
martes, 12 de febrero de 2008
Adiós, Mr. Scheider

domingo, 27 de enero de 2008
Una pica en Flanders
Una alegría tremenda. Sin más, eso es lo que me ocurre al pensar que dentro de nada – un día antes de mi cumpleaños, por cierto – Javier Bardem puede ganar el Oscar. Yo creo firmemente que lo va a ganar, lo espero con todas mis fuerzas. Eso sería un gran triunfo para la esforzada gente que se dedica al cine e intenta traspasar las trasnochadas fronteras que, por suerte, van remitiendo. El primero, claro está, que se me viene a la cabeza es Nacho Vigalondo. No sé hasta qué punto puedo decir nada de lo que me va llegando, así que me limitaré repetir lo que él confirma en su web: Steve Zaillan será el productor del remake de Los Cronocrímenes. Eso es algo que me parece maravilloso. Álex Pastor, Luiso Berdejo y seguro que alguno más que me dejo también están ya allí, en la Tierra Prometida, como los pioneros que se fueron a colonizar el desierto.
Que en un año Javier Bardem gane un Oscar, Nacho ruede una película en Estados Unidos (a la vez que se hace el remake de la suya) y otros cineastas de la tierra hagan lo propio incluso con Kevin Costner, es algo que me llena de alegría y esperanza. Esperanza de que el cine español no es – o no será – como dice Daniel Sánchez-Arévalo en El País Semanal “una especie de marca en las estanterías de los centros comerciales”. Creo que soy todo lo contrario a las nacionalidades y a sentirme “español”, pero sí que es cierto que este país nuestro es muy jodido con respecto a muchas cosas, una de ellas el cine, claro. Si el PP gana las próximas elecciones, que dios nos coja confesados a los cineastas – presentes y futuros – porque vamos a sudar tinta china. Por eso me parece una grandísima noticia que se abran las fronteras, que vayamos a otros sitios, que conquistemos la cima del mundo – del cine, claro – y que dejemos de mirarnos tanto el ombligo y de tonterías muy cañí que ya huelen a refrito.
Vigalondo es posiblemente el cineasta más despierto, capaz y con control que ha parido esta tierra. Su generación es la Nueva Esperanza. Koldo Serra, Borja Cobeaga, todos ellos son LA HOSTIA. Que sean ellos los que abran las puertas de este país atrasado es fundamental. No soy adivino, pero sé que con ellos al frente, nos esperan años de buenas y novedosas películas. Esperanza, eso es lo que traen.
Simplemente dar la enhorabuena desde esta humilde página al señor Bardem, así como a Nacho Vigalondo. Es apasionante verles allí…
P.D.: Un pequeño apunte que mucha gente no entenderá: Yo no soy aficionado en absoluto al fútbol, pero de un tiempo a esta parte, me he visto inmerso en los devaneos del Real Zaragoza. Realicé un spot para Elanuario.net, producido por Elipsis Producciones, que protagonizaba Víctor Fernández y eso fue lo que me llevó a seguir algún que otro partido y todo el rollo mediático que le ha seguido hasta que, hace nada, fue destituido. Desde aquí, solamente quería hacerle llegar nuestro apoyo, fue una suerte haberle conocido en aquél rodaje y un privilegio haber trabajado con él.
jueves, 17 de enero de 2008
Val del Omar: Acariño galaico (De barro)

En 1961 Val del Omar regresa a tierras gallegas, a las que ya había acudido como misionero, y comienza el rodaje de Acariño galaico (De barro), su elemental inicialmente dedicado al aire; tras un encuentro con el enigmático escultor Arturo Baltar, el proyecto evolucionará hacia convertirse en el elemental del barro, la fusión del agua con la tierra. Val del Omar retomará intermitentemente el proyecto en años posteriores, con el objetivo de integrarlo dentro de su fresco cinematográfico Tríptico elemental de España.
En 1981, un año antes de su muerte, retomó el montaje, aunque la película quedó finalmente inconclusa, tal vez, como apunta el investigador Rafael R. Tranche, por la propia voluntad expresa de Val del Omar de no cerrar su obra. La película es terminada por Javier Codesal bajo la supervisión técnica de Rafael R. Tranche, siguiendo un copión de vídeo casi definitivo y los sonidos grabados e indicaciones manuscritas que había dejado Val del Omar para la elaboración del montaje de la banda sonora.
lunes, 24 de diciembre de 2007
Rock my Xmas...
Bueno, sobran las palabras.¡Feliz Navidad a todo el mundo! ¡Que el 2008 sea la hostia y no las hostias que ha sido este año que se va! Sé que lo he contado en alguna otra ocasión, pero para mí el mejor Christma es el que Tinieblas González nos firmó a mi amigo Álvaro Arrúe y a mi hace unos años... Nos puso: "Ojalá pete la Navidad".
Solo ha sido superado por el garabato de la entonces ministra de cultura (en qué estarían pensando) Esperanza Aguirre. Las mismas Ratas, en el transcurso del Festival de San Sebastián, cuando estrenaban la Lolita de Adrian Lyne, todos iban a por Jeremy Irons. Nosotros, no. Fuimos a por Espe. Ella se alegró tanto que no se pudo negar a dedicarnos un autógrafo en la postal free que le habíamos dado. Todo había sido premeditado unos días antes, durante esa proyección del documental del Ché Guevara... Naturalmente, cuando Espe vio que firmaba sobre la cara del Ché, nos miró como seguro que mira a Gallardón cada vez que tienen que dedicarse palabras de amor. Bueno, ya sé que no es una anécdota navideña, pero ¿qué más da?
Pasadlo bien, que no es poco!
sábado, 22 de diciembre de 2007
En las minas del rey…
… Salomón es el último corto del amigo Nacho Lasierra. Ayer se estrenó. Yo estoy un poco de vuelta de esta clase de saraos, porque siempre hay tensiones y compañías que no quisieras frecuentar, sin embargo, no se le deja plantado a un compañero y, además, la cosa estuvo realmente bien.Nacho y yo no compartimos nada en lo cinematográfico, somos diametralmente opuestos en concepción, lenguaje, estética e ideas. Ya no sólo al realizar algo, también al ver cine (¡¡no le gusta La jauría humana, virgen santísima!!), pero aunque sean distintos nuestros sentidos cinematográficos, amamos el cine. Eso se nota cuando hablas con Nacho. Aunque no coincidas, notas cuando a alguien le gusta el cine de verdad. Nacho no es uno de esos pelagatos que “les gusta el cine” para presumir – no sé de qué – ni los que se las dan de “trabajo en el cine” para presumir – no sé de qué –. Además de todo eso, le quiero como a un primo que ves de cuando en cuando o algo así, ya que su madre, Aurora, es también como de mi familia.
Y por eso, como pasa siempre con estas cosas, la parcialidad se cierne como una espada de Damocles sobre las opiniones. Ya se sabe, donde hay confianza, da asco. Por eso tenía algo de miedo antes de ver el corto, ya que el tráiler me había dejado insatisfecho y no tenía ninguna gana de decirle a Nacho que el corto no me había gustado. Sin embargo, el corto es auténticamente bueno. Por eso me alegré enormemente – sí, sé que a veces no lo demuestro como debería – cuando acabó la proyección y el corto me había emocionado. Lo mejor de Salomón, es que es una vuelta de tuerca al cine social. Ya quisieran los León de Aranoa del mundo pensar en esos términos. Lo que yo temía por el tráiler es que fuera una muestra más del cine rancio de este país de abuelos racistas insultando a negros. Estoy harto de eso, sinceramente. Pero Salomón es todo lo contrario. Se adentra en un terreno peliagudo y lo salva con creces. ¿Cómo? Pues con un guión sólido.
Empezar un corto con un premio que te da pasta para realizarlo es un buen empujón. Ese premio fue al mejor guión. Totalmente bien entregado. Nacho deja claro en Salomón que ha aprendido mucho sobre el sacrificado oficio del guionista, sobre cómo dar la vuelta a los convencionalismos y tratar un tema, que parecía más trillado que el destape, de una manera que ya querrían muchos cortometrajistas y también largometrajistas. Por otra parte, me acordé mucho de aquellos días de agosto en Albarracín, cuando me contaba lo mal que lo había pasado y cómo había tenido que renunciar a tanto. Quizá, en la realización es donde más se resienta eso, pero el guión de Nacho, construido como los raíles de una locomotora, te lleva hasta el final como un tiro. Además, Txema Blasco y Emilio Bualé se comen la pantalla. Hay mucho oficio en la dirección de actores, hay unos objetivos claros y una puesta en escena firme impuesta con tino por su director. No sé si tenía en mente El padrino para la escena de las fiestas del pueblo, pero ciertos pasajes de la boda en la película de Coppola, me vinieron a la mente irremediablemente en Salomón. Nacho ha aprendido un montón desde Rastro y, para quien haya visto Salomón, mis palabras sobran.
Además, la proyección fue en HD, lo cual fue una auténtica suerte y delicia, aunque mi única objeción vaya para la fotografía, la cual no entendí, aunque seguramente es que no era mi día (y tenga que verla de nuevo), ya que Fran Fernández siempre ha destacado por hacer cosas fabulosas. A todo esto, sumémosle que entre la gente a la que Nacho advirtió con lágrimas en los ojos, aunque no se lo crea y no me viera, estaba yo. Reteniéndolas, pues esa línea de Txema Blasco “si lo ves, dáselas”, funciona a la perfección.
Enhorabuena a todo el clan Lasierra porque sé que sufristeis como demonios haciendo este proyecto que, muchos de los que presumen de hacer cortos, querrían haber hecho. Es una suerte que podamos verlo.
jueves, 13 de diciembre de 2007
Una historia por entregas
Aquí, abajo, encontraréis la primera.
Por supuesto os invito a completar vuestra propia versión de la historia en Comentarios.
La segunda y última entrega, en siete días.

El primer recuerdo que conservo con claridad de aquella incursión en terreno desconocido es la sensación de la barandilla helada al contacto con mi mano desnuda. Esperaba, convenientemente abrigado, la llegada del tren de las 18.27, con el cuello de mi gabardina subido hasta la extenuación. Consulté una vez más la esfera de mi reloj: de tan maltratada que estaba me costaba distinguir la posición de las manecillas. El miedo a llegar tarde había hecho que me adelantara al encuentro más de lo necesario. Escuché al poco, de fondo, el siseo rítmico del tren, suave como la seda y, a la vez, pesado como el plomo. La noche comenzaba a extender sus dominios y la temperatura disminuía bruscamente como prolegómeno de su llegada.
El andén comenzó a despejarse del gentío y el tren reanudó su marcha y su siseo nocturno. Un cartel luminoso colgado del techo anunció, con letras rojas:
Destino Colonia Lee
13 MIN.
Pronto, aquella mujer dejó atrás a los adolescentes y tomó la escalera, en cuyo descansillo yo la esperaba. Cuando me vio al fin, noté el impacto de mi presencia en las facciones de su rostro. Tal vez pensara que yo no acudiría finalmente a la cita; tal vez se hubiera olvidado de ella; tal vez se hubiera arrepentido… Bajó con lentitud por el lado interior de la escalera, deslizando su mano izquierda, enfundada en cuero, por la barandilla. Esperé cualquier señal que certificara de manera definitiva su identidad. Y, mientras la escrutaba sin miramientos, temí haberme equivocado de persona. El temor se disipó en dos segundos: cuando ella pasó a mi lado, su sonrisa lateral no dejó lugar en mí para duda alguna. Noté el intenso olor de su perfume. Recuerdo sus suaves notas de fragancia de manzana como el primer día. Aunque me desconcertó que no me hubiera dirigido una sola mirada tras reconocerme, su sonrisa lateral había sido tan discreta como cristalina en sus intenciones.
Cuando ella alcanzó el piso inferior, a nivel de calle, yo, comencé a seguirla.
sábado, 10 de noviembre de 2007
Punk is dead
Hace 30 años que Sex Pistols sacó su único disco Never mind the bollocks. Algo que se podría traducir como Me toca los huevos. Y más o menos esa es mi sensación con el punk.Hoy día que los mordenillos de mierda se han apoderado del término pop, no se puede utilizar sin que nos vengan a la cabeza una retahíla de imaginería indie, sensiblera, ñoña y estúpida. Sin embargo, toda música de masas se puede decir que es pop, de un modo u otro, precisamente por la connotación de “popular” que pop lleva en su origen. El punk también ha sido música pop.
Digo ha sido, porque hoy día el punk no mueve masas. Offspring no es punk y Green day tampoco. Tienen raíces en el punk, como las puede tener Juliette Lewis, pero no son punk. Hoy es posible que haya más grupos punk desconocidos y a contracorriente que lo hubo hace años. Porque hace años habría muchos más, pero un buen número de ellos saltó a la fama.
¿Cuándo un grupo de punk salta al estrellato deja de ser punk? En realidad, el punk no es más que otro engañabobos. Una mezcla de música, ideología y estética. Malcolm McLaren, manager de los Sex Pistols fue quien se lo sacó de la manga. Concibió Sex Pistols como unas Spice Girls de la calle, como si esas “chicas maravilla” fueran unas putas heroinómanas. La operación le salió redonda. Sex Pistols sólo tiene un disco, del que sólo merecen la pena tres canciones, y así se acabó la cosa. ¿Se acabó? Ni de coña.
Sex Pistols no es el punk. Decir eso sería como decir que Mozart es la música clásica, o Metallica el heavy metal. Hay mucho más allá de Sex Pistols, un grupo de laboratorio son mayor trascendencia musical. Atentos, he dicho musical. Porque lo que cuenta en Sex Pistols no es la música, sino la estética, la comunicación con las masas, la atracción. En una palabra: carisma.
Johnny Rotten era un modista fracasado. Quería hacerse su propia ropa, para que fuera única. Cogía andrajos de aquí y allá y, como entre pico y pico estaba tan ocupado como para no aprender a coser, se dedicaba a coger imperdibles y “coser” aquí y allá. Menuda cosa. Todos fliparon. Todos le copiaron. Joe Strummer apareció en la BBC con una especie de cresta mohicana que más bien parecía un gato muerto. Los hijos del punk se volvieron locos con esos y empezaron a diseñar sus crestas de infarto. Rotten, de nuevo, escupió por error en un concierto y eso se convirtió en norma del público hacia los grupos.
El punk es más una tendencia que un estilo musical. En todo movimiento tiene importancia no sólo la música, sino la idiosincrasia, el estilo, la ropa, la moda, los andares y las poses. Sin eso los hippies no serían lo que son. Ni los heavies, ni los raperos. Ya no estoy hablando de tribus urbanas de quinceañeros, lo cual me parece muy lejano, sino de movimiento estéticos y culturales. Sex Pistols supo y pudo encabezar ese movimiento, precisamente por todo lo falso de su origen, concepción y final. Tuvieron todos los ingredientes para ser “los mejores”: Un solo disco mítico, un nombre provocativo, una actitud desafiante, unos integrantes chalados, un mártir entre sus filas y, sobre todo, una línea argumental tan nihilista como la propia ideología punk.
Estaba cantado que no iban a durar mucho, al menos en activo, pero es posible que sean el grupo más famoso. Hay otros mucho mejores, como The Clash, The Ramones o incluso, Joy Division, pero Sex Pistols se lleva la palma a la fama y la fortuna.
El punk no existe y no puede existir como tal porque sus disposiciones, orígenes y metas son totalmente autodestructivas. Un movimiento en el que un yonki como Sid Vicious, que no pudo articular ni una palabra coherente en ninguna de sus entrevistas en vida, es elevado al podio de mártir no puede llegar a buen puerto. Porque además, el punk no quiere llegar a ningún puerto. Cuando hablan de destrucción, hablan de la suya propia. Es un movimiento que no puede avanzar ni progresar, porque está en su concepción que no haya avance ni progreso. Son un grupo involutivo y, lo siento por los que se sientan ofendidos, bastante reaccionario.
Todo eso de anarquía y lo que se supone que venden es una patraña como un templo. Todo lo que predican sobre lo de ir contra el sistema y acabar con él, es su única razón de ser. Digo predicarlo, no cumplirlo. El punk es un claro ejemplo de las ideologías o movimiento que se sostienen por la imposiblidad del cumplimiento de sus objetivos. Precisamente en la lucha entre los factores opuestos, están su fundamentación. El punk no puede vivir sin el capitalismo, sin venderse a la industria y sin tener a alguien a quien machacar. Sólo postulan la lucha, no la solución. Si en algún momento se aventuraran a decir cómo resolver los problemas que se supone que les preocupan, no llegarían a ninguna parte, se autodestruirían, porque es en la lucha contra un enemigo imposible de vencer donde está su esencia.
La autodestrucción es algo muy atractivo, no cabe duda.
miércoles, 7 de noviembre de 2007
Val del Omar: Fuego en Castilla

Continuamos con la revisión de la obra del director español José Val del Omar. Fuego en Castilla, es la segunda pieza que compone el Tríptico Elemental de España, obra cumbre del director precursor de la meca-mística. En ella, Val del Omar, pone en práctica dos de sus técnicas más célebres: la Diafonía (hoy irreproducible) y la Tactilvisión, de ahí su necesariamente largo período de gestación: tres años.
Aquí, su película anterior, Aguaespejo Granadino, la primera parte del Tríptico Elemental de España. Ahora, Fuego en Castilla.
VB
viernes, 2 de noviembre de 2007
Azcona desconocido: El Programa, de Theo Angelopoulus

Colaboración para www.batanbruits.com, la única web que aborda el cine desde un punto de vista metafísico. Visiten el corazón de un Imperio que se tambalea.
El Programa (I ekpombi, 1968) es el único cortometraje que rodó Theo Angeolopoulus antes de dedicarse a la realización de largometrajes. Su visionado pone de relieve una cadencia rítmica diferente al resto de su obra posterior; la influencia del guión de Rafael Azcona, decano de los guionistas españoles, se hace en éste punto más que evidente.
Azcona comenzó su carrera como guionista a las órdenes de Marco Ferreri, con El pisito (1959). Después llegarían sus colaboraciones con Luís García Berlanga en las aclamadas Plácido(1961) y El verdugo (1963). Su éxito internacional no tardaría en evidenciarse y pronto cineastas de las diferentes nuevas olas del cine europeo, solicitaron los servicios del prometedor logroñés. Es así como el joven Angelopoulus, todavía en plena fase formativa, contactó con Azcona:
“Yo había estado trabajando los primeros años de los sesenta como periodista, lo que me permitió ejercer la crítica cinematográfica y entrar en contacto con los nuevos cines. Pronto, gracias a una amistad bien avenida, conseguí algo de dinero de la televisión griega. Les convencí enseñándoles un cortometraje que hizo un colega danés acerca del hombre ideal. Ellos querían algo moderno, que escapara al encorsetamiento decadente que reinaba por doquier. [...] Merced a una serie de acuerdos militares, se tendieron puentes de entendimiento entre países del sur del Mediterráneo, como España y Portugal. Países que, como el mío, soportaban una férrea dictadura militar de derechas. En uno de esos intercambios, cerca de Atenas, conocí a Rafael.” ( Angelopoulus, Theo, Una mirada sobria alrededor de mis películas, Paidós Cine, Barcelona, 2002. Pág. 38.)
Sobre su tormentosa relación tenemos pocos datos. El crítico anglosajón Colin MacCabe, ha intentado arrojar algo de luz obre la cuestión en su obra Early Shots, Early Lifes: Angelopoulus on films. Parece ser que desde la misma génesis del proyecto, las posturas de ambos creadores fueron opuestas. Tal vez, por esa cuestión, el retrato de la moral griega no es tan corrosivo como cabría esperar. Así, lejos de denunciar la miseria moral imperante, objetivo último de Azcona, Angelopoulos ofrece una mirada distante y fría sobre los fenómenos que narra. De ahí que Azcona, visiblemente ultrajado, denunciara la prepotencia del director y sus devaneos con el marxismo-leninismo durante una de las periódicas reuniones del Comité Central para una Cinematografía Nacional, encabezado por el coronel Learco Venaki.
Con posterioridad Azcona continuó su periplo europeo y se trasladó a
VB
martes, 30 de octubre de 2007
Hay que llegar a Fuentes
Hace unos cuantos años que Raúl Guíu acuñó esta frase. Estábamos él y yo y José Antonio Aguilar en el escenario del cine de Fuentes de Ebro en pleno de desarrollo del festival. No recuerdo qué cortos llevábamos ese año, pero sí recuerdo que no estábamos dentro de la Sección Oficial. Eso fue en 1999.Fuentes de Ebro fue el primer festival que estuve. Fui en el 98, con Un parque con vistas, mi primer corto que se vio en un festival. Yo llevaba haciendo cortos desde 1996 y recuerdo las cosechas de aquél tiempo con una inocencia aplastante. El paso de los años ha hecho que en Aragón hiciésemos cortos complejos y nos superáramos sin freno. Recuerdo la primera reunión que tuvo la Asamblea de Cineastas Aragoneses (ACA) en la que se expuso el tema de hacernos la competencia entre nosotros o no. Jorge Blas dijo que él creía que la competencia era sana, que ayudaba a que mejorásemos y a superarnos. Suena a teoría neo-liberalista, pero es la pura verdad. No pudo estar más acertado.
Este año en Fuentes he visto cortos cojonudos. Y cuando digo cojonudos es porque son buenos, pero buenos de verdad. La mayor parte de la gente que me conoce sabe que no soy muy amigo de las historias intimistas, ni oníricas y, sobre todo, sociales. ¡Ni tan siquiera de ver cortos! A pesar de eso veo Besos robados mil y una veces y tengo El cielo protector de Bertolucci muy grabada en la memoria y Anguila de Imamura me dejó totalmente extasiado. Tres cortos me revolucionaron el cerebro en esta edición: El iglú de Carlos Val, Making of de Víctor Forniés y El talento de las Moscas de Laura Sipán.
Making of tiene unos encuadres que parecen de David Fincher, también hay un plano de Noches Rojas, todo hay que decirlo. Su trama se desarrolla con una agilidad, naturalidad y dinamismo que ya muchos quisiéramos para nuestros cortos. Los actores están increíbles, sobre todo María José Moreno, que se sale del cuadro. De verdad que me dejó aniquilado la puesta en escena, la soltura con la que está hecho todo y la fuerza de su metraje. La escena en la que el protagonista y María José Moreno se encuentran en la calle es absolutamente increíble. Eso parece el Bronx y no Zaragoza, y no es por las pintadas, el callejón y todo eso. Es por cómo suena, por el ambiente que se le ha dado a esa escena, por la que me parece estar viendo A la caza de Friedkin.
El talento de las moscas me ha dejado K.O. Yo, que soy peckinpahniano a muerte, y por por lo tanto me identifico más con un cine más masculino, a pesar de ser un cameroniano hasta la médula y mis personajes favoritos son los femeninos fuertes (Sarah Connor, Ellen Ripley), no he logrado ver aún un corto de corte intimista que me haya gustado hasta la admiración. Sin embargo, la ópera prima de Laura Sipán es toda una lección cinematográfica de fotografía, puesta en escena, montaje y sutileza. Digo bien alto que Sipán encabeza mi Hit List de directoras. ¿Cómo puede ser su ópera prima? Es apabullante, a mi me ha costado 11 años hacer algo que parezca profesional, pero ella nos ha dejado a todos a un lado. Talento, a raudales. El actor que interpreta a Saint-Exupery está formidable, en serio. Y el momento que se adivina El principito es digno de Spielberg. Yo, que ya sólo me emociono con películas de Raoul Walsh, en ese momento, me dio un vuelco el corazón. Si este es su primer corto, cuando haga un largo nos va a dejar a todos boquiabiertos y con los ojos como platos. Sólo por la secuencia pseudo-sexual, Laura Sipán podría ser hija de Orson Welles.
En cuanto a El Iglú, bueno, sencillamente se ha erigido en mi corto favorito este año. No tiene nada que ver con el cine que me suele gustar, pero puedo decir que tranquilamente que hay momentos en que parece que esté encuadrado, dirigido y montado por Sam Peckinpah. Es totalmente sorprendente. Carmen Barrantes, la protagonista es la actriz con más talento, soltura, naturalidad y frescura que ha dado el cine patrio en mucho tiempo. El momento de “no he tomado nunca café” es sencillamente prodigioso. Ese momento en que salta sobre el otro actor – que está soberbio – y se desnudan en su iglú es sin más palabras digno de Jean-Jacques Annaud en sus elaboradas secuencias sexuales. Y el final… qué decir de un final tan sencillo y que tanto dice. Me parece que es un corto maravilloso.
Ha sido todo un orgullo competir con cortos tan buenos. Jorge Blas tenía razón y la sigue teniendo. La competencia estimula la creatividad y hace que hagamos mejores obras. Yo no querría competir con cortos basura, quiero competir con los mejores y que los mejores me derroten, así querré superarme, hacer las cosas mejor, crecer y no rendirme.
Eso me lleva a decir dos cosas: Estoy orgullosísimo de que los presos de Daroca hayan elegido por unanimidad a Perceval como mejor corto para el premio Intramuros. Me llena mucho más ese premio que el de cualquier jurado, porque ellos no tienen nada que perder y podrían dárselo a cualquiera. Yo estuve hace un año dándoles una charla sobre cine, como tantos otros cortometrajistas de la tierra, y fue un auténtico placer y la mejor experiencia en cuanto a conversaciones de cine que he tenido – exceptuando, claro está, las que Víctor Berlín y yo tenemos –. Sin embargo, no puedo más que sorprenderme por la decisión del jurado al premiar a un corto tan amateur, poco trabajado, en absoluto fresco y deslabazado como Cuídala bien. No es una reacción de “Pablo se pica porque no ha ganado”, en absoluto, estoy más que contento con que se haya recompensado la producción del corto, con eso me bastaba, ya llevo unos cuantos años de festival en festival y los premios, llega un punto, en que te la sudan. No me esperaba ganar en Fuentes, ni mucho menos, y Javier Macipe, el director de Cuídala bien, bien sabe que me acerqué a darle la enhorabuena y que le ofrecí que cualquier cosa que necesitara no tenía más que pedirla. Creo que Javier hará dentro de un par de años un corto apabullante, toda una sorpresa, pero no creo que este fuera el mejor corto de este año. Si había un corto ganador era El talento de las moscas. Si no podía ganar al ser una ópera prima, deberían haberle dado una mención especial, porque que una ópera prima tenga tantísima calidad es absolutamente increíble. Deberían haberse saltado todas las normas y dárselo a ella.
Sigo creyendo lo que Jorge dijo y hay que hacer cortos de calidad, hay que superar y hay que apoyar los cortos con un trabajo concienzudo detrás. Cualquiera de los tres favoritos que he dicho se merecía ganar.