martes, 30 de diciembre de 2008

Nuestro HDmento

Por cortesía de Amarcord Audiovisual, productora del videoclip Nuestro momento del grupo Frutas y Verduras junto a Action Runners, os ofrecemos la versión online en HD. Se ve de cojones...

Para los que no estéis al día, este videoclip fue un placer. El rodaje fue sobre ruedas y contamos con un equipazo de lujo. David Acereto a la fotografía, Alberto Martínez a la producción y en el reparto Ángeles Maeso, Françesc Tamarite, Aitana Novau y Eus Barrera, entre otros. Pero sobre todo fue una alegría estar con la banda, nos lo pasamos de miedo. Desde esta humilde página les mandamos un abrazo bien grande, son todos cojonudos. De no haber sido por mi amigo Patxi y por Kase.o, no los habría conocido y no hubiéramos hecho este videoclip. A ellos un fuerte abrazo, también.

Si lo véis aquí, tal cual lo veréis sin HD, si presiónáis sobre "HD is off" os llevará a Vimeo y allí lo podéis ver en HD.


Nuestro momento from AMARCORD AUDIOVISUAL on Vimeo.

viernes, 26 de diciembre de 2008

¡Teruel Mola!

Hacía años que no iba a Teruel. El fin de semana pasado estuve con el mejor maestro de ceremonias que puedes tener en su propia ciudad: Sancho, Sanchón. El testimonio, aquí. No os lo perdáis y así visitáis el otro blog, que está solico el pobre...

jueves, 25 de diciembre de 2008

Rat your Xmas!!! (vol. 2)

Como lo nuestro es compartir (los peores momentos, claro), ahí va una serie de felicitaciones multitudinarias para el club más selecto: Las Ratas.

El Panchi (Rata Suprema), Víctor (Super Ratón), yo (Ratón de campo).

Edgar (Rata de Alcantarilla).

Álvaro (Rata Miserable).

Sergio (Rata Urbana).

Alberto (Rata de cloaca).

Luque (Rata Peleona) y yo de nuevo.

Eus (Rata Malvada).

La Rata Malvada, de nuevo.

Sancho (nueva adquisición, Rata Crooner) y mi brother (Rata Pervertida).

Y El Panchi de nuevo, en un clásico.
Feliz Navidad a todos y poned una Rata en vuestro modo de vida!!!

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Rat your Xmas!!!

Sobran las palabras de nuevo. Igual que el año pasado, felicitamos la Navidad desde este oscuro pero honesto rincón de la única manera que sabemos. Con muy poca dignidad, claro.


A pasarlo bien!

Más allá

Unos días retirado de las comunicaciones no me han permitido escribirlo antes. Pero, desde esta humilde página, hoy, a pesar de la Nochebuena y esas cosas, toca antes de nada recordar al recientemente fallecido Robert Mulligan, quizá el más brillante director de la Generación de la TV. François Truffaut decía que ojalá hubiera más directores como Robert Mulligan y es que, en sus películas, una sensibilidad milimétrica, un saber hacer pasmoso y un ritmo incombustible hacían que sus filmes fueran más allá.

Películas como Matar a un ruiseñor o, para mí la absolutamente increíble Verano del 42 son absolutas maravillas. Volved a verlas y si no las habéis visto, CORRED A VERLAS. Verano del 42 es quizá una de las mejores películas que puedes ver de chaval y aprender a disfrutar no solo del cine, sino de la vida.

Del mismo modo, y sin querer parecer un obituario, otro recuerdo para el también fallecido hace nada Sam Bottoms, actor de carácter aunque de carrera irregular, que lo borda en La última película de Bogdanovich y que salta a la estratosfera en Apocalypse Now de Coppola.

Charlie no hace surf!

domingo, 21 de diciembre de 2008

Lecciones de la Oscuridad


Mañana nadie irá a la oficina.

Nadie irá al colegio.


Y aunque sé que no teméis a Dios ni a la naturaleza…

¡Temedme a mi!


Yo puedo vestir de luto vuestro cielo

mientras amargo vuestras tierras.


Sumiros así en una soledad sombría,

sin guijarros, ni estrellas.




Y, entonces, como una ráfaga de aire,

entrará el vértigo en vuestra alma.


Os mostraré, sin necesidad de testigo,

el miedo en un puñado de polvo.


Lamentaréis que la sonrisa de un hombre

sea tan esquiva como un milagro.


Suplicaréis entonces, una primavera nueva,

y tres lunas de escarcha para adornarla.


Suplicaréis el anhelo de un

doloroso amor no correspondido.


Y descubriréis que os creíais vivos…

¡Sólo porque no estabais muertos!


Beatriz Navas

Vb


p.d: las imágenes pertenecen a la olvidada película Lecciones de la Oscuridad de Werner Herzog, rodada después de la primera incursión aliada en Irak, en 1992.


viernes, 19 de diciembre de 2008

Pasatiempos

Habíamos empezado a beber pronto. No es buena idea meterte dos botellas de vino entre pecho y espalda nada más empezar el día. Sin embargo, por aquella época, nosotros no pensábamos en nada de eso.

Carlos era mi compinche. No era gran cosa. Era un tipo alto y desgarbado, pero era de temer. Bastaba con que el confundieras un poco y perdía el norte. Tenía un buen gancho de derecha, atizaba una, dos, tres veces seguidas sin necesidad de recuperar fuerzas. En cierta ocasión, le vi hundirle la nariz a un tipo en la jeta.

Yo prefería la violencia contra los objetos. Yo solía quedarme en la peor esquina del bar, hasta arriba de ginebra y cerveza, y comenzaba a gritar y a molestar a los clientes que se atrevían a ir al baño. Yo no soy muy alto, pero impresiona ver a un tipo cargadito de alcohol, haciendo guardia en los retretes rompiendo en el suelo cada vaso que vacía. Estoy seguro de que quienes me han tocado más veces la espalda en mi vida son los camareros. Para echarme de los bares, por supuesto. Como aquella vez, que entré absolutamente borracho en aquél bar de pijaitas a ver a aquella chica que ya no me hablaba y me puse a decirle sandeces. Entre estupidez y estupidez, le mangué el sombrero al cliente que tenía a mi espalda. Y me lo puse, claro. El tío intentó recuperarlo, pero es imposible entablar una conversación – ni siquiera una conversación coherente, simplemente una conversación – con un tío que se ha bebido una botella entera de ginebra y ni siquiera escucha tus palabras. Estaba claro que sólo el camarero podía ayudarle. Fue a buscarlo y el tío vino a por mi. Me lo pidió dos veces y las dos pasé de él. La tercera me enganchó del brazo y me levantó, me arrastró hasta la puerta y allí me soltó, como quien arroja la basura. A la chica no la volví a ver.

Pero, como iba diciendo, allí estaba Carlos con ganas de marcha. El tío iba pidiendo los chupitos de Jack Daniel’s de cuatro en cuatro. Y se tomaba los cuatro. Uno detrás de otro.

Creo que ninguno de los dos sabíamos exactamente porqué deseábamos tanto enfrentarnos a nuestros propios fantasmas aquella noche, pero cuando sientes eso en las tripas no puedes evitar querer acabar con el mundo y contigo, de paso.

Yo seguía en aquella esquina, molestando a los parroquianos y balbuciendo estupideces incoherentes, cuando aquél gordo seboso empezó a gritarle a la camarera:

- ¿Cómo podéis dejar entrar aquí a esa gentuza? – el tío se refería a mi compadre, Carlos – no es más que un sucio negro -.

Para ser exactos, el gordo estaba equivocado. Carlos era sudaca, su piel era más morena que la mía y que la de la mayor parte de tíos del bar, pero eso no lo convertía en negro. Aunque, seguramente, al puto gordo eso le daría igual y consideraría a cualquier persona que no tuviera la piel rosa como una colilla que pudiera pisar.

- ¡Sois una mierda todos vosotros! ¿Cómo podéis dejar entrar aquí a esos cerdos? -.

El tío seguía y a la camarera estaban hinchándosele las pelotas.
- Es incluso peor, que el inútil de su amigo – eso iba por mi – armando bronca como un mono -.

La verdad es que me molestaba más lo de Carlos que lo mío, al fin y al cabo, sobre mi no había mentido.

- ¡Sal del bar! -.

- ¿Qué me vaya? ¡Tú no puedes echarme! -.

La camarera se apoyó en la barra sin miramientos.

- ¡Si no te vas del bar, llamo ahora mismo a la policía! -.

El gordo cogió su botellín de cerveza, se lo echó al coleto y, cuando estuvo vacío lo lanzó hacia la camarera.

Ella no tendría más de 23 años. Era morena, menuda, con carita risueña. Seguramente tuvo una infancia feliz que hace mucho tiempo quedó olvidada. Con todo lo joven que era, había soportado más mierda en la noche que en su corta vida, pero una botella lanzada con la fuerza de un buey de cincuenta palos podía abrirle la cabeza.

Sin embargo, pudo retirarse a tiempo – tan sólo por unos milímetros – y la botella se estrelló contra la pared. Todos miramos los cristales rotos en el suelo, pensando que un cachito de la cabeza de esa pobre chica estaba allí.

No pudo remediarlo. Carlos saltó a la barra y corrió por encima de ella hasta llegar al tipo gordo. Cogió fuerza y saltó en el aire, con una pierna adelantada, como si quisiera dar una patada voladora y le pisó el cuello al puto gordo. El tío cayó redondo al suelo y Carlos lo hizo justo un instante después. Ni Carlos ni yo pensábamos más de 75 kilos, con lo cual, un gordo seboso de 150 es un adversario a temer. Al menos, en el suelo.

El tío se echó como una rata encima de Carlos e intentó atraparlo con su propio peso.

- ¡Te voy a matar, hijo de puta! ¡Te voy a matar, hijo de puta! -.

Repetía eso como si fuera un mantra budista. Carlos se tapó la cara con el brazo, intentado resguardarse de los zarpazos de ese oso.

Yo lo veía todo como a cámara lenta, pero no lo dudé ni un instante. Vacié mi vaso en el gaznate y se lo arrojé al gordo a la calva. El vaso se rompió y el tipo se volvió hacia mi, justo antes de que le atizara la mejor patada que pude darle en mi estado. Me resbalé y fui a parar al suelo.

El tipo vino a por mi e intentó la misma estrategia, absolutamente carente de imaginación. Deslicé mi codo hacia su cara, tapando sus puñetazos y logré tocarle la frente. Empecé a machacarle con el codo. Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete veces. Le di en la sien. Le hundí sus gafas grasientas en la carne. La sangre el caía espesa por la mejilla hasta el cuello.


Carlos llegó hasta él y le cogió por el pelo y el cuello y comenzó a arrastrarlo. Tres tíos más se acercaron y le ayudaron a llevarlo fuera del bar. Desde dentro podía oírse como, entre los cuatro, le daban patadas en las costillas.

Carlos entró el primero, pasaba de hacerse el héroe, como los otros tres que no habían entrado en escena hasta que todo el pescado estaba vendido. Para cuando llegó a la barra, yo ya había pedido cuatro chupitos para él. Se los bebió si siquiera mirarme.

Yo me volví hacia la camarera. Me estaba preparando mi última copa de la noche. Yo sabía que era mi última copa de la noche. Cuando pasas más tiempo borracho en bares más que en cualquier otro sitio, sabes cuándo será la última copa de la noche. Y si no sabes de qué estoy hablando, es que no has pateado suficiente noche. Salir con los colegas los sábados no es conocer la noche.

- ¿Estás bien? – le pregunté a la camarera -.

Ella asintió. Estaba asustada, no sé si por la paliza o por la facilidad con la que nos bebíamos nuestra propia sangre mezclada con el alcohol. A mi me sangraba la boca, pero para eso lo mejor era un buen lingotazo de ginebra y saborear uno de los cubitos de hielo.

- No soporto a los tíos que van por ahí armando bronca -.

Eso fue lo que dije y, claro está, la camarera tampoco dijo nada. Se limitó a seguir limpiando vasos.

Saqué el dinero y pagué. Carlos y yo salimos del bar sin decir nada.

Fuera era ya de día. Bueno, empezaba a serlo. Esa extraña luz naranja del otoño que e mezcla con la niebla. Cuando llegara a casa haría frío, ese frío de las mañanas que no hay manera de quitarse de encima.

- ¿Qué día es hoy? – preguntó Carlos -.

Miré la calle.

- Martes -.

Carlos se encendió un Lucky Strike y tuvo que escupir algo de sangre que le salía de la boca. Los dos íbamos marcados hasta las cejas. La cara reventada a hostias: Cejas hinchadas, labios partidos, nariz sangrante…

- No está mal para un martes -.

Eso era lo más cierto que había oído en toda la noche. Todavía quedaba mucha semana por delante.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Cómo hice un peli de 2 centavos y y me convertí en un símbolo de los 80

T IV. No, no voy a hablar de la terminal de Barajas. Me refiero a Terminator: Salvation o Terminator IV o como quiera que la llame la gente de aquí a su estreno.

No tengo ni idea quién fue la mente privilegiada que eligió a un fantoche como McG para dirigirla, pero pintar, pinta bien. James Cameron se supone que le ha dado como el beneplácito y todo, así que veremos qué es lo que pasa.

Para los que, allá a finales de los 80 vimos Terminator (sí, la 1, la original, la cutre que dicen algunos) en VHS en casa de algún vecino, esta saga no es cualquier cosa. Yo creo que es la película que más veces he visto en mi vida y no me avergüenzo de reconocerlo, la verdad.

Cameron puso todo su saber hacer (mucho aprendido del gran Roger Corman) en esa peliculita que casi no sale y que si no hubiera sido por la cabezonería del amigo Arnie muy posiblemente hubiera terminado en alguna estantería inhóspita. Pero, por suerte, llegó a las pantallas ¡y de qué manera!

Sí. Sé que muchos se retorcerán ahora mismo en sus asientos pensando "¿qué coño dice este tío de Terminator? Si es un bodrio". Los que piensen eso, es porque tienen en la cabeza esa desfachatez que es Terminator 2, nada que ver con la película original. La cual, es una peli de aventuras cronometrada y milimétrica. Un mecanismo de precisión que funciona como un tiro y que en sus apenas 90 minutos te hace estar pegado al asiento. Hasta los efectos especiales, por muy desfasados que puedan parecer, están de puta madre.

Yo recomiendo ver la edición especial que hace unos años conseguí en Londres y ya existe en suelo patrio. Los comentarios de Cameron y los documentales donde explica TODO, son apasionantes. Sobre todo para cualquiera que se dedique a esto. Porque es como leer el libro de Corman: mil y un maneras ejemplificadas sobre cómo hacer tu primera peli de verdad con cuatro perras y un par de huevos. 

Entonces fue cuando Cameron era un as del cine, un maverick y todo lo que queráis. La gente le tiene hoy en día en muy baja estima, pero yo estoy seguro de que cuando estrene Avatar, va a ser la siguiente Revolución. Lo sé desde que vi el 3D de hoy día. Porque Kubrick habría hecho 2001 en 3D si hubiera podido. Y a Cameron le encanta pensar que es Kubrick...

Pero claro, últimamente me he estado preguntando: ¿a quién le interesa todo esto salvo a los locos del cine? ¿Hay un espectador normal que dé un duro por todas estas cosas? ¿Estamos meando fuera de tiesto? ¿Tiene sentido hacer cine? ¿Tiene sentido algo...?

Ved de nuevo la película. De verdad.

El trailer ha sido cortesía de mi brother.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Chinese Democracy

En primer lugar, los negocios. El montaje de Las 5 muertes de Ibrahim Gonsález está prácticamente listo. El montaje de imagen, se entiende. Todavía queda un largo proceso de postproducción. Pero puedo adelantar que es un corto corto que quita el hipo de la hostia a la que va. 

Como las cosas de la crisis son lo que tienen, veremos a ver qué podemos y qué no podemos hacer, pero espero que en febrero espero que esté listo del todo. Aún tengo que pensar si Ne pourrais échapper de tes fantômes, Las 5 muertes de Ibrahim Gonsález y Cogiendo el ritmo, se presentarán a la vez o escalonadamente, lo que sí es seguro que forman una especie de conjunto que (trilogía o no) que habla sobre las relaciones de pareja y las hostias como panes y que emplean como denominador común la técnica del shot-motion, que la que ya he hablado en esta misma página en otras ocasiones. Y que, además, suponen una especie de giro extraño auspiciado por TODAS (incido de nuevo en las mayúsculas) las circunstancias que han hecho que, de un tiempo a esta parte, me interese por una clase de cine que traza una tangente a la línea que venía siguiendo desde hace unos años. 

Es muy posible que el año que viene, ruede otro proyecto (La culpa aprieta más gatillos, del que también he hablado en esta humilde web) que ya volverá a desmarcarse del formato shot-motion, pero que incurrirá en un nuevo experimento en el que vengo trabajando y pensando desde hace un tiempo y que, si todo va bien, podría suponer una renovación de la actividad de mucha gente, incluido yo claro está, ya que sus posibilidades son muy, pero que muy estimulantes.

Como siempre, todo a su debido tiempo.

La paciencia más vale disfrutarla, aunque a veces sea para mal. Porque sino, puede ocurrirte como al bueno de Axl Rose y que tras 15 años de vender humo, vendas caca. Porque vamos, Chinese democracy es una amalgama de buenas intenciones pero mala resoluciones que no llevan a ninguna parte. Y como no hay nada más emocional y subjetivo que la música, es revelador, cuando un disco entero se puede escuchar pasando de él absolutamente. Quiso hacer un disco profundo y le salió un disco alargado. Todo lo contrario que los incombustibles AC/DC, el único grupo en activo del que me dejaría tatuar sus iniciales, yo creo. Black Ice es, sin duda, como dice mi amigo Patxi un disco del que no puedas decir que tiene, de primeras, una canción memorable. Pero, con el paso del tiempo y escuchándolo otra vez, te das cuenta de que es grande porque recupera la esencia de sus años ochenteros (Flick of the switch, Blow up your video...). La producción es distinta y eso dice mucho. Todo suena más garaje. Garaje cool, claro, pero garaje al fin y al cabo. Es el mejor disco que han hecho desde el Razor's edge. No es la estilización del Ballbreaker o el Stiff upper lip (discos que aunque sirvieron para enganchar a legiones de fans, no son lo mejor que han hecho yo creo). Creo que es la primera vez en mucho tiempo que AC/DC suena a Lynyrd Skynyrd (Stormy may day) o que recupera su estilo del Who made who (Anything goes) o que se marca himnos (Rock n roll train, Money made...) y eso demuestra madurez y cojones.

¿Y qué tiene ver todo esto con lo que estaba diciendo? 

Mucho. 

Pensadlo.