miércoles, 31 de enero de 2007

Brazos vacíos

Solté el arma y recordé el motivo por el que estaba allí. Había decidido que tenía que hacerlo y no podía ser de otra manera. Pero no podía ser aún, aún no. Escondí la pistola entre el pantalón y mi cintura y me eché agua en la cara. Miré la forma de mi rostro absorbiendo el agua. Vi cómo los poros aspiraban hasta la última gota. Cuando noté la piel fría e insensible cogí una de esas toallas de papel y me sequé. Salí de nuevo al bar.

No era mucho mejor que otros, pero era igual de bueno que cualquiera. Una barra, varios taburetes, vasos largos, botellas medio vacías y una buena panda de borrachos dormitando, diciendo estupideces y apoyándose los unos en los otros.

Me senté en el mismo sitio que estaba antes y terminé la ginebra. Sabía a rayos, pero era lo único que me entraba. Pedí otra y el camarero me la sirvió en el mismo vaso. Mis huellas digitales y el sudor de toda la noche estaban en el cristal. No me importó, al fin y al cabo era la última vez que iba a sentirlos.

Me la bebí de un trago y me abrasó la garganta. Miré el espejo al otro lado del estante de botellas y vi mi cara borracha. No era más que una mueca de lo que había sido sobrio. Pedí otra copa.

- ¿No cree que ya es bastante? -.

No le respondí, sólo le señalé el vaso.

- Ya ha bebido mucho -.

- Una es demasiado y dos no son nunca suficiente -.

Eso fue lo que dije.

- ¿Es por una mujer? -.

Callé. No hacía falta pronunciar muchas palabras.

- La perdí -.

El tipo me sirvió la copa y respondió.

- Encontrará otras y las volverá a perder -.

Bebí la ginebra de un trago. Esta vez no sentí dolor en la garganta. El barman se fue y yo miré mi vaso vacío, recordando mis errores: Me gustan las mujeres que parecen frágiles pero que son tan duras como el metal. Me gusta que parezcan frágiles, pero que no lo sean. Me gusta que me engañen. Me gusta la mentira, el subterfugio, pero descubrir la verdad no es fácil, a pesar de que sepas que lo es desde el principio.

Un bala. Eso es lo que tenía mi pistola. Una única bala, no necesitaba más. Yo había pagado por ella y ahora iba a hacer su trabajo. Es lo que mejor se le daba hacer.

Pedí el último trago, pero me costó bebérmelo. No podía tragar fácilmente. Cuando el hielo se disolvió en la ginebra, pude hacerlo. Dejé el vaso limpio y fui al baño. Sabía que iba a ser allí.

Lo sentía por el tipo. No quería joderle el local, ni las preguntas con la poli. Pero esa noche había decidido que iba a morir allí y no iba a ser de otra manera. Eché el pestillo.

Me senté en el meadero y apoyé las piernas en el lavabo. Saqué la pistola y me apunté en la frente. Respiré con fuerza y lo pensé mejor. Me puse la pistola en la boca. No me gustó el sabor del acero. Volví a pensarlo y coloqué el arma debajo de mi barbilla. Quité el seguro.

Las cosas podrían haber sido de otra manera, pero así es como habían sido. No puedes evitar que un tren avance por las vías. Son cosas que pasan. Amartillé la pistola y respiré por última vez.

Sin ella, mis brazos no eran más que brazos vacíos. Apareció por un segundo en mi mente. La vi con los ojos cerrados.

Seguía allí cuando apreté el gatillo.

martes, 30 de enero de 2007

La Teoría de la Gran Conspiración (vol. 1)

Siempre he mantenido la creencia en lo que, con multitud de diferentes nombres, puede englobarse como una Gran Conspiración. Esto no es ni más ni menos que la realidad escondida bajo la superficie de la mayor parte de las acciones que, nosotros la humanidad, nos dedicamos a perpetrar.

Hay gente mucho más experta y que conoce el tema más profundamente. Hay la hostia de libros explicándolo, yo no voy a ahondar en retorcidos debates y profundas reflexiones. Sólo voy a exponer lo que parece más relevante: La Gran Conspiración existe.

No es nada masónico, ni astrológico, ni profético, ni tiene que ver con el destino. Es ni más ni menos que la mano que se esconde después de tirar la piedra. Existe a muchos niveles:

Por supuesto, la de los gobiernos. Son acciones mediatizadas y a escala mundial, como pueden ser una elecciones en las que el recuento de votos no está nada claro, pero todo va adelante (¿nos acordamos de USA hace un poquito con el amigo Bush?), o una guerra (¿tantas hostias a lo largo de los años por un país que es el corazón de las plantaciones de opiáceos y mayor exportador de heroína?).

También está la vertiente en los avances científicos. Son mucho más específicas, para quienes les interesen, claro está. Como los virus que se incuban a los niños africanos para probar medicamentos que luego se venderán por millones en el primer mundo.

Luego está la mediática. Es decir, las razones que llevan a los medios de comunicación a defender una serie de cosas o a echarlas por los suelos. Ejemplos hay miles, en la tele, sin ir más lejos, que Cuatro sea de PRISA y, por tanto, pro-PSOE, y su color sea el rojo (¿casualidad con el color socialista?). En los periódicos es muy divertido leer una misma noticia, desde la óptica de distintas publicaciones. Claro está, que se podría decir que eso equivale a opiniones, a criterios de editorial y a cuestiones más personales que mercadotécnicas… Sí, claro. Y hay arco iris de colores a todas horas sobre nuestras cabezas.

Como, no. Está la medioambiental, donde se pone de manifiesto que la capa de ozono se hace pedazos (hace unos 20 años) y, a día de hoy, dicho agujero no existe. Ésta se relaciona directamente con la dietética o alimenticia, en la que unos alimentos malísimos, criticados por todos los médicos del mundo, pasan a ser buenísimos de la noche a la mañana o de estación en estación (el verano pasado, cuando en junio todas las revistas ensalzaban las ventajas de los helados, la falacia de que engordaban y sus bienes para la salud. Claro está, en junio).

No podía faltar la religiosa. A mi es que esta me fascina tanto, que no puedo ni entrar en ella, porque me muero de risa. Llevan 2000 años jodiendo y lo que les queda. Pero tienen mi admiración. Nadie ha conseguido hacer creer a tanta gente la importancia de la virginidad, la decencia, la familia y, sobre todo, La Culpa. Sí, con mayúsculas.

Y, aunque se encuentre dentro de la mediática, la cuento aparte: la cinematográfica. Quizá sea porque es la que mejor conozca. “Tiburón”: Tres hombres, Brody (el Gerald Ford, el americano de clase media cualquiera), Hooper (el judío tecnócrata) y Quint (el John Wayne chapado a la antigua, superviviente de la Segunda Guerra Mundial y apegado a los valores machistas y de duro trabajo) se van a cazar a un bicho que para cada uno de ellos puede significar muchas cosas (desde el comunismo hasta los hippies). En la novela sobrevive tan sólo Brody, claro está que la novela no tiene segundas lecturas. En la película, ¿quién sobrevive? Brody (el americano de a pie) y Hooper (el judío de la clase pujante). Muere Quint, el pasado, los antiguos valores. Y todo esto en un 1975 que supone la vida y la muerte de muchas cosas.

¿Por qué fracasan las películas renovadoras del Nuevo Hollywood que unos años antes triunfaban y Spielberg y Lucas ganan millones? Porque “La Guerra de las galaxias” o “Indiana Jones” son cine en estado puro, pero impiden pensar e ir más allá. Ya no hay desafío a la autoridad, ni radicalismo, ni objeción. Hay valores reaccionarios, una anticipación de lo que será la era Reagan (y que conste que creo que es mi época favorita).

“Acorralado”, es decir la primera película de Rambo, es un alegato a los soldados que vuelven de una guerra inútil que fue Vietnam y no encuentran su lugar en un país que les odia. El resto de Rambos son maravillosos, a mí me encantan, pero no son más que propaganda anti-comunista. La más divertida es “Rambo III”, donde el amigo Sly viaja a Afganistán a entrenar a esos entrañables musulmanes, los Talibanes.

Y esto se extiende no sólo al significado de las películas, también a la promoción, distribución y exhibición de las mismas. Porque no es casualidad que, cuando en 1989 Spike Lee partía como favorito para llevarse la Palma de Oro de Cannes con esa maravilla que es “Haz lo que debas”, fuera Steven Soderbegh quien le arrebatara el premio, la fama y el trono de la independencia con “Sexo, mentiras y cintas de vídeo”.

Para empezar, Spike Lee es negro. Soderbergh es blanco y judío. Spike Lee tiene un par y lo demuestra es sus películas más combativas, como en “Haz lo que debas”, cuando él mismo lanza un cubo de basura a la pizzería de Danny Aielo (italoamericano) y todos los negros del barrio queman el establecimiento de los blancos. “Sexo, mentiras y cintas de vídeo” es una paja mental de yuppies blancos de Batton Rouge, Louisianna, el corazón de Estados Unidos.

Cuando los 80, la década de la decadencia, estaban a punto de morir se veía si no cristalino, sí claro el futuro del cine (independiente). Había que integrarlo – si lo prefieren, el trillado “venderlo” – a la industria. Había que empezar a buscar héroes. ¿Quiénes fueron? Majos chicos blancos como Soderbergh, Tarantino o Kevin Smith. Irreverentes, cuestionables, cabroncetes, mariconazos… vamos los típicos mamones que prohibirías ver a tu hija. Pero no eran unos tipos peligrosos, no al menos como Robert Altman o William Firedkin. No eran tan hijos de mala madre. ¿Spike Lee? Se los hubiera comido a todos juntos. Un negro belicoso que llega a lo más alto y se convierte en el buque insignia del nuevo cine de final de siglo. Sí, claro y después le daban las llaves de la Casa Blanca a los Panteras Negras.

Si las conspiraciones no existen y todo es fruto de la casualidad, la entropía y el caos, todo se convierte en una manera muy fácil de despreocuparse de todo, de meternos un chute de opio a lo Karl Marx y asentir como bebés.

Cuestionar las cosas es el primer paso. El escepticismo es el segundo. Si hoy en día nos creemos todo lo que nos rodea, ya podemos irnos a la mierda, porque vaya futuro nos espera.
Y no es cosa mía, lean "La Gran Conspiración" de Gregorio Parra. Por lo de "Tiburón" y por muchas otras cosas. Como él mimso dice: "La Gran Conspiración. El poder, en última instancia, no es político sino económico. No está realmente en manos de políticos democráticamente elegidos, sino en manos de los que pueden poner y quitar a esos políticos. Todos los ejemplos anteriores, fueran reales o ficticios, argumentan que la Gran Conspiración existe y... ¿es real?"

Hay muchos Kissinger detrás de cada golpe de Estado, de cada acción militar, de cada debate político y cada medio de comunicación. No es una sola persona. Son muchas. Ése es el problema. Y luego ganan el Nobel de la Paz…

domingo, 28 de enero de 2007

Problemas de coño

Fue al salir de la ducha. Habíamos hecho el amor bajo el agua. Le dije que sabía que él era un traficante y también que tenía que dejarlo. Le dije que nos fuéramos lejos, al sur. A una playa de arenas blanca y sol caliente. A un sitio donde nadie nos encontrara.

- No puedo irme, tengo mis asuntos aquí -.

Eso fue lo que dijo.

- Déjalos y empieza en otra parte -.

- No puedo -.

Pensé un momento antes de decir lo que iba a decir.

- Quiero irme contigo. Los dos. Quiero que nos larguemos de esta ciudad. Yo dejaré mi trabajo y tú el tuyo. Es la única manera -.

Cortéz se rió mientras se secaba con la toalla.

- Estás diciendo tonterías, no puedo irme -.

Estuve en silencio, pensando. Dije lo que llevaba varios días pensando.

- Puedo darte 30 de los grandes, para empezar. Si nos vamos -.

- ¿Por qué quieres darme 30.000 billetes? -.

No tardé en responder.

- Porque son los que me pagaron para matarte -.

Cortéz dejó de secarse. Su cara había cambiado. Sus pequeños ojos grises eran ahora grandes y amarillos. Noté cómo se le hinchaba la vena del cuello. Era su casa y tendría una pistola debajo del retrete, porque corrió hasta allí. Yo tenía mi bolso al lado, saqué mi 9mm antes de que pudiera agacharse. Allí, desnudo, mojado, acurrucado junto al váter, parecía un conejo antes de ser cazado.

- No voy a matarte -.

Cortéz, rió. Se incorporó y se cubrió la entrepierna con la toalla.

- No quiero matarte, quiero que nos vayamos de aquí. Aquí no tienes futuro. No has hecho más que llegar a la ciudad y ya tienes una asesina en tu cama. Piénsalo. Yo estoy dispuesta a dejarlo todo por ti. Quiero que nos vayamos juntos -.

Cortéz sonrió y comenzó a secarse las piernas.

- ¿Quién? -.

- Rafael -.

Cortéz volvió a sonreír.

- ¿Y me tengo que fiar de tu palabra? -.

- Tengo más pelos en el coño de los que piensas. Llevo muchos años matando y eres el único que he decidido dejar con vida. Si hubiera querido matarte, lo habría hecho la primera noche -.

- Dame una sola razón para que te crea -.

Fue entonces cuando me di cuenta de que iba a llorar. Lo dije.

- Te quiero -.

Jamás lo había dicho antes. Nunca. Las lágrimas calientes me cayeron por la mejilla, como el agua de la ducha había hecho unos minutos antes. Cortéz se quedó mudo. Dejó de secarse. No supo qué hacer. Bajé la pistola y la tiré al suelo. Me quedé llorando ahí, de pie, desnuda.

Cortéz se levantó y me abrazó. Fue entonces cuando planeamos lo de su muerte. Todo sería más fácil si Rafael pensaba que estaba muerto. Entonces podríamos escaparnos. Entonces podríamos empezar de nuevo, lejos de aquí.

viernes, 26 de enero de 2007

Palabra de Lang

Antes de emepezar, una pequeña contextualización.

Fritz Lang, el director alemán de monóculo o parche en ristre, según se tercie, fue quién le dio la primera vuelta de tuerca al género de ciencia-ficción a través de películas como Metrópolis (1926) y La Mujer en la Luna (1928 ).

Fue el responsable de que el joven Luis Buñuel decidiera guiar sus errantes pasos hacia el cine, después de ver Las Tres Luces (1921).

Comenzó a utilizar la profundidad de campo con Los Espías, en 1928, doce años antes que Ciudadano Kane, de Welles (y sin Gregg Toland de por medio, todo sea dicho).

Con su saga sobre el Doctor Mabuse (1922) preconizó, durante la República de Weimar, el clima social y político que llevaría a Hitler al poder diez años después.

Este hombre, escapó de Alemania, menos de una hora después de que Goebbels le ofreciera el importante cargo de director de la UFA, seguramente el estudio más importante de la época.

Este hombre, repito, declara en una entrevista que le concede al anteriormente brillante Peter Bogdanovich en su libro Fritz Lang en América:


“Reconsideré el pasado –cuántas películas mías habían sido mutiladas–, y como no tenía la menor intención de morir de un ataque cardíaco, dije: CREO QUE DEJARÉ ESTA CARRERA DE RATAS”.


Ahí queda eso. A mi me parece ACOJONANTE.

Solo añadir, que desde que encontré ese párrafo, me siento un poco mejor.

viernes, 19 de enero de 2007

Problemas de polla

Esto es un experimento. Un relato de ficción escrito en forma de guión cinematográfico, sólo que al contrario que cualquier guión está escrito en primera persona, ya que bebe de la novela negra, acostumbrada a estar narrada de esta manera. La acción empieza una noche de invierno, en los suburbios de una ciudad cualquiera…


1. CALLE SUCIA. EXTERIOR. NOCHE. -1-

Mis pies pisaban los charcos del suelo, disolviéndolos, como quien quiere apartar los malos recuerdo a pisotones. A lo lejos aún podía escuchar los ruidos de la maquinaria industrial que no descansa. El olor a chatarra y metal descompuesto llega a todo el barrio, puedo olerlo incluso con el humo del cigarrillo apestándome las narices.

PDV. Miro a mí alrededor y sólo veo la calle vacía. Todo dios está durmiendo. En este barrio la mitad son curreles y la otra mitad desgraciados, a estas horas todos están en el sobre.

Sin embargo, yo me dedico a lavar la ropa sucia de mi jefe y por las noches no estoy para dormir. Necesito alcohol. Sé que hay muchos otros tipos como yo, inadaptados, locos, yonkis, borrachos, timadores… un puñado de tipos despreciables que llenan los bares de los suburbios como ratas en una jaula.

La luz roja de la puerta no deja lugar a dudas. He llegado al antro al que vengo todas las noches.
CORTA A:

2. BAR ‘WARDS’. INTERIOR. NOCHE. -2-

Suena “I drink alone”
de George Thorogood.

Abro la puerta y veo lo de siempre. La luz lúgubre, la barra sucia y la gente borracha. Nadie me mira, claro que tampoco me importa. Soy alto, pelo largo oscuro, manos fuertes y puños listos. Una pequeña cicatriz de la oreja hasta la mejilla me recuerda siempre aquél día que tuve que partir demasiadas caras. A partir de ahora, podéis llamarme FUERTES, no sólo porque tenga huevos, también es porque me encanta dar de hostias.


La CÁMARA SE APROXIMA. Llego hasta la barra y saco el tabaco. Enciendo otro Lucky, empalmándolo con el anterior.


-FUERTES-
Southern Comfort.

El camarero me sirve en un vaso para maricas, me lo bebo de un trago y le cojo por el brazo.

-FUERTES-
Deja la botella.

Lleno el vaso cinco veces y empiezo a notar el calor en el estómago y el sabor dulzón del melocotón en la boca. Esta mierda se pasa mejor con cerveza. Yo y mi amiga Budweisser, es todo lo que necesito.

FUNDE A NEGRO.
La música se apaga lentamente.

3. BAR ‘WARDS’. INTERIOR. NOCHE. -3-

Abro los ojos y el bar está vacío.

-FUERTES- en off-
Mierda… otra vez estoy borracho.

PDV. Me llevo las manos a los bolsillos y veo que aún queda gente en el otro lado del bar. Una PAREJA y una TÍA SOLA.

Pago, le pego un último trago y alguien me da por la espalda. El Comfort se me cae por encima.

La CÁMARA NOS DESCUBRE que ha sido la pareja quien se ha tropezado conmigo. Más concretamente, el TÍO. Está como una cuba y su chica intenta mantenerlo en pie. Su metro noventa encorvado como un interrogante, le hace parecer un cabrón que no pase del metro sesenta.

-FUERTES-
Mira por donde andas, gilipollas.

El TÍO habla sin mirarme.

-TÍO-
Vete a la mierda, cabrón.

No me lo pienso dos veces, le rompo la botella en la cabeza y lo recojo del suelo. La CHICA se pone histérica, pero de un bofetón la dejo clavada al suelo.
-FUERTES-
(a la CHICA)
¡Calla, coño!
Levanto al TÍO por el cuello. Lo tengo claro. Voy a aplicarle el Tratamiento Del Viejo Poli: una por hacerme perder el tiempo, otra por hablar como un gilipollas, otra por no saber callarse, una más porque me duele la mano y otra por su cara de hijo de puta. Un puñado de golpes bien dados por cuestión de principios.

Le dejo hecho un cristo, me doy la vuelta y agarro una botella de Jack Daniel’s del otro lado de la barra. Le pego un buen trago y suelto pasta.

Fuera de campo suena la voz de:

-SILVIA-(fuera de campo)
¿Puedo invitarte a una copa?

La miré y vi que tenía fuego en los ojos. Su pelo era rojo como el cielo nublado de las ciudades por la noche. Era blanca y parecía que el sol huía cada paso que ella daba. Sus labios estaban entreabiertos y su pequeña lengua asomaba entre sus dientes blancos. Sin embargo eran sus ojos verdes, como aguas de mares que nunca veré lo que me volvió loco.
-FUERTES- en off-
Era imposible no mirarla…
Pero preferí hacerme el duro.

Le pegué otro trago al amigo Jack antes de hablar.

-FUERTES-
Ya estoy servido.

Me miró como si el mundo se fuera a acabar mañana.

-SILVIA-
Entonces, sírveme.

CORTA A:

4. BAÑO. INTERIOR. NOCHE. -4-

Estaba en pelotas en un baño que no era el mío. Me encanta venir a casas de tías, porque siempre están limpias, pero esta es otra cosa.

PDV. Hace tiempo que no pasa una puta fregona al suelo. La tía está muy buena, pero su casa no está limpia. Pero no me importa que no sepa limpiar, mientras sepa follar. Si pusiera el mismo empeño en la limpieza que en el sexo, esto sería un puto palacio.

Me echo agua en la cara y me cojo la polla para mear. Nada más salir el chorro, me escuece y me pica.

-FUERTES- en off-
Mierda… ¿por qué coño me la habré
follado a pelo? A saber qué coño
me ha pegado.

5. DORMITORIO. INTERIOR. NOCHE. -5-

La luz de los neones del exterior se cuela entre las ventanas. Es lo único que me deja ver dónde está la cama y el cuerpo desnudo de SILVIA. No hemos hablado mucho, pero tampoco vine aquí para hablar.

Me enciendo un Lucky y la miro de reojo.

PDV. Está dormida. Le miro el culo.

Es como un sueño de formas redondas. En una nalga tiene un tatuaje, parece una araña.

Me habrá contagiado algo, pero no me hace estar menos cachondo.

Le acaricio las piernas y no tarda en separarlas. Le meto el dedo, pero sé que no le hace ninguna falta.

Me mira.

Pide más. La cojo y me acerco a ella. La penetro y solo puedo pensar en qué coño tendrá para que me pique la polla.

Deja de importarme. Acelero y ella respira y gime. Se tiende hacia atrás, con las manos extendidas. Sus pechos se tensan como la piel de un tambor.

No se cómo lo hace, pero logra darme la vuelta y ponerme encima de ella. Estoy a punto de correrme, pero con la vuelta se me ha salido la polla.

Voy a meterla cuando noto su dedo en mi culo.

No me ha dado tiempo a meterla.

Es entonces cuando me voy cuenta de lo duro y frío que está su dedo.

-FUERTES- en off-
Mierda… eso no es un dedo.
He matado a demasiada gente
como para no reconocer el cañón
de una pistola.

Le miré y sus ojos verdes iluminaban la habitación. Su pelo rojo se extendía sobre la cama como serpientes retorcidas.

-SILVIA-
Sabes quién me envía, ¿verdad?

Ni siquiera respondí, lo sabía perfectamente.

SILVIA apretó el gatillo y noté cómo la bala se estrellaba contra mi columna.

Me corro, Me pringo y yo se pringa ella: muslos, tripa y vello púbico. Hacía tiempo que no follaba. Joder, el puto océano atlántico.

Sin embargo, poco importa eso. Mi cerebro aún tardaría unos minutos en apagarse, pero yo ya estoy muerto.

-FUERTES- en off-
Tenía que habérmelo imaginado. La
gente como yo no nos merecemos
a tías así. Ni siquiera pude
correrme dentro. Eso me pasa
por pensar con la polla…
CORTA A:
NEGRO
FIN

jueves, 11 de enero de 2007

A Kurt Cobain le gustaba el pop

Allí estábamos, en aquél antro de poperos. La bebida sabía a rayos y la música a demonios. Me acerqué a pedir algo de música. Cualquier cambio sería como una bocanada de aire fresco en una fábrica de quesos.

YO: Oye, ¿puedes poner algo de los Skid Row?

DJ: ¿Qué?

YO: Skid Row.

DJ: Tío, no tengo nada de eso aquí.

Mamón. Su bigotazo le delataba. En otro tiempo había sido heavy, quizá no de pro ni jevi con j, pero por aquellos últimos 80 y primeros 90 le gustaba el metal, el grunge y cualquier cosa que tuviera caña. Ahora se avergonzaba de ello y tenía que ocultarse tras una máscara ultramoderna, sensiblera pero a la vez dura para parecer algo. Pero tenía la casa llena de sus discos viejos de Skid Row, Motley Crüe y toda esa peña... Ni siquiera rebajando el nivel a rock ochentero reaccionó.

YO: Oye ¿Y Huey Lewis?

DJ: ¿¿And The News?? ¿Pero tú de dónde sales, chaval?

Para eso sólo había una respuesta posible, para él, a esas horas y con todo ese alcohol encima.

YO: De la alcantarilla, ¿qué pasa?

Sus ojos se abrieron como platos, ya no supo qué decir. Mejor, no tenía porqué escucharle. A este tipo de gente, hay que hacerles un vacío especial. Son fantasmas, tipos extraños que aparentan ser lo que no son. Jamás podrían llegar a ser una Rata, son todo lo contrario, mequetrefes, cretinos que están deseando convertirse en jerifaltes de cualquier sucursal bancaria de mierda. Y seguir viviendo la noche, la moda y la juventud, a su manera. Claro, claro, claro.

Entonces apareció aquella chica que intentó presentarnos, que hiciéramos las paces… ¡Ja! ¿Paces? Pobre imbécil, espera que empiece a ver los murciélagos.

CHICA: Tienen un grupo. Les podrías hacer un videoclip.

Tuerzo el gesto. ¡Demonios, la cosa se pone divertida!

YO: ¿Qué tocáis?

DJ: Pop.

YO: Yo no hago videoclips de poperos.

Y salí de allí.

Camines por donde camines los ves por todas partes. Son los nuevos baluartes de la modernidad. Falsos intelectuales, falsos modernos de pro, falsos seres humanos. Jamás entenderé a los poperos. No entiendo su estética y no entiendo su música. Ni su forma de vida, ni esa manera de llevar las cosas.

Hay algunos jóvenes, muy jóvenes, pero yo hablo de los treinteañeros, de esos tipejos que hace quince años se hacían pajas pensando en Nirvana o Peral Jam, llevaban camisas de cuadros y pantalones de pana deshilachados. Sobre todo a esa marabunta de peleles que se volvían locos con película como “Reality Bites” o “Solteros”. Jajajajajaja. Menudos tipejos, esos sí que no son trigo limpio.

Las personas tienen que cambiar, claro que sí. No vas a pensar igual a los treinta que a los quince o a los dieciocho, pero una cosa es arrepentirte de tus actos y otra ser un falso. Hace diez años lo que ahora llamamos pop, se llamaba indie, a secas. Tardó poco en llamarse indie pop y, después, cuando las multinacionales se hicieron con la bandera de la modernidad, se quedó sólo en pop. Es un proceso lógico en una sociedad ultracapitalista, pero no es algo que tengamos que aceptar el resto de la humanidad.

El pop recicla muchas cosas, sobre todo en su estética, del grunge. ¿Casualidad? No lo creo. También hay mucho el punk. ¿Otra casualidad?

Y ¿por qué? Porque cuando los dioses caen, hay que reciclarse. Ya lo hicieron los Beatles en la India y Bob Dylan con el Papa. ¿Por qué no lo iban a hacer los hijos de Kurt Cobain con Franz Ferninand y toda esa gentuza? En el año loco de Nuestro Señor de 1971, ya se dio cuenta Hunter S. Thompson. No es cosa de hoy. Siempre toca reconvertirse. A mí me parece perfectamente, normal.

Lo único que me jode es que todavía hay demasiados mamones que no han superado la muerte de Kurt Cobain.

Yo me alegro de que esté dónde está, es más ojalá hubiera llegado allí mucho antes.

domingo, 7 de enero de 2007

Parásitos universitarios (vol. 1)

Barricadas, Perrier y Corrupción

Cuando llegamos a la quinta planta, todos estaban ahí, esperándonos. Perrier, Gordo Cabrón y compañía nos miraban, riéndose entre dientes, sonriendo como auténticos bastardos. Pero no nos dijeron nada. Solamente, Gordo Cabrón corrió con sus lorzas ondeando al viento, para detenernos, unos metros antes de nuestra habitación.

- ¿Por qué llegan tan tarde? -.

¿Qué pasa? ¿Eres mi novia? ¿Eres mi madre? ¿Quién cojones te ha dado vela en este entierro? Dani se ocupa de responder por los dos.

-Teníamos clase hasta ahora -.

Una hábil maniobra y nos libramos de él, ansiosos por llegar a la habitación y encerrarnos y provocar otra noche de agonía, sufrimiento, barricadas y dolor. Pero no pudimos entrar. Bueno, sí que podríamos haber entrado, por eso no había ningún problema, pero habría sido un tremendo error. Eso era justamente lo que ellos querían: acorralarnos en nuestro propio hábitat para pegarnos con el teléfono y meternos debajo de la ducha.

La puerta no estaba.

La habían sacado de sus bisagras y no estaba. No había rastro de ella. Ese era el fin, de eso estaba seguro. Nos obligarían a pasar así los siguientes nueve meses, observando nuestro despertar matutino como si fuera una atracción de circo, nos humillarían trayendo a tías con las que nosotros jamás podríamos soñar, para que nos vieran en pijama o en calzoncillos de entre semana. Y, como no, nos tendrían a su disposición, cuando necesitaran que alguien le lamiera los zapatos o que le aguantara la chorra para mear, ahí estaríamos nosotros.

- Parece que han perdido algo -.

Perrier quería sonreír, pero no podía. Hacía tiempo que había perdido la sensibilidad de los músculos de la cara y ya no le respondían. Es muy posible que jamás la hubiese tenido.

Decidimos separarnos para buscarla, mientras todos se reían de nosotros. Parecía una película del oeste, cuando todo el pueblo sale a ver cómo el bueno mata al malo, sólo que esta vez éramos nosotros los pordioseros.

Tras diez minutos arriba y abajo, encontramos la puerta. Estaba tirada en unas escaleras, no recuerdo en qué planta, pero los cabrones nos habían hecho sudar. Los muy cerdos se descojonaban mientras metíamos la puerta en las bisagras. Yo creo que no se esperaban que tras eso nos metiésemos corriendo en la habitación y levantáramos la barricada, pero eso es lo que hicimos. Sus caras debieron cambiar radicalmente. Seguro que pensaban que nos cagaríamos en su puta madre y eso daría pie a una auténtica pelea de borrachos de bar, algo así como los hijos de Los Ángeles del Infierno. Un auténtico caos.

Pero no. Decidimos joderlos. Nos hicimos fuertes en la habitación y no pudieron con nosotros. La noche volvió a ser asquerosa. Realmente, hasta tenía su gracia. Nosotros ahí encerrados, habíamos violado una de sus reglas fundamentales: los novatos no pueden cerrar la puerta. Y bajo esa simple premisa, su mundo se desmoronaba. Habíamos desbarajustado todo su sistema. No sabían qué hacer con nosotros. Éramos bichos raros, indeseables, auténticos outsiders. Fuera de la ley.

Nos odiaban. Eso estaba claro, y no pensaban dejar de dar empujones y patadas a la puerta, hasta que cediera la barricada. Realmente no sé si fueron conscientes de todo el material que teníamos tras la puerta. Seguramente, pensaron que la nuestra era una maravillosa y maciza puerta de roble, y no un contrachapado de mierda como las suyas. Nos imaginarían soldando planchas de hierro por las noches y quitándolas por las mañanas, seguro.

Pero, como era de esperar, volvieron las amenazas.

- ¡No saben dónde se están metiendo! ¡La van a joder como sigan así! -.

Preferíamos no contestarles. Mientras la barricada aguantara estaríamos seguros. Sólo teníamos que aguantar unas siete horas, hasta que nos largásemos de nuevo a clase. Si conseguíamos resistir estaríamos seguros. La verdad es que fue jodido. Se pegaron toda la puta noche incordiando. Dando verdaderas hostias en la puerta y contándonos historias aterradoras. No paraban de repetir una y otra vez:

- ¡Tienen que integrarse! ¡Esto acabará pronto y necesitarán amigos! -.

¿Amigos, cerdo? ¿De verdad piensas que voy a ser tu amigo, hijo de la gran puta?

- ¡En quince días será la fiesta del novato y se acabarán las novatadas! ¡Deben aguantar hasta entonces, pero si se resisten sólo empeorarán las cosas! -.

Había algo totalmente ridículo en todo eso. ¿Cuántos alumnos habría en el Colegio? ¿Doscientos? Puede que sí. Y de esos doscientos, ¿cuántos serían novatos? ¿Puede que ochenta? ¿Puede que cien? Es posible que sólo fueran unos sesenta, pero de ser así no me podía explicar que hubiera sesenta tíos en la misma situación que yo y que, alegremente, se dejaran pegar, ahostiar, duchar, electrocutar y sodomizar. No me parecía siquiera una perspectiva razonable el hacerles caso. ¿Por qué cojones tenía que hacer lo que ellos dijeran? ¿Es que no existía la libertad, ni los Derechos Humanos? ¿Por qué tenía que hacer cualquier cosa que ellos me mandaran? ¿Por qué tenía que abrirles la puerta si no quería? Es más, ¿por qué tenía que escuchar sus putas voces si no me pasaba por los cojones? No sé si sois capaces de entenderlo, amigos. Pero yo en esos momentos veía muy razonable el no tener que hacer caso a unos desconocidos, el no tener que aceptar ningún tipo de vejación o humillación, solamente porque a esos come mierda les pasaba por las pelotas.

Era el momento de largarse. No pensaba perder ni un solo segundo: hacer las maletas, pillar un bus y tres horas y pico de estupor espasmódico y demencial. Me largué, les denuncié, les reclamé toda la pasta y pasé el resto de la semana viendo viejos episodios de Corrupción en Miami en Calle 13.

jueves, 4 de enero de 2007

¿Y cómo llaman al Whopper?

Yo odiaba – y odio – los Burger Kings y cualquier cosa que se le parezca, pero era eso o nada. Fue vomitivo. Sólo he entrado a dos Burguer Kings en mi vida. El segundo fue en Madrid. El primero, en Ámsterdam.

Como en todos los viajes kamikaze, uno de tus objetivos primordiales es comer lo menos posible y beber la mayor cantidad de alcohol que tu organismo aguante. Cerca de la Plaza Damm perdimos el control. Necesitábamos comida aquella noche. Así que, todo el grupo, decidimos buscar el antro más barato de las cercanías. No buscamos demasiado bien, porque resultó ser un Buguer King.

Estábamos en la planta de arriba, algo así como veinte quinceañeros, todos con unas pintas de guiris mamones de espanto. Éramos tres o cuatro tíos y el resto todo chicas. No estaban demasiado atractivas aquella noche, pero eran carne fresca, eso estaba claro. Quizá no para nosotros, pero sí para nuestro amigo.

- Vámonos, por favor… -.

No lo podía creer. Habían sido ellas las que habían insistido en entrar en ese antro y ahora querían largarse con aquella apestosa hamburguesa a mitad.

- ¡Vámonos! -.

- Pero ¿por qué? ¿Es que no estáis bien? -.

- ¡Vámonos! -.

- A mi me parece muy razonable que nos acabemos esta miserable comida antes. Todavía queda mucha noche por delante -.

Fue entonces cuando Patricia, aquella rubia de casi dos metros me agarró, desesperada, por el cuello.

- ¡Vámonos, coño! ¿Es que no tenéis ojos? -.

Fue entonces cuando lo vimos. Nosotros, es decir, todo el grupo, estábamos sentados en unas mesas que habíamos juntado convenientemente en mitad de la planta superior. A unos metros de nosotros, guarecido tras de su mesa, su Whopper, sus patatas y su Sprite, un tipo nos miraba fijamente. Bueno, no nos miraba a nosotros, miraba a las chicas.

Aquel tío era de una extraña raza, como si un hindú y un argelino hubieran tenido un hijo. Su piel y su ropa eran de un color indeterminado, y se mezclaban la una con la otra. Tenía las manos debajo de la mesa y sus ojos parecían fuera de sus órbitas. Sin duda, se había metido una buena ración de jaco primaveral y ahora lo estaba bajando con la carne picada de plástico.

- ¡Vámonos, joder! -.

Patricia ya estaba llorando, mientras le ayudaba a recoger sus cosas. Fue entonces, al levantarme, cuando me di cuenta del asunto que aquel tipo se llevaba entre manos: allí, en su mesa, con su menú de 2 florines, mirando a la veintena de quinceañeras que tenía delante, el tío se la estaba cascando. Pude ver su miembro pardo, gordo y palpitante entre sus huesudas manos mientras salíamos por patas.

Dos bares y cinco cervezas más tarde, ya nadie se acordaba de nada.

martes, 2 de enero de 2007

Meter la pata y lo que haga falta

Cuando teníamos unos 14 años, El Panchi (que por aquél entonces era Patxi a secas) y yo, nos dimos de hostias. Fue por una tontería, sé que ocurrió algo en la clase de gimnasia, discutimos y nos liamos a puñetazos. Naturalmente, él era más grande y más fuerte que yo y me dio una buena somanta de hostias.

Nos llevaron a dirección y allí decidieron que pasaríamos el resto del año castigados a estar juntos, todos los recreos, sin salir de clase. Así nos haríamos amigos. Y resultó.

Hubo una época en que, después de clase, hablábamos todos los días como 2 horas por teléfono. En los recreos, cuando jugábamos a fútbol, Patxi decidió tomarme como su protegido, ya que yo era penoso en materias futbolísticas. Éramos defensas, eso se nos daba bien, al menos a Patxi, yo aparentaba como que pintaba algo ahí. Nos llamábamos el "Muro Impenetrable" y hacíamos toda clase de barbaridades para que nadie curzara nuestra línea.

En la época del Colegio Inglés, compartimos música, películas... aunque fueron los atracos frustrados lo que más recuerdo. Fuéramos donde fuéramos, juntos éramos como un imán para los chorizos. Hasta en París intentaron birlarnos. Hubo momentos mágicos, como aquél en que Patxi le gritó a un gitano "Me cagüen tus muertos" o aquella vez en el caracol en que un tío le preguntó: "¿Pero tú de qué vas?" y Patxi dijo "De chulo, ¿qué pasa?".

Después, yo fui al instituto y él a Maristas, pero seguimos viéndonos. Ciertamente, Álvaro, Patxi y yo somos los únicos del Colegio Inglés que seguimos viéndonos siempre. A veces nos hemos encontrado con otros, pero nosotros somos amigos en sentido estricto.

Durante esa época empezamos con los cortos y experiencias como "Ya es tarde" contribuyeron a que siguiéramos viéndonos. También Patxi empezó entonces con los Averno y entre conciertos y algún vídeo, continuamos juntos.

Luego llegó la universidad, yo me largué a Madrid, pero la distancia no hizo mella. Da igual que fuera en el TNT, el Hansen, el Candela o el Number One. Las liábamos pardas. En esos antros nacieron cosas como la banda sonora de "Parking".

Luego, Patxi, se convirtió en El Panchi y toda la ristra de nombres que le siguen. Descubrimos el Zorro, el Salas, la Z y, más recientemente, el Duende. Este año ha sido una absoluta locura. Empezó en el Zorro, durante unas navidades en las que El Panchi y yo estuvimos de todo, menos serenos. El resto del año no ha sido para menos. Los pilares fueron 7 días seguidos, Semana Santa 12 y el verano ha sido una absoluta locura (Jaca, Madrid, Santa Isabel...) Nos volvimos locos en el Monsters of rock y viendo a Al Jarreau, nos trastornamos viendo "Malas calles" en el proyector de mi casa, y el Hunter for real no existiría sino fuera por todas esas juergas. El año acabó como empezó, en el Zorro, pero por esos azares del destino, a veces las cosas se complican y la noche terminó como empezó nuestra amistad, a punto de pegarnos. El Panchi, que es mucho más persona que yo, cuando vio que venían unos desconocidos a ayudarle, se detuvo. Incluso les hubiera inflado a hostias si me hubieran tocado. Eso no se paga con nada.

De hecho, a veces se mete la pata hasta el fondo. Sí, sí, hasta el puto fondo, hasta donde pensabas que no podías llegar a cagarla. En esos momentos te das cuenta que, por fin, has tocado fondo. ¿Por qué? Porque has logrado que alguien a quien quieres se quede hecho mierda.

En esos momentos, te das cuenta de lo inútil que eres y de que la pata te la podrías haber metido directamente por el culo. Porque amigos así no llueven de los árboles.

Lo siento.