lunes, 24 de diciembre de 2007

Rock my Xmas...

Bueno, sobran las palabras.


¡Feliz Navidad a todo el mundo! ¡Que el 2008 sea la hostia y no las hostias que ha sido este año que se va! Sé que lo he contado en alguna otra ocasión, pero para mí el mejor Christma es el que Tinieblas González nos firmó a mi amigo Álvaro Arrúe y a mi hace unos años... Nos puso: "Ojalá pete la Navidad".


Solo ha sido superado por el garabato de la entonces ministra de cultura (en qué estarían pensando) Esperanza Aguirre. Las mismas Ratas, en el transcurso del Festival de San Sebastián, cuando estrenaban la Lolita de Adrian Lyne, todos iban a por Jeremy Irons. Nosotros, no. Fuimos a por Espe. Ella se alegró tanto que no se pudo negar a dedicarnos un autógrafo en la postal free que le habíamos dado. Todo había sido premeditado unos días antes, durante esa proyección del documental del Ché Guevara... Naturalmente, cuando Espe vio que firmaba sobre la cara del Ché, nos miró como seguro que mira a Gallardón cada vez que tienen que dedicarse palabras de amor. Bueno, ya sé que no es una anécdota navideña, pero ¿qué más da?


Pasadlo bien, que no es poco!

sábado, 22 de diciembre de 2007

En las minas del rey…

Salomón es el último corto del amigo Nacho Lasierra. Ayer se estrenó. Yo estoy un poco de vuelta de esta clase de saraos, porque siempre hay tensiones y compañías que no quisieras frecuentar, sin embargo, no se le deja plantado a un compañero y, además, la cosa estuvo realmente bien.

Nacho y yo no compartimos nada en lo cinematográfico, somos diametralmente opuestos en concepción, lenguaje, estética e ideas. Ya no sólo al realizar algo, también al ver cine (¡¡no le gusta La jauría humana, virgen santísima!!), pero aunque sean distintos nuestros sentidos cinematográficos, amamos el cine. Eso se nota cuando hablas con Nacho. Aunque no coincidas, notas cuando a alguien le gusta el cine de verdad. Nacho no es uno de esos pelagatos que “les gusta el cine” para presumir – no sé de qué – ni los que se las dan de “trabajo en el cine” para presumir – no sé de qué –. Además de todo eso, le quiero como a un primo que ves de cuando en cuando o algo así, ya que su madre, Aurora, es también como de mi familia.

Y por eso, como pasa siempre con estas cosas, la parcialidad se cierne como una espada de Damocles sobre las opiniones. Ya se sabe, donde hay confianza, da asco. Por eso tenía algo de miedo antes de ver el corto, ya que el tráiler me había dejado insatisfecho y no tenía ninguna gana de decirle a Nacho que el corto no me había gustado. Sin embargo, el corto es auténticamente bueno. Por eso me alegré enormemente – sí, sé que a veces no lo demuestro como debería – cuando acabó la proyección y el corto me había emocionado. Lo mejor de Salomón, es que es una vuelta de tuerca al cine social. Ya quisieran los León de Aranoa del mundo pensar en esos términos. Lo que yo temía por el tráiler es que fuera una muestra más del cine rancio de este país de abuelos racistas insultando a negros. Estoy harto de eso, sinceramente. Pero Salomón es todo lo contrario. Se adentra en un terreno peliagudo y lo salva con creces. ¿Cómo? Pues con un guión sólido.

Empezar un corto con un premio que te da pasta para realizarlo es un buen empujón. Ese premio fue al mejor guión. Totalmente bien entregado. Nacho deja claro en Salomón que ha aprendido mucho sobre el sacrificado oficio del guionista, sobre cómo dar la vuelta a los convencionalismos y tratar un tema, que parecía más trillado que el destape, de una manera que ya querrían muchos cortometrajistas y también largometrajistas. Por otra parte, me acordé mucho de aquellos días de agosto en Albarracín, cuando me contaba lo mal que lo había pasado y cómo había tenido que renunciar a tanto. Quizá, en la realización es donde más se resienta eso, pero el guión de Nacho, construido como los raíles de una locomotora, te lleva hasta el final como un tiro. Además, Txema Blasco y Emilio Bualé se comen la pantalla. Hay mucho oficio en la dirección de actores, hay unos objetivos claros y una puesta en escena firme impuesta con tino por su director. No sé si tenía en mente El padrino para la escena de las fiestas del pueblo, pero ciertos pasajes de la boda en la película de Coppola, me vinieron a la mente irremediablemente en Salomón. Nacho ha aprendido un montón desde Rastro y, para quien haya visto Salomón, mis palabras sobran.

Además, la proyección fue en HD, lo cual fue una auténtica suerte y delicia, aunque mi única objeción vaya para la fotografía, la cual no entendí, aunque seguramente es que no era mi día (y tenga que verla de nuevo), ya que Fran Fernández siempre ha destacado por hacer cosas fabulosas. A todo esto, sumémosle que entre la gente a la que Nacho advirtió con lágrimas en los ojos, aunque no se lo crea y no me viera, estaba yo. Reteniéndolas, pues esa línea de Txema Blasco “si lo ves, dáselas”, funciona a la perfección.
Lo que más me gusta de Salomón es que triunfa donde otros acercamientos al mundo rural, xenófobo, hermético y endogámico, fracasan. Muchas otras visiones de ese tipo son absolutamente reaccionarias y la de Nacho es totalmente innovadora y esperanzadora. Espero que así lo sepan ver los jurados, tan anclados en la ranciedad.

Enhorabuena a todo el clan Lasierra porque sé que sufristeis como demonios haciendo este proyecto que, muchos de los que presumen de hacer cortos, querrían haber hecho. Es una suerte que podamos verlo.

jueves, 13 de diciembre de 2007

Una historia por entregas

La siguiente historia se presenta fragmentada en dos entregas.

Aquí, abajo, encontraréis la primera.

Por supuesto os invito a completar vuestra propia versión de la historia en Comentarios.

La segunda y última entrega, en siete días.


Entrega Primera

El primer recuerdo que conservo con claridad de aquella incursión en terreno desconocido es la sensación de la barandilla helada al contacto con mi mano desnuda. Esperaba, convenientemente abrigado, la llegada del tren de las 18.27, con el cuello de mi gabardina subido hasta la extenuación. Consulté una vez más la esfera de mi reloj: de tan maltratada que estaba me costaba distinguir la posición de las manecillas. El miedo a llegar tarde había hecho que me adelantara al encuentro más de lo necesario. Escuché al poco, de fondo, el siseo rítmico del tren, suave como la seda y, a la vez, pesado como el plomo. La noche comenzaba a extender sus dominios y la temperatura disminuía bruscamente como prolegómeno de su llegada.

Aquel siseo no tardó en crecer de intensidad; pronto, su presencia fue soberana en los andenes de la estación. Se trataba de un convoy moderno de formas redondeadas de color blanco. Me llamó la atención la elegancia de su deslizamiento constante, su inteligente iluminación. El tren detuvo su marcha y con ello casi desapareció el sisear eléctrico de sus motores. Las puertas se abrieron de manera automática y un torrente de humanidad invadió el andén, hasta entonces baldío. En aquella estación periférica parecía que podías encontrar a personas de todas las razas, colores y confesión. Así, al mismo tiempo que percibí el tufo del sudor reseco en la espalda del obrero, percibí el perfume desgastado que emanaba del cuello de jóvenes mecanógrafas. Y vi como hombres trajeados con maletín en mano, elevados profesionales de la ejecución y las finanzas, fintaban a los distraídos escolares. Me repugnaba aquel ritual de masas que acontecía día tras día. Inexorable como duro es el acero; punzante como el aguijón de la alimaña recién afilado. Todo aquel carnaval se desplazaba con la rapidez propia de aquellos caminos que han sido cien mil veces recorridos. De hecho, sus elecciones, por numerosas que fueran, no merecían tal nombre.

El andén comenzó a despejarse del gentío y el tren reanudó su marcha y su siseo nocturno. Un cartel luminoso colgado del techo anunció, con letras rojas:


PROXIMO TREN LIGERO
Destino Colonia Lee
13 MIN.


A ella la vi, por fin, tras una pareja de adolescentes que remoloneaba en el extremo izquierdo del andén. Portaba un largo abrigo negro, de un tejido que aun hoy, después de tanto tiempo, no sabría identificar. Su bonita figura, homenaje a la curva-contracurva femenina, era coronada por una larga melena negra que en su caída se enroscaba traviesa en docenas de direcciones. En mi imaginación era unos centímetros más alta… aunque tal vez me equivocaba de persona. Aquella mujer, no parecía buscar a su alrededor en busca de nadie; su mirada se clavaba en el horizonte, teñido de un azul cada vez más oscuro. Esperé, impaciente, a que pasará por mi lado, al fin y al cabo las escaleras donde me apoyaba eran el único punto de salida-entrada de la estación.

Pronto, aquella mujer dejó atrás a los adolescentes y tomó la escalera, en cuyo descansillo yo la esperaba. Cuando me vio al fin, noté el impacto de mi presencia en las facciones de su rostro. Tal vez pensara que yo no acudiría finalmente a la cita; tal vez se hubiera olvidado de ella; tal vez se hubiera arrepentido… Bajó con lentitud por el lado interior de la escalera, deslizando su mano izquierda, enfundada en cuero, por la barandilla. Esperé cualquier señal que certificara de manera definitiva su identidad. Y, mientras la escrutaba sin miramientos, temí haberme equivocado de persona. El temor se disipó en dos segundos: cuando ella pasó a mi lado, su sonrisa lateral no dejó lugar en mí para duda alguna. Noté el intenso olor de su perfume. Recuerdo sus suaves notas de fragancia de manzana como el primer día. Aunque me desconcertó que no me hubiera dirigido una sola mirada tras reconocerme, su sonrisa lateral había sido tan discreta como cristalina en sus intenciones.

Cuando ella alcanzó el piso inferior, a nivel de calle, yo, comencé a seguirla.

VB


sábado, 10 de noviembre de 2007

Punk is dead

Hace 30 años que Sex Pistols sacó su único disco Never mind the bollocks. Algo que se podría traducir como Me toca los huevos. Y más o menos esa es mi sensación con el punk.

Hoy día que los mordenillos de mierda se han apoderado del término pop, no se puede utilizar sin que nos vengan a la cabeza una retahíla de imaginería indie, sensiblera, ñoña y estúpida. Sin embargo, toda música de masas se puede decir que es pop, de un modo u otro, precisamente por la connotación de “popular” que pop lleva en su origen. El punk también ha sido música pop.

Digo ha sido, porque hoy día el punk no mueve masas. Offspring no es punk y Green day tampoco. Tienen raíces en el punk, como las puede tener Juliette Lewis, pero no son punk. Hoy es posible que haya más grupos punk desconocidos y a contracorriente que lo hubo hace años. Porque hace años habría muchos más, pero un buen número de ellos saltó a la fama.

¿Cuándo un grupo de punk salta al estrellato deja de ser punk? En realidad, el punk no es más que otro engañabobos. Una mezcla de música, ideología y estética. Malcolm McLaren, manager de los Sex Pistols fue quien se lo sacó de la manga. Concibió Sex Pistols como unas Spice Girls de la calle, como si esas “chicas maravilla” fueran unas putas heroinómanas. La operación le salió redonda. Sex Pistols sólo tiene un disco, del que sólo merecen la pena tres canciones, y así se acabó la cosa. ¿Se acabó? Ni de coña.

Sex Pistols no es el punk. Decir eso sería como decir que Mozart es la música clásica, o Metallica el heavy metal. Hay mucho más allá de Sex Pistols, un grupo de laboratorio son mayor trascendencia musical. Atentos, he dicho musical. Porque lo que cuenta en Sex Pistols no es la música, sino la estética, la comunicación con las masas, la atracción. En una palabra: carisma.

Johnny Rotten era un modista fracasado. Quería hacerse su propia ropa, para que fuera única. Cogía andrajos de aquí y allá y, como entre pico y pico estaba tan ocupado como para no aprender a coser, se dedicaba a coger imperdibles y “coser” aquí y allá. Menuda cosa. Todos fliparon. Todos le copiaron. Joe Strummer apareció en la BBC con una especie de cresta mohicana que más bien parecía un gato muerto. Los hijos del punk se volvieron locos con esos y empezaron a diseñar sus crestas de infarto. Rotten, de nuevo, escupió por error en un concierto y eso se convirtió en norma del público hacia los grupos.

El punk es más una tendencia que un estilo musical. En todo movimiento tiene importancia no sólo la música, sino la idiosincrasia, el estilo, la ropa, la moda, los andares y las poses. Sin eso los hippies no serían lo que son. Ni los heavies, ni los raperos. Ya no estoy hablando de tribus urbanas de quinceañeros, lo cual me parece muy lejano, sino de movimiento estéticos y culturales. Sex Pistols supo y pudo encabezar ese movimiento, precisamente por todo lo falso de su origen, concepción y final. Tuvieron todos los ingredientes para ser “los mejores”: Un solo disco mítico, un nombre provocativo, una actitud desafiante, unos integrantes chalados, un mártir entre sus filas y, sobre todo, una línea argumental tan nihilista como la propia ideología punk.

Estaba cantado que no iban a durar mucho, al menos en activo, pero es posible que sean el grupo más famoso. Hay otros mucho mejores, como The Clash, The Ramones o incluso, Joy Division, pero Sex Pistols se lleva la palma a la fama y la fortuna.

El punk no existe y no puede existir como tal porque sus disposiciones, orígenes y metas son totalmente autodestructivas. Un movimiento en el que un yonki como Sid Vicious, que no pudo articular ni una palabra coherente en ninguna de sus entrevistas en vida, es elevado al podio de mártir no puede llegar a buen puerto. Porque además, el punk no quiere llegar a ningún puerto. Cuando hablan de destrucción, hablan de la suya propia. Es un movimiento que no puede avanzar ni progresar, porque está en su concepción que no haya avance ni progreso. Son un grupo involutivo y, lo siento por los que se sientan ofendidos, bastante reaccionario.

Todo eso de anarquía y lo que se supone que venden es una patraña como un templo. Todo lo que predican sobre lo de ir contra el sistema y acabar con él, es su única razón de ser. Digo predicarlo, no cumplirlo. El punk es un claro ejemplo de las ideologías o movimiento que se sostienen por la imposiblidad del cumplimiento de sus objetivos. Precisamente en la lucha entre los factores opuestos, están su fundamentación. El punk no puede vivir sin el capitalismo, sin venderse a la industria y sin tener a alguien a quien machacar. Sólo postulan la lucha, no la solución. Si en algún momento se aventuraran a decir cómo resolver los problemas que se supone que les preocupan, no llegarían a ninguna parte, se autodestruirían, porque es en la lucha contra un enemigo imposible de vencer donde está su esencia.

La autodestrucción es algo muy atractivo, no cabe duda.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Val del Omar: Fuego en Castilla


Continuamos con la revisión de la obra del director español José Val del Omar. Fuego en Castilla, es la segunda pieza que compone el Tríptico Elemental de España, obra cumbre del director precursor de la meca-mística. En ella, Val del Omar, pone en práctica dos de sus técnicas más célebres: la Diafonía (hoy irreproducible) y la Tactilvisión, de ahí su necesariamente largo período de gestación: tres años.

Aquí, su película anterior, Aguaespejo Granadino, la primera parte del Tríptico Elemental de España. Ahora, Fuego en Castilla.

VB




viernes, 2 de noviembre de 2007

Azcona desconocido: El Programa, de Theo Angelopoulus

Colaboración para www.batanbruits.com, la única web que aborda el cine desde un punto de vista metafísico. Visiten el corazón de un Imperio que se tambalea.

El Programa (I ekpombi, 1968) es el único cortometraje que rodó Theo Angeolopoulus antes de dedicarse a la realización de largometrajes. Su visionado pone de relieve una cadencia rítmica diferente al resto de su obra posterior; la influencia del guión de Rafael Azcona, decano de los guionistas españoles, se hace en éste punto más que evidente.


Azcona comenzó su carrera como guionista a las órdenes de Marco Ferreri, con El pisito (1959). Después llegarían sus colaboraciones con Luís García Berlanga en las aclamadas Plácido(1961) y El verdugo (1963). Su éxito internacional no tardaría en evidenciarse y pronto cineastas de las diferentes nuevas olas del cine europeo, solicitaron los servicios del prometedor logroñés. Es así como el joven Angelopoulus, todavía en plena fase formativa, contactó con Azcona:


Yo había estado trabajando los primeros años de los sesenta como periodista, lo que me permitió ejercer la crítica cinematográfica y entrar en contacto con los nuevos cines. Pronto, gracias a una amistad bien avenida, conseguí algo de dinero de la televisión griega. Les convencí enseñándoles un cortometraje que hizo un colega danés acerca del hombre ideal. Ellos querían algo moderno, que escapara al encorsetamiento decadente que reinaba por doquier. [...] Merced a una serie de acuerdos militares, se tendieron puentes de entendimiento entre países del sur del Mediterráneo, como España y Portugal. Países que, como el mío, soportaban una férrea dictadura militar de derechas. En uno de esos intercambios, cerca de Atenas, conocí a Rafael.” ( Angelopoulus, Theo, Una mirada sobria alrededor de mis películas, Paidós Cine, Barcelona, 2002. Pág. 38.)


Sobre su tormentosa relación tenemos pocos datos. El crítico anglosajón Colin MacCabe, ha intentado arrojar algo de luz obre la cuestión en su obra Early Shots, Early Lifes: Angelopoulus on films. Parece ser que desde la misma génesis del proyecto, las posturas de ambos creadores fueron opuestas. Tal vez, por esa cuestión, el retrato de la moral griega no es tan corrosivo como cabría esperar. Así, lejos de denunciar la miseria moral imperante, objetivo último de Azcona, Angelopoulos ofrece una mirada distante y fría sobre los fenómenos que narra. De ahí que Azcona, visiblemente ultrajado, denunciara la prepotencia del director y sus devaneos con el marxismo-leninismo durante una de las periódicas reuniones del Comité Central para una Cinematografía Nacional, encabezado por el coronel Learco Venaki.


Con posterioridad Azcona continuó su periplo europeo y se trasladó a la Isla de Färo, en Suecia, para trabajar en el guión de la segunda parte de Fresas Salvajes (1957), codo a codo con Ingmar Bergman. Colaboración fallida, que luego serviría al propio Azcona para dar forma a La prima Angélica (1973), donde Victor Sjöström era sustituido por José Luís López Vázquez, a las órdenes del cineasta español Carlos Saura. Ese año 1973 fue el año en que Ferreri rodó La gran comilona (1973), el film que pondría punto final al poco conocido itinerario europeo de Azcona.

VB


martes, 30 de octubre de 2007

Hay que llegar a Fuentes

Hace unos cuantos años que Raúl Guíu acuñó esta frase. Estábamos él y yo y José Antonio Aguilar en el escenario del cine de Fuentes de Ebro en pleno de desarrollo del festival. No recuerdo qué cortos llevábamos ese año, pero sí recuerdo que no estábamos dentro de la Sección Oficial. Eso fue en 1999.

Fuentes de Ebro fue el primer festival que estuve. Fui en el 98, con Un parque con vistas, mi primer corto que se vio en un festival. Yo llevaba haciendo cortos desde 1996 y recuerdo las cosechas de aquél tiempo con una inocencia aplastante. El paso de los años ha hecho que en Aragón hiciésemos cortos complejos y nos superáramos sin freno. Recuerdo la primera reunión que tuvo la Asamblea de Cineastas Aragoneses (ACA) en la que se expuso el tema de hacernos la competencia entre nosotros o no. Jorge Blas dijo que él creía que la competencia era sana, que ayudaba a que mejorásemos y a superarnos. Suena a teoría neo-liberalista, pero es la pura verdad. No pudo estar más acertado.

Este año en Fuentes he visto cortos cojonudos. Y cuando digo cojonudos es porque son buenos, pero buenos de verdad. La mayor parte de la gente que me conoce sabe que no soy muy amigo de las historias intimistas, ni oníricas y, sobre todo, sociales. ¡Ni tan siquiera de ver cortos! A pesar de eso veo Besos robados mil y una veces y tengo El cielo protector de Bertolucci muy grabada en la memoria y Anguila de Imamura me dejó totalmente extasiado. Tres cortos me revolucionaron el cerebro en esta edición: El iglú de Carlos Val, Making of de Víctor Forniés y El talento de las Moscas de Laura Sipán.

Making of tiene unos encuadres que parecen de David Fincher, también hay un plano de Noches Rojas, todo hay que decirlo. Su trama se desarrolla con una agilidad, naturalidad y dinamismo que ya muchos quisiéramos para nuestros cortos. Los actores están increíbles, sobre todo María José Moreno, que se sale del cuadro. De verdad que me dejó aniquilado la puesta en escena, la soltura con la que está hecho todo y la fuerza de su metraje. La escena en la que el protagonista y María José Moreno se encuentran en la calle es absolutamente increíble. Eso parece el Bronx y no Zaragoza, y no es por las pintadas, el callejón y todo eso. Es por cómo suena, por el ambiente que se le ha dado a esa escena, por la que me parece estar viendo A la caza de Friedkin.

El talento de las moscas me ha dejado K.O. Yo, que soy peckinpahniano a muerte, y por por lo tanto me identifico más con un cine más masculino, a pesar de ser un cameroniano hasta la médula y mis personajes favoritos son los femeninos fuertes (Sarah Connor, Ellen Ripley), no he logrado ver aún un corto de corte intimista que me haya gustado hasta la admiración. Sin embargo, la ópera prima de Laura Sipán es toda una lección cinematográfica de fotografía, puesta en escena, montaje y sutileza. Digo bien alto que Sipán encabeza mi Hit List de directoras. ¿Cómo puede ser su ópera prima? Es apabullante, a mi me ha costado 11 años hacer algo que parezca profesional, pero ella nos ha dejado a todos a un lado. Talento, a raudales. El actor que interpreta a Saint-Exupery está formidable, en serio. Y el momento que se adivina El principito es digno de Spielberg. Yo, que ya sólo me emociono con películas de Raoul Walsh, en ese momento, me dio un vuelco el corazón. Si este es su primer corto, cuando haga un largo nos va a dejar a todos boquiabiertos y con los ojos como platos. Sólo por la secuencia pseudo-sexual, Laura Sipán podría ser hija de Orson Welles.

En cuanto a El Iglú, bueno, sencillamente se ha erigido en mi corto favorito este año. No tiene nada que ver con el cine que me suele gustar, pero puedo decir que tranquilamente que hay momentos en que parece que esté encuadrado, dirigido y montado por Sam Peckinpah. Es totalmente sorprendente. Carmen Barrantes, la protagonista es la actriz con más talento, soltura, naturalidad y frescura que ha dado el cine patrio en mucho tiempo. El momento de “no he tomado nunca café” es sencillamente prodigioso. Ese momento en que salta sobre el otro actor – que está soberbio – y se desnudan en su iglú es sin más palabras digno de Jean-Jacques Annaud en sus elaboradas secuencias sexuales. Y el final… qué decir de un final tan sencillo y que tanto dice. Me parece que es un corto maravilloso.

Ha sido todo un orgullo competir con cortos tan buenos. Jorge Blas tenía razón y la sigue teniendo. La competencia estimula la creatividad y hace que hagamos mejores obras. Yo no querría competir con cortos basura, quiero competir con los mejores y que los mejores me derroten, así querré superarme, hacer las cosas mejor, crecer y no rendirme.

Eso me lleva a decir dos cosas: Estoy orgullosísimo de que los presos de Daroca hayan elegido por unanimidad a Perceval como mejor corto para el premio Intramuros. Me llena mucho más ese premio que el de cualquier jurado, porque ellos no tienen nada que perder y podrían dárselo a cualquiera. Yo estuve hace un año dándoles una charla sobre cine, como tantos otros cortometrajistas de la tierra, y fue un auténtico placer y la mejor experiencia en cuanto a conversaciones de cine que he tenido – exceptuando, claro está, las que Víctor Berlín y yo tenemos –. Sin embargo, no puedo más que sorprenderme por la decisión del jurado al premiar a un corto tan amateur, poco trabajado, en absoluto fresco y deslabazado como Cuídala bien. No es una reacción de “Pablo se pica porque no ha ganado”, en absoluto, estoy más que contento con que se haya recompensado la producción del corto, con eso me bastaba, ya llevo unos cuantos años de festival en festival y los premios, llega un punto, en que te la sudan. No me esperaba ganar en Fuentes, ni mucho menos, y Javier Macipe, el director de Cuídala bien, bien sabe que me acerqué a darle la enhorabuena y que le ofrecí que cualquier cosa que necesitara no tenía más que pedirla. Creo que Javier hará dentro de un par de años un corto apabullante, toda una sorpresa, pero no creo que este fuera el mejor corto de este año. Si había un corto ganador era El talento de las moscas. Si no podía ganar al ser una ópera prima, deberían haberle dado una mención especial, porque que una ópera prima tenga tantísima calidad es absolutamente increíble. Deberían haberse saltado todas las normas y dárselo a ella.

Sigo creyendo lo que Jorge dijo y hay que hacer cortos de calidad, hay que superar y hay que apoyar los cortos con un trabajo concienzudo detrás. Cualquiera de los tres favoritos que he dicho se merecía ganar.

martes, 23 de octubre de 2007

ONE DAY IN THE LIFE OF ANDREI ARSENEVICH

Nueva colaboración para la página web multidisciplinar buffering.es

Chris Marker. Enigmático cineasta viajero. Fotógrafo y ensayista. Amante de las citas y del aspecto lúdico de todos los lenguajes. Profeta del hipertexto, advenedizo del multimedia. Desglosar las poliédricas facetas de este cineasta no resulta tarea sencilla...

Sabemos que Chris Marker nació, bajo otro nombre, en algún lugar de Francia. Usualmente se le engloba dentro del grupo de cineastas de la orilla izquierda del Sena, directores como Agnès Varda o Alain Resnais. Todos ellos comenzaron a rodaron su primera película a principios de los años cincuenta, años antes del estallido Nouvelle Vague. El sustrato sobre el que se asientan sus películas primerizas está muy influido por el documental y el contexto político y social resultante de la II Guerra Mundial.

La prolija, inabarcable e invisible obra fílmica y videográfica de Chris Marker es un mágico cajón desastre plagado de recovecos alucinantes. Más allá de sus películas más conocidas: la foto-novela La Jetée[1] (1960), que pasa por ser su única obra de ficción; o la estimulante y sorprendente carta-ensayo-audiovisual, Sans Soleil (1982), se ocultan películas diminutas y preciosas como Dimanche à Pékin (1955) o la película que da título a éste artículo. Más desconocidas aún que sus películas son sus experiencias con el cine expandido, el campo de experimentación de sus últimos trabajos: la instalación multimedia Zapping Zone (1990-1997) o el cd-rom interactivo Immemory (1997).

Chris Marker, recibió el encargo de Janine Bazin y André S. Labarthe para realizar una película sobre su colega y amigo Andrei Tarkovski, fallecido poco después de terminar su último film, Sacrificio (1986). No era esta la primera vez que Marker homenajeaba a un colega. En A.K. (1985), Marker realiza su primer documental-retrato, acerca de Akira Kurosawa, a través del making of de Ran (1985). A pesar de sus diferencias, tanto Kurosawa como Tarkovski mantienen importantes puntos en común. Ambos deben gran peso de su cine a la formación oriental que dota de importancia clave a los elementos; ambos emplean encuadres de presesión milimétrica donde el color, si es que lo hay, cobra un protagonismo fuera de lo común.

En el viaje que nos propone Marker, asistimos a los últimos días de vida del genial director Tarkovski. Sacrificio es la segunda película que el director ruso realiza en el exilio, tras la experiencia italiana de Nostalghia (1983), film realizado después de que el director abandonara la dictadura soviética que le impedía trabajar. Sus películas cada vez encontraban más trabas por parte de las autoridades soviéticas, que tachaban su trabajo de críptico y elitista, maltratándolo hasta hacer imposible el visionado de sus films. Poco después de su exilio voluntario, su nombre desaparecería de los medios de comunicación y sus películas dejarían de circular completamente dentro de la URSS.

Marker se sirve de Sacrificio como eje argumental para su documental. Para ello, emplea imágenes del rodaje en 16 mm., así como imágenes del propio Tarkovski postrado en una cama durante sus últimos meses de lucha contra un cáncer que le terminaría devorando a los 54 años. En esta película se dan cita los habituales elementos del cine de Marker. Una voz en off femenina hace de guía a través del montaje de imágenes que Marker elige con destreza. La apertura del film la reserva para un momento de inédita intimidad, cuando nos muestra imágenes del emotivo reencuentro de Tarkovski con su hijo, Andriushka, después de seis años de enfrentamientos con la deshumanizada burocracia soviética.

Tarkovski recibió sus primeras sesiones de radioterapia poco antes de comenzar el rodaje de Sacrificio. Esta circunstancia terrible no le restó fuerzas para rodar el plano que Marker presenta como “quizás el más difícil de la historia del cine”. Un plano secuencia de seis minutos localizado en la isla sueca de Gotland, santuario de Ingmar Bergman, filmado por un equipo de rodaje que se comunicaba en más de cinco idiomas diferentes. En éste plano, el plano secuencia más citado tras el de Sed de Mal (Orson Welles, 1958), el decorado natural de una casa en llamas, sirve de fondo para una compleja coreografía entre el movimiento de la cámara y el anárquico ir y venir de los personajes.

Como en otros casos a lo largo del documental, Marker se sirve del montaje paralelo para escenificar la intensa relación entre la vida y la obra del director ruso. Para el momento del rodaje del plano secuencia, escoge la colosal secuencia de Andrei Rublev (1966), en la que el niño, interpretado por Nikolai Burlyayev da la orden de fundición para la campana gigante que él mismo ha diseñado.

La intimidad que nos brinda Marker llega a su punto álgido cuando asistimos como espectadores al primer pase de Sacrificio terminado, después de que Tarkovski haya recibido las segundas sesiones de radioterapia tras el rodaje, postrado en la cama de un hospital parisiense. Acompañado por el director de fotografía de la película, Sven Nykvist, habitual colaborador de Bergman, Tarkovski ve por primera vez concluida su película, el 23 de enero de 1986. Cuando termina el film, la cámara nos muestra un primer plano de Tarkovski, demacrado por la enfermedad, con un pañuelo anudado en la cabeza, nervioso, mordiéndose las uñas. Marker a través del montaje relaciona este sufrimiento con el del propio guía de Stalker (1979) interpretado por Aleksandr Kajdanovsky.

En mayo de 1986, Sacrificio se alzará con cuatro premios en el Festival de Cannes, incluyendo el Premio Especial del Jurado, presidido por Sydney Pollack. La salud de Tarkovski, muy deteriorada, no le permitirá recogerlos en persona, tarea de la que se encarga su hijo.

El documental de Marker se completa con una carta audiovisual que el director ruso Alexander Medvedkin envía a Marker a propósito de la muerte de Tarkovski, compartiendo con él el dolor por la temprana pérdida del artista, mientras desaprueba con firmeza el olvido oficial que el cineasta sufrió en su propia tierra. Medvedkin, que moriría al año siguiente, fue el responsable principal del cine-tren que recorrió en los años treinta las estepas rusas como ejemplo mítico de cine participativo, militante e itinerante; Marker ya había rodado el mediometraje, junto con el grupo de cineastas-obreros, SLON, Le train en marche (1971), acerca de este director, al que homenajearía poco después de su muerte con el largometraje Le tombeau d’Alexandre (El último bolchevique, 1992).

El 28 de diciembre de 1986, once meses después del primer visionado de Sacrificio, Tarkovski muere tras una larga y silenciosa agonía, acompañado de su mujer Larisa y su hijo. Los funerales se celebraron en París, en la iglesia rusa de San Alexander Nevski, en la calle Daru; durante el funeral, el violonchelista y amigo, Mstislav Rostropóvich, en el exilio desde 1974, interpretó partituras Bach, el compositor más admirado por el director. Recibiría sepultura poco después en el cementerio ortodoxo de Sainte-Geneviève-du-Bois, en suelo francés. La mirada del más grande artista ruso que se recuerde quedó extinta definitivamente en aquella navidad de 1986.

VB

[1] El director estadounidense Terry Gilliam realizó en 1995 el remake de esta película, Doce Monos, con gran aceptación por parte del público y la crítica.


FICHA TÉCNICA

Une journée d’Andrei Arsenevich (de la serie Cinéastes de notre temps)
Videocámara, comentario y montaje: Chris Marker.
Imágenes adicionales: Mark-André Batigne, Pierre Camus (16 mm.) y François Widhoff (“Medvedkin 88”).
Voz: Eva Mattes, Marina Vlady, Alexandra Stewart (V. Inglesa).
Fotos: Pierre Fourmentraux.
Multimedium: Ramutcho Matta.
Mezclas: Florent Lavallée.
Producción: Therry Garrel, Claude Guisard, Jean-Jacques Henry, Miane Willemont.
Formato: 16 mm. y vídeo, Color.
Duración: 56 minutos.
Año de producción: 1999.
Nacionalidad: Francia.


miércoles, 17 de octubre de 2007

Genios

Patxi es un tío grande. No lo digo por decir, lo digo porque lo siento. Para empezar, porque nos conocemos desde que teníamos 6 años, para seguir por todo lo que nos ha tocado vivir juntos. Entre esas cosas está cómo me ha hecho vivir este año la gira de Violadores del Verso de la que él forma parte.

Yo no soy rapero, pero los Violadores del Verso me gustan hasta la admiración. Creo que el primer recuerdo que tengo de ellos, es cuando teníamos unos 15 años y en esas cincomarzadas en las que íbamos al parque con el loro y las litronas. En el loro sonaba una cinta de Kase.o. Recuerdo frases suyas, recuerdo lo del “jode culos Ibarra” a la perfección porque mientras magreaba a aquella chica a la que le iba el punk, había cierta clase de pensamientos en mi cabeza. El tipo que traía aquellas cintas era Raúl, hace años que le perdí la pista – y eso que era un tío de puta madre – pero me grabó aquellas cintas y algunas más.

Recuerdo los videoclips de Samuel Zapatero. “Máximo exponente” era grande – sólo por la canción es enorme – y tenía muchísimo ingenio narrativo audiovisualmente. La imagen de Kase.o sobre la bola del mundo en la Plaza del Pilar, Lírico escondido entre las sombras de un parking o Hate entre bailarinas de striptease era cosa seria. “Virtudes y vicios” fue un hit en Zaragoza. Yo me acuerdo mucho del videoclip, rodado en parte en la calle mayor, porque al haberme criado en parte en la Magdalena todo me resultaba muy cercano. Pero recuerdo a la gente cantando esa canción en mil situaciones. Años después, Marta y yo la cantábamos a todo trapo en el coche de camino a las localizaciones de Perceval. Éramos los únicos que nos la sabíamos y que gritábamos al cantarla, los otros tres, en el asiento de atrás, no decían absolutamente nada, pero esa canción a toda hostia por los montes de Loarre era digno de verse.

Cuando Patxi empezó a currar con ellos me contaba cosas asombrosas. Yo me quedé con las ganas de hacerles los videoclips del nuevo disco, algo con lo que había hasta soñado en algún momento, y lo que Patxi me contaba servía al menos para calmar mis ansias por saber de su trabajo y su éxito. Durante el rodaje de Perceval, en el Panchimóvil – que es el antiguo coche de Marcos, el técnico de Doble V – solo sonaban ellos. Al acabar el rodaje, el último día, él y yo íbamos a toda hostia por Loarre con “Trae ese ron” reventando los altavoces del coche.

Luego Patxi me dijo: “Escucha esto” y me puso el “Alas rotas” de Xhellazz. Tras mi ruptura y un año de hostias como panes, me enamoré de esa canción, de esa letra y de toda la tristeza que hay entre línea y línea y entre rima y rima. En los tiempos de juergas jodidas, “Así funciona” del Señor Rojo, se convirtió gracias a Patxi en un himno.

Para mí, enamorado del funky gracias a Eus y de sus letras gracias a Patxi, sus temas han significado mucho a lo largo de este año. De hecho, el primer post que escribí hablaba de ellos (aquí lo linko). Destilan auténtica sabiduría en cada párrafo, son pensamientos de una lucidez alcohólica, de una honestidad directa como un puñetazo. Si Bukowski viviera y supiera español, se volvería loco con sus letras. Con Xhelazz me siento muy identificado porque los problemas con el sexo opuesto inundan sus letras y yo intento que pase lo mismo en lo que escribo. Todo lo que he aprendido y he corroborado escuchándoles se hizo carne hace tan sólo unos días, cuando los vi en el Paseo de la Independencia en un conciertazo increíble de 3 horas. Ellos mismos lo dicen en su página: el concierto de Independencia no es sólo importante porque hayan tenido 70.000 personas viéndolas, lo es más porque un Ayuntamiento ponga en su escenario de lujo a un grupo de rap. El mismo grupo de rap que superó a Bisbal y toda esa basura y se colocó el número 1 en ventas. Eso significa algo y yo creo que habla por sí sólo. Es una gran noticia. Escuchar: “Mi enemigo es la Expo y por su fracaso brindo” en el Paseo de la Independencia, pagado por el Ayuntamiento es todo un lujazo y un golpe al capitalismo, a la especulación urbanística y a todos los maricones de esta ciudad. Ver a Hate en directo, cómo rapea, cómo se mueve; a Lírico improvisando, a Kase.o pidiendo ruido y a Xhelazz armándola fue toda un experiencia. Junto con Maceo Parker y Al Jarreau, los mejores conciertos de mi vida.

Para los que somos de Zaragoza, lo es todavía más, porque demuestra que esta ciudad que quiere tan poco a sus hijos, quizá dé una tregua a los que realmente se lo merecen, como ellos. Yo no sólo les admiro por su música, lo hago también por su estilo, por cómo llevan la fama, por cómo son con la gente que los admira y también con la que los critica. En “Asómate” Lírico lo expone muy bien. Siguen en Zaragoza, viven aquí a sus anchas, sin llamar la atención pero deslumbrando a la gente cuando pasan. Tienen la humildad suficiente para salir por ahí y aceptar las palabras de quienes se les acercan, y también la soberbia necesaria para saberse mucho mejor que todos ellos. Son como una familia y a mi eso me encanta, cuidan unos de los otros, cuando se saludan se abrazan y se dan dos besos. Salen de fiesta juntos, crean juntos y a la vez cada uno hace su vida. Mi hermano, muchas veces llega emocionado a casa y me dice: “¡Joder, iba en el 32 con Kase.o!”. A eso me refiero, son los más grandes y viajan con toda la humildad del mundo. Y eso a mi me encanta, me parece necesario. Ojalá mucha gente actuara de igual modo.

Cuando pincho en el Zorro, acostumbro a utilizar de ellos la intro “de norte a sur” del Genios. En vinilo suena como dios. Alguna vez pongo también “Máximo exponente” que a la gente le encanta, o “Prestigio intocable”, que es mi favorita. De vez en cuando, algún popero de mierda me viene con el rollo de que quite el rap. Yo le mando a paseo rápidamente y le digo que no me venga con hostias, que eso no es sólo rap, ni hip-hop… es poesía.

El otro día tuve la suerte de compartir tragos con ellos hasta altas horas de la madrugada. Con Patxi, claro. Todo un honor. Son gente humilde, pero bien tranquilos pueden decir bien alto que no sólo son magos porque piensan en las canciones que quieren escuchar y las hacen, que no es un vacile, que son genios. Y el que diga lo contrario no tiene ni idea, coño. Chin, chin!

miércoles, 10 de octubre de 2007

Naturaleza muerta


Como un encuadre torcido.

Como un marco desvencijado.


¿Cómo tender un puente? Si no somos ingenieros.

¿Cómo saltar el abismo? Si no somos atletas.

¿Cómo recordar? Sin cambiar, las cosas.


Yo ya no te reconozco y tú ya ni me recuerdas.

En el estanque flota sólo un anzuelo abandonado.


A ti, que tanto me escuchaste. Mudo soy hoy para ti.

Y yo, que tanto te escuché, soy sordo a tus mudas palabras.


Entre tú y yo, solo fango.

Ni fauna.

Ni flora.

Ni tundra.

Ni nada.

Barro oscuro. Sin vida.


A ti, a la que nunca te han leído tus derechos,

te digo que a mi nadie me explicó mis obligaciones.


Por suerte, a mi nunca me han bombardeado.

No vi nada en Hiroshima.

No recuerdo el fuego asesino que arrasó Gernika,

ni la dinamita volante que flotó sobre Dresde.