... no es mal momento para mirar las cosas con mayor perspectiva (nunca mejor dicho).
Por partes:
1. ME GUSTA / NO ME GUSTA.
Decidme una película que guste a todo el mundo. A todo. Ah, sí, por ejemplo La guerra de la galaxias. Hay quien la considera una obra maestra, a muchos nos aburre. Otra. Pulp Fiction, a muchos nos parece apasionante, otros la consideran un refrito sin chicha. Otra, venga... Podemos seguir así ad infinitum, pero que no vamos a llegar a ninguna parte. La gracia de las películas es que no nos gustan a todos.
2. EL GUIÓN.
No creo que el guión sea especialmente el problema de Avatar. El problema es que ese guión ya lo hemos visto en Bailando con lobos o en Pocahontas. ¿Entonces? El problema está en la historia, que ya la conocemos y nos la sabemos de memoria.
3. LOS PERSONAJES.
Soy el primero en afirmar que si en vez de bichos azules fueran actores de carne y hueso y en vez de un planeta vaya usted a saber dónde fuese el Amazonas y en vez de unos cabrones buscando minerales raros, fuera una empresa madedera, a mí me gustaría más. Si la imagen fuera imagen real todo el rato en vez de dibujos animados (motion capture o como lo queráis llamar, para mí dibujos animados) pues a mi me gustaría muchísimo más. Y me emocionaría más aún. Y entraría mucho más en la historia. Sin embargo, ha logrado que empaticemos ¡y de qué manera! con unas cosas azules. Ojo.
4. LA DURACIÓN.
Casi tres horas. Sinceramente, no creo que el sobre ni un frame. ¿Por qué? Porque en ningún momento te aburres. ¿Que hay cosas que se podrían eliminar? Por supuesto. Hay mucha redundancia, demasiada voz en off pedorra y tonterías que no pasaría nada si no estuvieran. Pero a todas las películas les podéis quitar unos minutos o incluso una hora y no sucedería nada. A Avatar le puedes quitar una hora, pero también a Lo que le viento se llevó. Y a Centauros del desierto un cuarto de hora y a Ciudadano Kane otros diez minutos. Y no pasaría nada. Algo se perdería, claro. Pero la historia funcionaría igual.
5. EL NUEVO LENGUAJE.
El mayor error de todos es pensar que Avatar iba a ser el Ciudadano Kane del 3D. ¡Si el nuevo 3D lleva cuatro días funcionando! Orson Welles recopiló todo lo que existía hasta entonces e innovó mucho más allá, pero sobre métodos que implicaban el propio lenguaje. Cameron ha innovado en tecnología, punto 1. Ha puesto la tecnología nueva del 3D al servicio de los cineastas para que desarrollemos el lenguaje. No hay nada grande en 3D a día de hoy (salvo U2-3D, que le da mil vueltas a Avatar) como para innovar tanto lingüísticamente. Avatar es lo que es, ni más ni menos. A partir de ahora iremos construyendo el lenguaje del 3D.
6. EL 3D.
Precisamente, Avatar ha conseguido lo que pretendía: Revolucionar el cine. ¿Por qué? Porque ha conseguido que todos vayamos a verla. Porque ha conseguido que millones de personas se pongan unas gafas y vayan al cine. Con otras películas de 3D anteriores, la gente decía: "joder, vaya coñazo el 3D, las gafas son un rollo, me mareo, no veo el 3D..." con Avatar NADIE dice eso. Yo soy el primero que me cansé de tener tres horas las gafas puestas, pero eso es falta de costumbre. Y las gafas desaparecerán. Pero en el camino, Avatar ha revolucionado el cine, porque ha revolucionado el concepto de ir al cine. Nadie habla nada malo del 3D, nadie se queja, nadie dice nada de las gafas, nadie comenta que esto o aquello no lo ven. Las primeras películas en color eran rechazadas por el público, se desconojaban. Hasta películas como Lo que el viento se llevó, donde se empezó a pensar con la cabeza. La película de Cameron ha hecho exactamente lo mismo. Avatar ha revolucionado el cine, porque ha logrado que la gente acepte el 3D.
Y ahora a mirar palante, que tampoco hay que buscarle tres pies al gato.
P.D.: Por otra parte, siempre hay un entusiasmo exacerbado en machacar las superproducciones. También debería tenerse en cuenta que las juzgamos con muchísima más dureza. Ah, sí porque tienen tanto dinero que es un pecado que lo hagan mal, ¿no? Me gustaría ver a los críticos con las superproducciones al frente de una, a ver con qué estómago la sacaban adelante.