerca de lo que supone  ver  películas, lo que supone hacer películas y lo que supone vivir. 


El libro  de Biskind es un buen compendio, como un diccionario al que puedes acudir de vez en cuando, para consultar y releer. Biskind habla de Bogdanovich como un tipo que jamás  había salido de Nueva York, que no conocía nada del mundo real, que no había echado un polvo, que jamás se había interesado por nada que no fuera el cine, en definitiva. De esta guisa,  un tipo como Bogdanovich se había pasado la ida “viendo sombras”, o lo que  es lo mismo, viendo películas. 


Por  más que quiero, no puedo pensar en  otra cosa  que en el mito platónico de la caverna. Allí, los tipos estaban condenados a ver las sombras de la gente  y a  creer que eso era la realidad. Entonces ¿ver  sombras o siluetas de actores recortadas en una pantalla blanca puede ser otra forma del mito de Platón? 


Cuando Bogdanovich se enfrentó a su primera película de estudio, titulada irónicamente La última película (The last picture show,  1971), lo hacía con el convencimiento de que “estaba haciendo mi película John Ford”, como él mismo decía. Se enorgullecía de que las críticas de los diarios más prestgiosos compararan su filme con Ciudadano Kane y se  volvía loco años después,  rememorando su  filmografía diciendo que, igual  que ´ésta era su película Ford, tenía también su película Haws,  su filme Welles... 


Bogdanovich vivía dentro de su propia película. La película de hacer películas. 


Sn embargo, su mujer de aquél entonces, Polly Platt, a  pesar de  sentir el mismo amor por el cine que él, no veía las cosas del mismo modo. Ella había crecido en  Europa  y también había vivido en el interior del Estados Unidos más mirserable. Había viajado, había conocido mucha gente, había comido, dormido, follado, pensado en muchos idiomas y de diferentes maneras. En resumen, había vivido. Había vivido, y eso era  precisamente lo que Peter  Bogdanovich no había hecho. ¿O sí? Bueno, él había vivido a través de las  películas. Había vivido en su caverna (el cine) viendo las  sombras de la pared  (John Wayne y Monty Clift conduciendo el ganado en la pantalla). 


Platt conocía cada  detalle de la novela de McMurtry y sabía cómo ponerlo en la pantalla. Había pasado por todo eso de follar con incomodidades en un coche, hacer que el tío se calentara las manos para tocar los pechos, ver cómo en las pequeñas comunidades todos sabían todo de todos y se jodían - a veces  literalemente - los unos a los otros...  ella sabía lo que era eso, Peter no. 


Muchos dicen que ella dirigió tanto la película como él, y muchos también dicen que Bogdanovich no volvió a hacer películas  tan buenas cuando se divorció de Platt. Y no es que algunas no estuvieran bien, es que no estaban tan bien. ¿Por qué? Porque eran películas de sombras en la pared, películas sobre películas. Si La última película es tan buena, es por toda la miseria real que contiene y fue Platt quien logró inyectarla. No digo  que ella dirigiera la película. Bogdanovich sabía perfectamente dónde poner la cámara y cómo montar cada plano. Exacto, él de lo que sabía era de cine. Sin embargo era Platt  quien  sabía cómo la chica debía colgar el sujetador  en el rerovisor. Y sería ella quien le diría a Peter cómo debía decirle  a la  actriz cómo colgarlo.


Bogdanocich dejó a Platt  por Cybill Shepherd, de igual modo, por vivir la película de liarse con una modelo de portada. Eso es lo que le dijo a su  mujer para dejarla, que era una fantasía que no podía rechazar. 


“Deja de hacer las películas de otros, haz las tuyas, coño” Lamata siempre me decía eso. “Déjate de homenajes, joder”, Vigalondo siempre que repetía lo mismo. Sin la autocrítica no seríamos  nada y, por eso, he de reconocer que la mayor parte de mi vida, he vivido a través de las sombras de la pared y que he aprendido a hacer cine rehaciendo el que veía. No es ninguna tontería, es como un pintor que aprender copiando los cuadros de otros pintores. En vez  coger cuatro naranjas y dos peras, coge un cuadro que  ya existe y copia la copia de la realidad.


Uno de los cineastas a los que más he  copiado ha sido a Peckinpah. Sin embargo, siempre había intentado hacer las cámaras lentas, los cortes de montaje... todas esas argucias  técnicas que veía en sus películas. Con el tiempo y las hostias de la vida, volviendo a ver películas como La huída, ya no veo persecuciones y montajes paralelos, sino fantasmas. Los fantasmas  que acosan a McQueen, sabiendo que su mujer se ha acostado con su mayor enemigo, para sacarle de la cárcel y, sabiedo pefectamente, que volvería hacerlo para sacarle de nuevo. Cuando  Mc Queen para el coche y la abofetea, no sentía nada especialmente, salvo un acto de violencia. Hoy veo los fantasmas de McQueen, los celos, la  impotencia, todo lo que no puede decir y por eso la maltrata, a pesar de que sabe que  lo ha  hecho porque  le quiere. Lo mismo pasa con Perros de paja. Puedes ver las hostias y la violación y todo eso. Pero yo hoy veo a Hoffman sentado en una roca, con la escopeta en la  mano, sabiendo que su mujer le ha  empujado a ir a esa cacería para que los otros vayan a por ella y la violen. Hoffman sabe que debería ir a rescatarla, que ella lo querría, pero también sabe que si entrara por la puerta, sería ella quien le diría que no es  más  que un pedazo de mierda, que se largara. Y ella seguiría allí, con todos esos palurdos ingleses entre las piernas. 


No  me arrepiento de haber visto sólo sombras  durante tanto tiempo. Creo que, precisamente por eso, hoy soy capaz de ver los fantasmas, las miserias humanas. Porque, en esencia, el cine que  más me ha gustado siempre no habla otra cosa que de las miserias de cada  uno. Y por eso Kubrick me ha gustado tanto siempre, quizá. O si no, ¿quién podría hacer una película de terror y basarla en la miseria de una familia,  una hsitórica de aventuras y retratar las canalladas y miserias de la época, viajar al espacio y más allá y sólo concebir la estupidez y la propia inutilidad? 


Cada día me gusta menos el cine vacío. Por ello no quiero decir que no me lo pase bien y no por ello me encantan los pedantes, de repente. Pero sí que es verdad que si en una película cualquier de hoy en día, Quemar después de leer, por ejemplo, me gusta ver las miserias y la sensación de real de  unos  personajes que viven aventuras extraordinarias. Hace poco volví a ver Regreso al futuro 2 y me di cuenta de que quizá sea  la película más autoreferencial y más intracinematográfica que exista. No habla de nada real salvo dentro del universo ciematográfico. Y quizá, aunque hoy día me sienta más distanciado con ella, no deja de gustarme, pero tampoco sería la película que, hoy día, me encantaría volver a ver o, incluso hacer.


Uno de los más afectados por las sombras en la pared es Tarantino. Es posible que no podamos decir que ha hecho una película mala. Salvo Kill Bill 2 (un coñazo) y Death Proof (más  irregular que  la hostia) todas sus películas son absolutamente maravillosas. Pero ¿de qué carajo  hablan? De otras películas. Y eso es una fórmula que se agota. Quizá sea eso lo que le está ocurriendo ahora y por eso sus películas se desinflan. Quizá las  siguientes que haga sean películas que miran a la realidad y no a la proyección de las sombras.


Aunque para eso hay que recibir golpes, eh. Auténticas hostias como panes.


Y encajarlas, claro.

jueves, 9 de octubre de 2008

Apoteosis en Mesopotamia

Ha sido un fin de semana movidito pero repleto de cosas buenas. El domingo estuve realizando el concierto de Saxon, que descargaron todo su heavy clásico en Zaragoza. La verdad es que se lucieron mucho más que, incluso los cabeza de cartel, Twisted Sister. Esa noche, cerré con Thomas (mánager) y Biff (vocalista y Rey Arturo de Perceval) varios temas. A finales de año, sale el nuevo disco del grupo y en él, se incluirá un DVD con el propio corto Perceval en su metraje íntegro. A principios de diciembre, en tierras inglesas (más concretamente en un castillo de las highlands) rodaremos su próximo videoclip. El tema es más bien melódico y se titula Batallions of... no se qué, pero está muy bien. Todas las Ratas estarán invitadas en cuanto se confirmen las fechas de rodaje. Montaremos además un cirio de luchas en el propio castillo con especialistas... Toda la información será dada a su debido tiempo, tranquilos.

Por otra parte, al día siguiente, realicé el concierto de Violadores del Verso, una experiencia realmente cojonuda. A su vez, prepararemos para finales de noviembre (a su vuelta de Latinoamérica) un vídeo del directo - realizado a seis cámaras - de los cuatro temas que hicieron con Soziedad Alkohólika (Política del miedo, Zombis, Máximo Exponente y Vicios y Virtudes). Ni qué decir tiene que para mí, todo esto es un orgullo y un auténtico placer que me llena de ilusión. Hace un año les escribí esta carta de amor, tras verles en directo en Independencia. Hoy, espero dedicarles otros versos de amor con el vídeo. Me dejaré los huevos en hacer algo guapo. 

Por último, el videoclip de los Frutas y Verduras ya está listo. Creo que el estreno será el 7 de noviembre. Pero de eso, ya hablaremos más adelante...

miércoles, 1 de octubre de 2008

Frutas- Fotos

Bueno, pues aquí están unos pequeños souvenirs del rodaje del videoclip Nuestro momento, para los ojos curiosos, cortesía de mi brother, Álvaro.

David Acereto, cámara en mano, rezando para que yo no lo estampe contra el suelo. Ainhoa, siguiéndonos los pasos, ¿o nosotros los de ella?

Aitana y Fran calculado milimétricamente...

... lo que va a pasar un instante después.

Seguramente lo que les estuviera contando a Ángeles y Fran sería menos interesante de lo que parece en la foto.

Happy end en pleno corazón de la Magdalena. ¡Qué gusto da estar en el barrio de nuevo!

Fotico de familia. Seguro que no son todos los que están, pero... bueno ya sabéis.

Para los que se animen, este viernes a las 22h.,  tocan los Frutas en el antiguo Café del mar. Pasaos!

P.D.: Y el domingo Saxon en Interpeñas. Servidor estará realizando el vídeo del directo. Y al día siguiente, Violadores del Verso. Cita ineludible.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Nuestro momento

Este fin de semana rodaremos en Zaragoza el primer videoclip del tema Nuestro momento de álbum Param All Stars del grupo Frutas y Verduras. Entre su barrio (la Jota) y el centro de la ciudad se desarrollará este clip ficcionado, en el que una pareja que ha pasado la noche juntos, no pueden dejar de pensar el uno en el otro al separarse. 

Con los Frutas yo he pasado grandes momentos - nocturnos y de bares, sobre todo - y  la verdad es que se han ganado un lugar en mi corazoncito. Este fin de semana tendemos la suerte de contar, entre otros con David Acereto en la foto, Alberto Martínez en la producción y elenco artístico a la altura. En unos días, las  fotos del rodaje...

De momento, os invito a todos el sábado por la tarde (a partir de las 15h.  hasta las 18h.) a la Plaza San Agustín para animar al grupo, que estará tocando para  el clímax del vídeo. Si nadie me dice lo contrario, creo que repartirán camisetas, para una escena con aires del final de La naranja mecánica

Allí nos vemos!

P.D.: Y para la presentación del vídeo tendremos que hacer un fiestón, digo yo.

martes, 16 de septiembre de 2008

La travesía por el desierto...

Por fin se terminó la Expo. Para los que juramos NO PISARLA es toda una alegría. Aunque, como suele ocurrir con estas cosas, puede que no sea más que el principio de una como la del título de este post.

Para Fluvi y sus dragados de río ahí va mi felicitación navideña (anticipada, claro):



Pues eso.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Unas fotos en la ciudad de Ibrahim

Creo que en la primera fase del rodaje hicimos unas 3500 fotos. Eso fueron sólo dos escenitas. Quizá la más relevantes dentro de la historia, pero dos escenitas al fin y al cabo. De cualquier manera, el rodaje dio para mucho, así que he pensado que no está mal ver el escaparate y la trastienda de este paseíto por el campo que está siendo Las 5 muertes de Ibrahim Gonsález.


Nic Stratton (aka Ibrakim Gonsález) en el momento en que descubre que su novia es de ¡¡¡otro planeta!!!


Ángeles Maeso (aka Gloria) aplicándole un poco de disciplina marciana al pobre Nic/Ibrahim.


Un par de ratas posando convenientemente para que el fotógrafo defina la escena.


Mantener el raccord de cigarillos es un duro trabajo.


Mantener el raccord de gin tonics, también.


"No hay nada como ver juntos a dos hermanos que hace tiempo que no se ven" Francis Ford Coppola dixit.

Adriano tratando de cazar moscas.


Nic, por las noches, esta muy preocupado por sus ojos, por eso los cubre con los últimos avances de la ciencia.


Nic y Ángeles disimulando porque uno de los dos, inconvenientemente, liberó una ventosidad aparatosa...


De momento, eso. Ahora nos toca reemprender la marcha y cerrar bien todo lo de Londres. De momento, este sábado espero tener el privilegio de viajar a Alicante y, con Adriano de la mano, estrechar ni más ni menos que la del amigo Coppola, ambos se encuentran allí rodando Tetro. Veremos si es posible tal hazaña.

viernes, 29 de agosto de 2008

Shot motion o cómo volverte loco en agosto en Madrid

En el proceso cinematográfico lo normal y protocolario es rodar absolutamente toda  la imagen y, una vez montada y con todo clarito, doblar el sonido. Eso es  hacer películas, ¿no? 

Quizá, precisamente por esa facultad de ser imágenes en movimiento, deba ser así. Sin embargo, cuando te enfrentas a un rodaje de fotografías fijas y, sobre todo, a montar una barbaridad de las mismas, te das cuenta de que no puedes seguir el devenir usual del proceso cinematográfico. Necesitas el sonido lo primero de todo. 

Por eso hace unos días, Sergio, Pablo, Jorge y yo estuvimos doblando a Nic Stratton y Ángeles Maeso para el corto Las 5 muertes de Ibrahim Gonsález, antes de haber rodado un sólo fotograma. ¡Perdón! De haber hecho ni una sola foto. 

Del mismo modo, un rodaje suele agrupar todo lo posible los días de trabajo, con el fin de que el coste sea el menor posible en el plazo más corto.  Pero, como esto no es un corto convencional, rodamos un día dos escenas cruciales de diálogo - quizá  la parte más complicada de editar entre fotos y sonido - y no volvemos a rodar hasta la primera semana de octubre. ¿Por qué? Pues porque hace falta tiempo para editar esas dos escenitas, ver cómo funcionan, buscarles el ritmo DE CADA FOTO, averiguar si hay que repetir el doblaje de alguna o todas las partes, encontrar la forma de que el resto de sonidos se integren y, claro, que cuando vayas  a Londres a etalonar no tengas sorpresas desagradables, porque como ya he dicho, no es una peliculilla normal y corriente.

De momento dejo aquí una foto de aperitivo. En octubre, tras la reflexión con las escenas editadas y con el ánimo por las nubes para corregir los fallos y hallar el camino correcto para el resto, terminaremos el rodaje. Esperemos que podamos conservar las fechas de mediados de noviembre para la postpro en Londres y... aprovecharemos allí para otro pequeño experimento. Se llamará Cogiendo el ritmo y tomaremos por asalto Picadilly Circus y las londinenses calles del Soho para el rodaje.

Esperemos que a principios del invierno tengamos la copia de 35 de Ibrahim y la veamos en Kinépolis. 

Mientras tanto, experimentos más modestos como Ne pourrais échapper à tes fantômes están en proceso de verse en su modo completo (hace no mucho se vio su embrión en esta misma página) en un día no muy lejano.

De momento, intento no hacerme muchas pajas mentales con esto del "Shot motion" (o lo que es lo mismo: volverse loco intentando hacer una peliculilla en fotos).

miércoles, 30 de julio de 2008

Cine vivido, vida filmada

Uno de los mayores errores que cometes cuando empiezas a hacer cine - permítanme decirlo así, me lleno de tristeza de si "hacer cortos" - es que te empeñas en hacer cine de temas grandilocuentes. Tu peliculilla puede ser más o menos personal, más  o menos minimalista y más o menos cargante, pero suele tirar hacia el rollo esta-es-mi-opinión-sobre-esta-tema-tan-serio-y-tan-importante-y-tengo-toda-la-razón.  

Te ves a tí mismo - con el devenir de los años- haciendo películas de grandes  pasiones, de grandes dramas, de muerte, guerra, destrucción, actos fatales y fechorías imperdonables, cuando - rebuscando bien en tu existencia - tan apenas  conoces todo ello. Por eso, mimetizas el cine en tu cine, por eso filtras todo eso aprendido a través de otras películas, porque es la única forma de conocimiento y aproximación hacia - permítanme llamarlo así - la tragedia. 

Todo ello, porque aún eres muy joven y muy estúpido como para darte cuenta de tus errores.

Sin embargo, con el paso de los años, te das cuenta que tiene mucho más valor el cine - una historia, en deifinitiva - contada desde la experiencia que desde el conocimiento mimético. Eso no quiere decir que no puedas extrapolar esos sentimientos y situaciones que has vivido a otros equiparables o similares y, por supuesto, ficcionalizarlos para  hacerlos interesantes.

Ayer, viendo The Wall, me di cuenta cómo Roger Waters nos la metía doblada a todos. Porque, a menudo se habla de la  película de Alan Parker como un alegato contra el fascismo,  la guerra y todo ese rollo. Y es verdad, todo eso está ahí y bien clarito. Y ese es precisamente el problema.

The Wall habla de todo eso, pero sobre todo habla de las putadas que le pasaron a Roger Waters a lo largo de su vida. Perder al padre en la Segunda Guerra Mundial, sentirse huérfano, una educación represiva, tener una madre posesiva, una esposa que no le comprende y a la que él no entiende, follarse a todas las groupies, los excesos con las drogas y ser un títere de los mercachifles del rock.

Cuando sale como líder fascista en el clímax de la película, no sólo está hablando de fascismo - de hecho, eso es casi lo de menos - de lo que está hablando ahí es de la industria del rock, de los fans del rock (la música de masas en general) y de toda la mierda de consumo cultural que se nos  ofrece y devoramos.

Peter Waters nos muestra sus fantasmas, la secuencia más famosa - la de la escuela - no es más que la muestra de lo que los niños  de aquella época, como él, tuvieron que tragarse y crecer con ello. The Wall es una película-ego en toda regla que, además, se extrapola a cuestiones sociales y políticas, que  a su vez están directamente relacionadas con todo ello, pero ante todo es una inmersión en los infiernos y los fantasmas del líder de Pink Floyd.

Y nadie habla nunca de los monstruos, que eso sí que da miedo...

P.D.: Ahora, que yo me pregunto, si realmente sabes lo que estás filmando cuando lo has vivido antes, cómo Kubrick logró hacer lo que hizo. Quizá se encerró en casa por eso mismo, para acceder a todo ese conocimiento de alguna otra ¿forma?...

miércoles, 16 de julio de 2008

Sajones lejanos

Este pasado  viernes, a pesar de la suspensión del Monsters of Rock por la lluvia, estuve con Biff Byford, cantante de Saxon, que a su vez, interpretó al Rey Arturo en Perceval. Entre otras cosas, hablamos del nuevo single que  sacarán el próximo enero, del cual  me encargaron el videoclip. "Fuck, you have to make it!", literalmente eso es lo que dijo.

En septiembre nos veremos en Londres y concretaremos detalles del rodaje y la postproducción. Para mí es una auténtica alegría encargarme de todo esto. 

Todas las ratas estarán invitadas...

Never Surrender!

lunes, 30 de junio de 2008

Los Cronocines

Es una verdadera alegría ver estos días carteles de Los Cronocrímenes en los cines de Madrid. No he vivido este proyecto tan de cerca como muchos de mis amigos o compañeros de piso, pero recuerdo esa tarde con Nacho, saliendo de su casa de Malasaña a ojear DVD's mientras me decía que había terminado la primera versión de Los Cronocrímenes, un guión que quería dirigir. 

Yo intuía que la astucia de Nacho inyectaría en ese título una dosis de acción, mala leche y hostias como panes como antes no se había visto en el cine patrio. Y, el viernes cuando la vi, lo primero que pensé fue: Joder, de puta madre, no parece española. Al que le parezca que esto no es un halago, que venga y me bese el culo. Los yanquis ya la han comprado para hacer un remake y, Amenábar aparte, a ver cuántos españolitos pueden decir lo mismo. 

Mi plano favorito es precisamente el primero de todos. Leí un guión primigenio hace tres mil años, por lo que tan apenas me acordaba de muchos detalles. Mucho menos, tenía en la memoria que el arranque fuera en el parking de un centro comercial. Cuando apareció esa imagen, pensé: ¿He venido a ver Jackie Brown?. En serio, me cautivó, creí estar  en otra película, en una yanqui con pasta, medios y la hostia. Todo el viaje que te adentra hacia el bosque mantiene el tono e, incluso cuando Karra Elejalde habla, no parece de aquí. Porqué insisto tanto en esto. Porque parece que, somos tan autocríticos que  no logramos distanciarnos con las películas de nuestra propia realidad patria, cuando tratan de un género específico yanqui. Los thrillers españoles no nos los creemos a menos que vayan medio en cachondeo. Somos así de cachondos. 

Los Cronocrímenes tiene la gran virtud de poder estar  rodada en cualquier  país, en cualquier idioma y con cuales quiera medios que tuviera. Es no sólo una  sorpresa, porque la mente preclara de Nacho nos ha brindado desde  el principio de su existencia de cineasta grandes sorpresas. Es, además de eso, un soplo de aire fresco en nuestro cine. 

El giro final funciona a todos los niveles y Bábara Goenaga deja  claro que es  una actriz de los pies a la  cabeza. A veces, su interpretación puede pasar desapercibida, pero es precisamente por esa naturalidad y ligereza que inyecta en sus gestos, en sus miradas y en sus palabras  por lo que se torna en un actriz como la copa de un pino. 

El viernes, día del estreno la vi. Un día antes, durante la semifinal de la Eurocopa, yo había huido del fútbol y había visto ese  peliculón de Sidney Lumet que es Antes que  el diablo sepa que has muerto. El domingo, en plena final, y tras darle un buen empujón al guión de La culpa aprieta más gatillos, la volví a ver. Sí, vi Los Cronocrímenes en vez de ver el puto fútbol. Y ¿sabéis qué? Que  estuvo de puta madre.