domingo, 2 de septiembre de 2007

Iván Zulueta


Voy a intentar hablar un poco de cine, que al final siempre me despisto. Para ello he rescatado un artículo que publiqué hace unos años en el fanzine La Butaca Ciega, acerca del estimulante director Iván Zulueta.

"No es a mí al que le gusta el cine... sino al cine a quien le gusto yo"
Pedro P. (Will More) en Arrebato, de Iván Zulueta

Resulta inevitable, al hablar de Zulueta, no acudir a palabras que hagan referencia al malditismo, a lo underground, a la heroína y a la marginalidad... Este autodestructivo director, paradigma del cine de autor en nuestro país, nació en el País Vasco en 1943. Fue hijo de padres artistas: su madre se dedicaba a la pintura y su padre, Antonio Zulueta, se encargó de dirigir el recién nacido Festival de Cine de San Sebastián desde 1957.

Sus primeras experiencias profesionales con el cine se remontan a un suspenso en el examen de ingreso para estudiar cámara en la antigua Escuela Oficial de Cine. Como consecuencia de este hecho, ese mismo año, se embarcará en un carguero que le llevará rumbo a New York, donde ingresará en la prestigiosa Arts Students League para estudiar pintura y dibujo publicitario. Esta etapa resultará de una importancia capital en el posterior desarrollo de su carrera cinematográfica, puesto que se verá directamente influenciado por el arte pop y por las corrientes de cine vanguardista encarnadas en Andy Warhol, Jonas Mekas, Kennet Anger, Paul Morrissey...

En 1964 logra entrar en la Escuela Oficial de Cine, en la rama de dirección. Algunas de las personas con las que cursa sus estudios son Pilar Miró, Antonio Drove y Jaime Chavarri. Aun más fundamental en la carrera de este cineasta es José Luis Borau, por entonces profesor de guión. Borau producirá a través de El Imán el primer largo de Zulueta, Un, dos, tres, al escondite inglés (1969) e incluso se verá obligado a firmarlo por problemas sindicales, puesto que Zulueta todavía no tenía el título de director. Esta película, un musical pop (convertido en película de culto por los adoradores de la estética sixty) con los grupos de más éxito de la anquilosada/desarrollista España de los sesenta, es una prolongación de los trabajos que Zulueta había venido desarrollando para TVE en el innovador programa El último grito (1968), de cuya dirección se encargaba el también compañero de estudios y director, Pedro Olea y cuya presentación corría a cargo de un moderno (por entonces) José María Íñigo. En ambos trabajos la filmación de los números musicales se encuentra claramente influenciada por las películas que Richard Lester había realizado en Inglaterra con los Beatles. Zulueta se convierte así en uno de los pioneros del vídeo-clip en nuestro país.

Después de esta experiencia televisiva, Zulueta se dedicará a viajar por Marruecos, Cannes, Ibiza... mientras filma compulsivamente cortometrajes en Super-8, que obtienen escasa repercusión y que son frecuentemente secuestrados por las autoridades franquistas al ser considerados subversivos.


En 1979 filma su segundo y último largometraje hasta el momento, una obra maestra de tintes tenebrosos, filmada a medio camino entre el cine experimental y el de género. Arrebato será la propuesta más personal que desarrolle este autor, un auténtico suicidio comercial, una película que reflexiona entorno al cine, las drogas, el vampirismo, la infancia perdida... La película tiene un escaso éxito comercial, aunque no tarda en convertirse en la más importante película de culto de nuestro país. Muy adelantado a su tiempo, Zulueta, construye y deconstruye sus obsesiones utilizando el montaje y la banda de sonido a su antojo. El resultado es una película isla, una película tan autodestructiva como su autor (no en vano, muchos la consideran una apología del suicidio), que relata una simbólica historia de cine dentro del cine:

José Sirgado (Eusebio Poncela) es un director de películas de terror de bajo presupuesto, que acaba de terminar su segunda película, pero siente un vacío en su vida. Cuando regresa a su casa se encuentra con Ana Turner (Cecilia Roth), su antigua pareja de tiempos más felices, cuando todavía se divertían con las drogas y estas no se habían convertido en una obsesión... José descubre que le ha llegado un paquete de un amigo, Pedro P. (Will More), un cineasta aprendiz, del que hace tiempo que no sabe nada. En la carta, su amigo le relata los extraños sucesos que le han ocurrido en el tiempo que llevan sin verse...

La película tuvo que ser recortada para su distribución ya que su montaje original duraba aproximadamente tres horas. En Chile llegó a ser prohibida por sus autoridades bienpensantes. De hecho, Zulueta reconoce que si la película hubiera funcionado no hubiera parado de filmar. El film conseguirá en 1982 el Premio de la Crítica y el galardón al Mejor guión en Fantasporto, mítico festival de cine fantástico. Sin embargo, los festivales de Cannes y Berlín la rechazan por considerarla demasiado extrema y terminal. Sin duda, Zulueta tiene por el cine un gran y obsesivo amor que no es correspondido.




Después de Arrebato comienzan para Zulueta años oscuros, años de heroína... en definitiva años de una prácticamente total incapacidad creativa. Está veinte años desaparecido de la luz pública y solo aparece con dos nuevas obras realizadas para televisión (aunque en soporte cinematográfico) y con algunas ilustraciones y carteles. La primera pieza televisiva que filma, será la excepcional Párpados (1989), un capítulo para la serie Delirios de Amor, realizado a petición de Luis Eduardo Aute, que realiza otro de los capítulos. La serie desarrolla tramas de amor urbano, aunque Zulueta prefiere desmarcarse (no podría ser de otra forma) y da vida a un complejo juego de dobles, de pares (el título: Par-pa-dos), una revisión del Mago de Oz y de Alicia en el País de las Maravillas en plena Gran Vía madrileña. Su espíritu lúdico le lleva a investigar caminos a los que llegará el famoso David Lynch diez años después... el resultado es una obra radical en cuanto a su construcción formal y temática donde se alteran continuamente los tiempos cinematográficos, conformando un maravilloso puzzle de difícil comprensión ya que se presta a multitud de interpretaciones. El capítulo está rodado en 16 mm., aunque algunas de sus imágenes están grabadas en vídeo.

La segunda pieza que realiza para la Tv, tres años después, es Ritesti (1992), para la serie Crónicas del Mal, respondiendo de nuevo a una petición de Pedro Olea. Esta obra no llega a suscitar el interés que tienen las anteriores, en gran medida porque el deterioro físico y mental de Zulueta por esa época, consecuencia de su adicción a la heroína, era más que patente y no pudo desarrollar el guión y el resto del trabajo como hubiera deseado, según él mismo ha manifestado en alguna ocasión.

En el camino quedan multitud de proyectos de sugerentes títulos donde la temática de la duplicidad se repite constantemente: Dos y dos son cuatro, ArrebataDos, Te la vi en Tel Aviv, Que duermas con tu apetito, Lalo Lelo y Lola Lela , Rosemary´s Bamby (en referencia al título original de la película de Polanski, La Semilla del Diablo)... En estos años descubrirá la Polaroid y quedará fascinado por el fenómeno de la imagen inmediata.

Al margen de sus proyectos cinematográficos, Zulueta ha utilizado sus dotes como ilustrador para emprender una frenética carrera como cartelista, llegando a convertirse en uno de los más importantes cartelistas de su generación. Ha desarrollado numerosos carteles para El Imán (Furtivos, Leo) y para reposiciones de películas clásicas (Simón del Desierto, 2001: una odisea del espacio, La Edad de Oro). Dentro de su producción destacan por su especial importancia los trabajos que realizó para las primeras películas de Pedro Almodóvar (Laberinto de pasiones, Entre tinieblas, ¿Qué he hecho yo para merecer esto?) cineasta sobre el que Zulueta tuvo una gran influencia, sobre todo en su primera etapa a causa de la amistad y de las colaboraciones que durante años les unieron. Uno de sus últimos trabajos en este campo, de excepcional calidad, lo realizó para la película de Miguel Albadalejo, Ataque Verbal (1999).

Actualmente se está produciendo el (re)descubrimiento de la figura de este director vasco, en gran medida producido por la emisión en diciembre de 1999 de Arrebato en Versión Española y por los tres programas especiales que han recogido la totalidad de su obra televisiva, que se encontraba inaccesible hasta entonces. En el 2002 se programo la práctica totalidad de su obra, junto con una exposición de su obra gráfica denominada certeramente Imagen/Enigma (www.ivanzulueta.com). Por eso Zulueta se plantea de nuevo la posibilidad de volver a rodar. Y es que el cine, al que nunca ha dejado de amar, le ha vuelto a morder. Vuelve el vampiro.

VB

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