viernes, 14 de marzo de 2008

Ceros & Unos

Monte Hellman, en ese bastión post Easy Rider que es Carretera asfaltada en dos direcciones, opta por la solución más drástica que existe para terminar, no sólo con el film, sino con la película. ¿A qué me refiero? En el clímax, dos coches se enfrentan en una estrecha carretera. Los dos avanzan a toda hostia y van a chocar irremediablemente, ya que ninguno de los dos parece abrigar intenciones de apartarse del camino. Y entonces, justo cuando los dos carros van a estamparse el uno contra el otro, Monte quema la película. ¡Que sí! ¡Que la quema! Pone el punto final a su película, pero también al soporte que la hace posible. ¿Es esto a su vez una destrucción del cine? ¿Posibilita su desaparición que una película termine con la destrucción de su propio continente?

Puede haber muchas respuestas de pajas mentales alrededor de este tema, sin embargo, aunque han pasado unos cuantos añitos desde el estreno de esta película de Universal, muy posiblemente es hoy cuando nos encontramos ante posibles incógnitas que empiezan a resolverse.

Ayer estuve en un rodaje en la Gran Vía con la Red One. ¿Con quéééééé? Pues esta nueva cámara es el prototipo a una nueva era. Es, digamos, lo ultimísimo en vanguardia de "cine digital". Soderbergh ya ha rodado Guerrilla con esa misma cámara. No voy a aburrir al personal con detalles técnicos que, además, hay gente que conoce mucho mejor que yo, pero sí diré que la Red One ya deja de lado cualquier soporte físico para su grabación. Toda la información digital se queda almacenada en un súper disco duro.

A otro nivel, la Panasonic HVX-200, popularmente conocida como "la P2", por grabar en las tarjetas de memoria del mismo nombre, es un ejemplo también práctico de lo que intento exponer. La serie de Porta la hemos rodado con esa cámara, directamente a un disco duro casi todo el tiempo. ¿Qué quiere decir esto? Que todas las horas de grabación que hemos acumulado durante 10 días sólo existen en un formato digital, es decir, algo que no es físico ni tangible. Por una parte, esto es una ventaja, pero por otra implica un peligro ENORME: Si, por estos extraños sucesos de la informática los discos duros donde TODO está almacenado se joden, todo lo que grabamos se habrá perdido. Bueno, claro, ya sé que todos los listillos del mundo están pensando en hacer back up's ad infinitum, lo cual me parece perfecto, pero no dejan de ser meros archivos informáticos que en su día pueden DEJAR DE FUNCIONAR.

Por otra parte, lo de las cintas era un coñazo absoluto y, claro está, envejecían y se deterioraban, pero era algo físico, empírico y razonable. Un disco duro tiende a todo, menos a razones.

Yo, que soy un gran defensor de que avance la tecnología digital - en cuanto a cine se tiende, claro - y que pasemos a un estándar superior a la Alta Definición actual, me encuentro con serios encontronazos morales al haber descubierto esta serie de puñetas. Porque si el cine se informatiza y pierde su componente físico ¿dejará de existir? Como Monte Hellman quemando su película, si el soporte físico - y químico, claro - desaparece, sólo nos quedan ceros y unos hasta la saciedad. Por un lado, me parece una perspectiva maravillosa, ya que facilita muchos de los líos que entorpecen el proceso en celuloide; por otra parte, me da un miedo aterrador.

¿Por qué? Porque odio depositar toda nuestra fe y futuro en Las Máquinas. Sí, sí, así, con mayúsculas. De crío estaba fascinado con Terminator y llegué a creérmela tanto que acabé a hostia limpia con el Amstrad de mi padre, por si acaso... No voy a negar que de vez en cuando, aflora en mi una vena luddita irrefrenable y tiendo a desear terminar a hachazos con la maquinaria. Pero, claro, por otra parte, sin toda esa maquinaria sería imposible hacer lo que hacemos...

¿Solución? Ninguna. Debemos convertirnos en ceros y unos, pero tratar que sea lo menos doloroso y lo más humano posible. No hay que eliminar el factor humano y, sobre todo, no eliminar el factor físico. En una era en que la publicidad sólo vende intangibles, es muy posible que únicamente podamos vivir en un mundo de sombras platónicas. El "cine digital" es la representación más clara del mito de la caverna en el mundo audiovisual. Hay que tener cuidado y no ver sólo las representaciones abstractas, ya que no pueden llevar al desastre.

Es muy posible que si quemamos la película estemos quemándonos a lo bonzo. Debemos quemarla, pero con la consciencia de que no podemos fiarnos de las máquinas...

... Porque sino, estamos vendidos.

sábado, 1 de marzo de 2008

El chofer de Woody Allen

Mi hotel estaba junto al Gótico. A un paso de las Ramblas y Plaza Cataluña. Un poquito más allá el Raval y justo al otro lado el Born y la perdición… Hace algo más de una semana, cuando pisé Barcelona para ese rodaje, la ciudad Condal quedó declarada como La Mejor Ciudad de España sin lugar a dudas.

Lo siento por Zaragoza, a la cual tengo mucho cariño, pero últimamente no llega a llenarme. Lo siento por Madrid, ciudad de adopción, porque es maravillosa pero a la vez es como una patada en los huevos. Los siento por San Sebastián porque es un disfrute de ciudad y una preciosidad, y también lo siento por Granada por todas esas razones y más, pero es que… Barcelona es única.

Mi misión era un documental/videoclip para Myspace sobre el rapero barcelonés Porta, todo un pelotazo en las listas de venta. Antes de aterrizar ya comenzó el deleite. Planear sobre el puerto de Barcelona, sentir el Mediterráneo bajo la panza de ese gigantón de hierro es la mejor bienvenida que una ciudad puede ofrecerte. Que el sol resplandezca en Barcelona, que descubras que por unos días vas a vivir en un hotel cojonudo en el corazón de la ciudad, que todos los sitios donde comas, bebas y vivas sean sorprendentes es inigualable. Deambular por la Boquería, sentarte en sus columnas, dar buena cuenta de navajas y cerveza… te hace sentirte como pez en el agua. Si encima vas a gastos pagados, curras en algo interesante y el equipo es majo, puedes darte con un canto en los dientes, relajarte y disfrutar.

Barcelona me sorprendió las últimas veces que estuve. Una rodando hace un año exactamente. Planifiqué todo para acabar antes de hora y el dire de foto, el operador y yo nos dimos bien al cañeo frente al mar. La anterior, fue hace ya bastante, antes de rodar Perceval, con Marta, durante un verano de ensayos y preproducción. Vivíamos a un paso de Gracia y fue maravilloso. Ésta vez ha sido increíble. Edu Soto le recomendó a David, el operador, un restaurante vegetariano en el Raval: Organic. Piéce de resistance, absolutamente maravilloso. Mamá Antonia es la dueña del local y nos estuvo dando clases lógicas sobre porqué no hay que cocinar con electricidad. Cerquita del Macba, un italiano cuyo nombre no recuerdo pero que repetimos incluso tres días, ya que no podía ser menos. También La Tinaja, una maravilla en el Born. Luego estaba la coctelería de la Barcelonesa, una Caipiroskas de caerte al suelo. Y el arroz negro frente al mar. Y los gin tonics de aquél sitio del Raval… Seguro que estáis pensando ¿pero Pablo ha currado algo? Pues sí, un mínimo de 14 horas todos los días. Pero a veces merecía la pena, como cuando subimos a ese alto en El Carmel y vimos la puesta de sol sobre toda Barcelona.

Barcelona es maravillosa porque tiene algo distinto al resto de ciudades de España. Su ambiente, sus calles, su color, su luz, sus olores, el mar… Hasta un barrio feo como el de pescadores es maravilloso. Barcelona es mágica. Su nombre atrapa. El catalán, a pesar de que suena a cachondeo, me da la impresión de estar en alguna otra parte que nada tiene que ver con la realidad mundana. Barcelona es un sitio donde puedes relajarte y sentarte a ver ponerse el sol mientras dejas pasar el tiempo. Su gente transmite buen rollo, un cariño sobrecogedor.

Buena parte de Green Warriors transcurre en Barcelona, si antes no tenía dudas, ahora estoy convencido de que, en cuanto pueda, me largo allí una temporadita a reescribir el guión. Y a vivir y disfrutar y dejar pasar el tiempo con tranquilidad. Saboreándolo… Haciendo que dure.

¿Y el chofer de Woody? Bueno, pues era el chofer que cada día nos llevaba al rodaje. Un tipo de puta madre que me contó cosas alucinantes de Scarlet Johansson y de aquella vez que se perdió en el Gótico con Woody Allen y al neoyorquino le entró un ataque de pánico.

martes, 12 de febrero de 2008

Adiós, Mr. Scheider

Hace un huevo  que no escribo, lo sé. Para ser exactos, sí que he escrito, pero no he publicado nada estos días, porque estoy en Madrid aislado rodando y montando una serie de locuras publicitarias que me tiene absorbido y escarallado vivo. Los escritos aparecerán próximamente, cuando pueda publicarlos con un poco de tiempo y esmero. Sin embargo, hoy robo unos minutos al Final Cut y, tratándome de no volverme loco con este G5, he creído imprescindible escribir unas palabras de despedida, por la muerte de uno de los mejores actores que ha dado el cine americano.

Ayer, a los 75 años de edad moría Roy Scheider. Robert Evans  dijo que sería el nuevo Bogart, yo dudo de que llegara a ese extremo, pero sí que es uno de mis intérpretes favoritos. Tres títulos le convierten en alguien especial en ese  Top Ten mental. Tiburón, French Connection y Marathon Man. Sí, las tres películas  emblemáticas de los 70, de tres directores emblemáticos como Spielberg, Friedkin y Schlesinger. 

En Tiburón aporta ese aspecto de "Gerald Ford cualquiera", ese americanito que se obligado a enfrentarse a "la amenaza". Tiene momentos  increíbles, aunque mi favorito es ese en que Richard Dreyfuss le pregunta sobre su aversión al mar y la incongruencia de vivir  en una isla. Él responde simplemente: "Sólo es isla si se la mira desde el mar". Pronunciar esa frase como la pronuncia él, con esa naturalidad, no es nada fácil.

En French Connection, es Cloudy el compinche de Popeye Doyle. A pesar de que gene Hackman se lleva todo el protagonismo de la película, Scheider aporta esa solidez y honradez que transmite con su mirada de no haber roto un plato en su vida, como cuando descubre a la chica de  las botas  rojas desnuda, en la casa de Doyle.

Finalmente, en Marathon Man, hace el que quizá sea el mejor papel de su carrera. El  espía educado y discreto que cuando tiene que recurrir a la violencia, lo hace de manera brutal, pero sin los aspavientos propios de Hollywood. Que alguien me diga que no es grandiosa la pelea que tiene con el chino en ese hotel de París. Su muerte en esta película es impresionante y he de confesar que la película de Schlesinger es uno de mis referentes para Green Warriors, con lo disfruto como un enano volviéndola a ver y echando de menos a uno  de esos actorazos que ya no volverán a las pantallas. Sí, lo sé, son actores un tanto atípicos los que me entusiasman, pero qué le voy a hacer. Entre  ellos: Nick Nolte, Sam Rockwell, Elias Koteas, Matt Dillon, Scott Glenn, Brian Brown, Edward James Olmos, Don Johnson, Kurt Russell o Don Cheadle. 

domingo, 27 de enero de 2008

Una pica en Flanders

Sí, sí, en Flanders. O en algún otro icono de la imaginería estadounidense. Hace ya más de una semana que me quería sentar a escribir este post y no ha habido manera. Hoy, con una resaca considerable, voy a ello.

Una alegría tremenda. Sin más, eso es lo que me ocurre al pensar que dentro de nada – un día antes de mi cumpleaños, por cierto – Javier Bardem puede ganar el Oscar. Yo creo firmemente que lo va a ganar, lo espero con todas mis fuerzas. Eso sería un gran triunfo para la esforzada gente que se dedica al cine e intenta traspasar las trasnochadas fronteras que, por suerte, van remitiendo. El primero, claro está, que se me viene a la cabeza es Nacho Vigalondo. No sé hasta qué punto puedo decir nada de lo que me va llegando, así que me limitaré repetir lo que él confirma en su web: Steve Zaillan será el productor del remake de Los Cronocrímenes. Eso es algo que me parece maravilloso. Álex Pastor, Luiso Berdejo y seguro que alguno más que me dejo también están ya allí, en la Tierra Prometida, como los pioneros que se fueron a colonizar el desierto.

Que en un año Javier Bardem gane un Oscar, Nacho ruede una película en Estados Unidos (a la vez que se hace el remake de la suya) y otros cineastas de la tierra hagan lo propio incluso con Kevin Costner, es algo que me llena de alegría y esperanza. Esperanza de que el cine español no es – o no será – como dice Daniel Sánchez-Arévalo en El País Semanal “una especie de marca en las estanterías de los centros comerciales”. Creo que soy todo lo contrario a las nacionalidades y a sentirme “español”, pero sí que es cierto que este país nuestro es muy jodido con respecto a muchas cosas, una de ellas el cine, claro. Si el PP gana las próximas elecciones, que dios nos coja confesados a los cineastas – presentes y futuros – porque vamos a sudar tinta china. Por eso me parece una grandísima noticia que se abran las fronteras, que vayamos a otros sitios, que conquistemos la cima del mundo – del cine, claro – y que dejemos de mirarnos tanto el ombligo y de tonterías muy cañí que ya huelen a refrito.

Vigalondo es posiblemente el cineasta más despierto, capaz y con control que ha parido esta tierra. Su generación es la Nueva Esperanza. Koldo Serra, Borja Cobeaga, todos ellos son LA HOSTIA. Que sean ellos los que abran las puertas de este país atrasado es fundamental. No soy adivino, pero sé que con ellos al frente, nos esperan años de buenas y novedosas películas. Esperanza, eso es lo que traen.

Simplemente dar la enhorabuena desde esta humilde página al señor Bardem, así como a Nacho Vigalondo. Es apasionante verles allí…

P.D.: Un pequeño apunte que mucha gente no entenderá: Yo no soy aficionado en absoluto al fútbol, pero de un tiempo a esta parte, me he visto inmerso en los devaneos del Real Zaragoza. Realicé un spot para Elanuario.net, producido por Elipsis Producciones, que protagonizaba Víctor Fernández y eso fue lo que me llevó a seguir algún que otro partido y todo el rollo mediático que le ha seguido hasta que, hace nada, fue destituido. Desde aquí, solamente quería hacerle llegar nuestro apoyo, fue una suerte haberle conocido en aquél rodaje y un privilegio haber trabajado con él.

jueves, 17 de enero de 2008

Val del Omar: Acariño galaico (De barro)


En 1961 Val del Omar regresa a tierras gallegas, a las que ya había acudido como misionero, y comienza el rodaje de Acariño galaico (De barro), su elemental inicialmente dedicado al aire; tras un encuentro con el enigmático escultor Arturo Baltar, el proyecto evolucionará hacia convertirse en el elemental del barro, la fusión del agua con la tierra. Val del Omar retomará intermitentemente el proyecto en años posteriores, con el objetivo de integrarlo dentro de su fresco cinematográfico Tríptico elemental de España.

En 1981, un año antes de su muerte, retomó el montaje, aunque la película quedó finalmente inconclusa, tal vez, como apunta el investigador Rafael R. Tranche, por la propia voluntad expresa de Val del Omar de no cerrar su obra. La película es terminada por Javier Codesal bajo la supervisión técnica de Rafael R. Tranche, siguiendo un copión de vídeo casi definitivo y los sonidos grabados e indicaciones manuscritas que había dejado Val del Omar para la elaboración del montaje de la banda sonora.

Aquí, sus películas anteriores, Aguaespejo Granadino y Fuego en Castilla, primer y segundo segmento respectivamente del Tríptico Elemental de España. Ahora, Acariño galaico (De barro).

VB



lunes, 24 de diciembre de 2007

Rock my Xmas...

Bueno, sobran las palabras.


¡Feliz Navidad a todo el mundo! ¡Que el 2008 sea la hostia y no las hostias que ha sido este año que se va! Sé que lo he contado en alguna otra ocasión, pero para mí el mejor Christma es el que Tinieblas González nos firmó a mi amigo Álvaro Arrúe y a mi hace unos años... Nos puso: "Ojalá pete la Navidad".


Solo ha sido superado por el garabato de la entonces ministra de cultura (en qué estarían pensando) Esperanza Aguirre. Las mismas Ratas, en el transcurso del Festival de San Sebastián, cuando estrenaban la Lolita de Adrian Lyne, todos iban a por Jeremy Irons. Nosotros, no. Fuimos a por Espe. Ella se alegró tanto que no se pudo negar a dedicarnos un autógrafo en la postal free que le habíamos dado. Todo había sido premeditado unos días antes, durante esa proyección del documental del Ché Guevara... Naturalmente, cuando Espe vio que firmaba sobre la cara del Ché, nos miró como seguro que mira a Gallardón cada vez que tienen que dedicarse palabras de amor. Bueno, ya sé que no es una anécdota navideña, pero ¿qué más da?


Pasadlo bien, que no es poco!

sábado, 22 de diciembre de 2007

En las minas del rey…

Salomón es el último corto del amigo Nacho Lasierra. Ayer se estrenó. Yo estoy un poco de vuelta de esta clase de saraos, porque siempre hay tensiones y compañías que no quisieras frecuentar, sin embargo, no se le deja plantado a un compañero y, además, la cosa estuvo realmente bien.

Nacho y yo no compartimos nada en lo cinematográfico, somos diametralmente opuestos en concepción, lenguaje, estética e ideas. Ya no sólo al realizar algo, también al ver cine (¡¡no le gusta La jauría humana, virgen santísima!!), pero aunque sean distintos nuestros sentidos cinematográficos, amamos el cine. Eso se nota cuando hablas con Nacho. Aunque no coincidas, notas cuando a alguien le gusta el cine de verdad. Nacho no es uno de esos pelagatos que “les gusta el cine” para presumir – no sé de qué – ni los que se las dan de “trabajo en el cine” para presumir – no sé de qué –. Además de todo eso, le quiero como a un primo que ves de cuando en cuando o algo así, ya que su madre, Aurora, es también como de mi familia.

Y por eso, como pasa siempre con estas cosas, la parcialidad se cierne como una espada de Damocles sobre las opiniones. Ya se sabe, donde hay confianza, da asco. Por eso tenía algo de miedo antes de ver el corto, ya que el tráiler me había dejado insatisfecho y no tenía ninguna gana de decirle a Nacho que el corto no me había gustado. Sin embargo, el corto es auténticamente bueno. Por eso me alegré enormemente – sí, sé que a veces no lo demuestro como debería – cuando acabó la proyección y el corto me había emocionado. Lo mejor de Salomón, es que es una vuelta de tuerca al cine social. Ya quisieran los León de Aranoa del mundo pensar en esos términos. Lo que yo temía por el tráiler es que fuera una muestra más del cine rancio de este país de abuelos racistas insultando a negros. Estoy harto de eso, sinceramente. Pero Salomón es todo lo contrario. Se adentra en un terreno peliagudo y lo salva con creces. ¿Cómo? Pues con un guión sólido.

Empezar un corto con un premio que te da pasta para realizarlo es un buen empujón. Ese premio fue al mejor guión. Totalmente bien entregado. Nacho deja claro en Salomón que ha aprendido mucho sobre el sacrificado oficio del guionista, sobre cómo dar la vuelta a los convencionalismos y tratar un tema, que parecía más trillado que el destape, de una manera que ya querrían muchos cortometrajistas y también largometrajistas. Por otra parte, me acordé mucho de aquellos días de agosto en Albarracín, cuando me contaba lo mal que lo había pasado y cómo había tenido que renunciar a tanto. Quizá, en la realización es donde más se resienta eso, pero el guión de Nacho, construido como los raíles de una locomotora, te lleva hasta el final como un tiro. Además, Txema Blasco y Emilio Bualé se comen la pantalla. Hay mucho oficio en la dirección de actores, hay unos objetivos claros y una puesta en escena firme impuesta con tino por su director. No sé si tenía en mente El padrino para la escena de las fiestas del pueblo, pero ciertos pasajes de la boda en la película de Coppola, me vinieron a la mente irremediablemente en Salomón. Nacho ha aprendido un montón desde Rastro y, para quien haya visto Salomón, mis palabras sobran.

Además, la proyección fue en HD, lo cual fue una auténtica suerte y delicia, aunque mi única objeción vaya para la fotografía, la cual no entendí, aunque seguramente es que no era mi día (y tenga que verla de nuevo), ya que Fran Fernández siempre ha destacado por hacer cosas fabulosas. A todo esto, sumémosle que entre la gente a la que Nacho advirtió con lágrimas en los ojos, aunque no se lo crea y no me viera, estaba yo. Reteniéndolas, pues esa línea de Txema Blasco “si lo ves, dáselas”, funciona a la perfección.
Lo que más me gusta de Salomón es que triunfa donde otros acercamientos al mundo rural, xenófobo, hermético y endogámico, fracasan. Muchas otras visiones de ese tipo son absolutamente reaccionarias y la de Nacho es totalmente innovadora y esperanzadora. Espero que así lo sepan ver los jurados, tan anclados en la ranciedad.

Enhorabuena a todo el clan Lasierra porque sé que sufristeis como demonios haciendo este proyecto que, muchos de los que presumen de hacer cortos, querrían haber hecho. Es una suerte que podamos verlo.

jueves, 13 de diciembre de 2007

Una historia por entregas

La siguiente historia se presenta fragmentada en dos entregas.

Aquí, abajo, encontraréis la primera.

Por supuesto os invito a completar vuestra propia versión de la historia en Comentarios.

La segunda y última entrega, en siete días.


Entrega Primera

El primer recuerdo que conservo con claridad de aquella incursión en terreno desconocido es la sensación de la barandilla helada al contacto con mi mano desnuda. Esperaba, convenientemente abrigado, la llegada del tren de las 18.27, con el cuello de mi gabardina subido hasta la extenuación. Consulté una vez más la esfera de mi reloj: de tan maltratada que estaba me costaba distinguir la posición de las manecillas. El miedo a llegar tarde había hecho que me adelantara al encuentro más de lo necesario. Escuché al poco, de fondo, el siseo rítmico del tren, suave como la seda y, a la vez, pesado como el plomo. La noche comenzaba a extender sus dominios y la temperatura disminuía bruscamente como prolegómeno de su llegada.

Aquel siseo no tardó en crecer de intensidad; pronto, su presencia fue soberana en los andenes de la estación. Se trataba de un convoy moderno de formas redondeadas de color blanco. Me llamó la atención la elegancia de su deslizamiento constante, su inteligente iluminación. El tren detuvo su marcha y con ello casi desapareció el sisear eléctrico de sus motores. Las puertas se abrieron de manera automática y un torrente de humanidad invadió el andén, hasta entonces baldío. En aquella estación periférica parecía que podías encontrar a personas de todas las razas, colores y confesión. Así, al mismo tiempo que percibí el tufo del sudor reseco en la espalda del obrero, percibí el perfume desgastado que emanaba del cuello de jóvenes mecanógrafas. Y vi como hombres trajeados con maletín en mano, elevados profesionales de la ejecución y las finanzas, fintaban a los distraídos escolares. Me repugnaba aquel ritual de masas que acontecía día tras día. Inexorable como duro es el acero; punzante como el aguijón de la alimaña recién afilado. Todo aquel carnaval se desplazaba con la rapidez propia de aquellos caminos que han sido cien mil veces recorridos. De hecho, sus elecciones, por numerosas que fueran, no merecían tal nombre.

El andén comenzó a despejarse del gentío y el tren reanudó su marcha y su siseo nocturno. Un cartel luminoso colgado del techo anunció, con letras rojas:


PROXIMO TREN LIGERO
Destino Colonia Lee
13 MIN.


A ella la vi, por fin, tras una pareja de adolescentes que remoloneaba en el extremo izquierdo del andén. Portaba un largo abrigo negro, de un tejido que aun hoy, después de tanto tiempo, no sabría identificar. Su bonita figura, homenaje a la curva-contracurva femenina, era coronada por una larga melena negra que en su caída se enroscaba traviesa en docenas de direcciones. En mi imaginación era unos centímetros más alta… aunque tal vez me equivocaba de persona. Aquella mujer, no parecía buscar a su alrededor en busca de nadie; su mirada se clavaba en el horizonte, teñido de un azul cada vez más oscuro. Esperé, impaciente, a que pasará por mi lado, al fin y al cabo las escaleras donde me apoyaba eran el único punto de salida-entrada de la estación.

Pronto, aquella mujer dejó atrás a los adolescentes y tomó la escalera, en cuyo descansillo yo la esperaba. Cuando me vio al fin, noté el impacto de mi presencia en las facciones de su rostro. Tal vez pensara que yo no acudiría finalmente a la cita; tal vez se hubiera olvidado de ella; tal vez se hubiera arrepentido… Bajó con lentitud por el lado interior de la escalera, deslizando su mano izquierda, enfundada en cuero, por la barandilla. Esperé cualquier señal que certificara de manera definitiva su identidad. Y, mientras la escrutaba sin miramientos, temí haberme equivocado de persona. El temor se disipó en dos segundos: cuando ella pasó a mi lado, su sonrisa lateral no dejó lugar en mí para duda alguna. Noté el intenso olor de su perfume. Recuerdo sus suaves notas de fragancia de manzana como el primer día. Aunque me desconcertó que no me hubiera dirigido una sola mirada tras reconocerme, su sonrisa lateral había sido tan discreta como cristalina en sus intenciones.

Cuando ella alcanzó el piso inferior, a nivel de calle, yo, comencé a seguirla.

VB


sábado, 10 de noviembre de 2007

Punk is dead

Hace 30 años que Sex Pistols sacó su único disco Never mind the bollocks. Algo que se podría traducir como Me toca los huevos. Y más o menos esa es mi sensación con el punk.

Hoy día que los mordenillos de mierda se han apoderado del término pop, no se puede utilizar sin que nos vengan a la cabeza una retahíla de imaginería indie, sensiblera, ñoña y estúpida. Sin embargo, toda música de masas se puede decir que es pop, de un modo u otro, precisamente por la connotación de “popular” que pop lleva en su origen. El punk también ha sido música pop.

Digo ha sido, porque hoy día el punk no mueve masas. Offspring no es punk y Green day tampoco. Tienen raíces en el punk, como las puede tener Juliette Lewis, pero no son punk. Hoy es posible que haya más grupos punk desconocidos y a contracorriente que lo hubo hace años. Porque hace años habría muchos más, pero un buen número de ellos saltó a la fama.

¿Cuándo un grupo de punk salta al estrellato deja de ser punk? En realidad, el punk no es más que otro engañabobos. Una mezcla de música, ideología y estética. Malcolm McLaren, manager de los Sex Pistols fue quien se lo sacó de la manga. Concibió Sex Pistols como unas Spice Girls de la calle, como si esas “chicas maravilla” fueran unas putas heroinómanas. La operación le salió redonda. Sex Pistols sólo tiene un disco, del que sólo merecen la pena tres canciones, y así se acabó la cosa. ¿Se acabó? Ni de coña.

Sex Pistols no es el punk. Decir eso sería como decir que Mozart es la música clásica, o Metallica el heavy metal. Hay mucho más allá de Sex Pistols, un grupo de laboratorio son mayor trascendencia musical. Atentos, he dicho musical. Porque lo que cuenta en Sex Pistols no es la música, sino la estética, la comunicación con las masas, la atracción. En una palabra: carisma.

Johnny Rotten era un modista fracasado. Quería hacerse su propia ropa, para que fuera única. Cogía andrajos de aquí y allá y, como entre pico y pico estaba tan ocupado como para no aprender a coser, se dedicaba a coger imperdibles y “coser” aquí y allá. Menuda cosa. Todos fliparon. Todos le copiaron. Joe Strummer apareció en la BBC con una especie de cresta mohicana que más bien parecía un gato muerto. Los hijos del punk se volvieron locos con esos y empezaron a diseñar sus crestas de infarto. Rotten, de nuevo, escupió por error en un concierto y eso se convirtió en norma del público hacia los grupos.

El punk es más una tendencia que un estilo musical. En todo movimiento tiene importancia no sólo la música, sino la idiosincrasia, el estilo, la ropa, la moda, los andares y las poses. Sin eso los hippies no serían lo que son. Ni los heavies, ni los raperos. Ya no estoy hablando de tribus urbanas de quinceañeros, lo cual me parece muy lejano, sino de movimiento estéticos y culturales. Sex Pistols supo y pudo encabezar ese movimiento, precisamente por todo lo falso de su origen, concepción y final. Tuvieron todos los ingredientes para ser “los mejores”: Un solo disco mítico, un nombre provocativo, una actitud desafiante, unos integrantes chalados, un mártir entre sus filas y, sobre todo, una línea argumental tan nihilista como la propia ideología punk.

Estaba cantado que no iban a durar mucho, al menos en activo, pero es posible que sean el grupo más famoso. Hay otros mucho mejores, como The Clash, The Ramones o incluso, Joy Division, pero Sex Pistols se lleva la palma a la fama y la fortuna.

El punk no existe y no puede existir como tal porque sus disposiciones, orígenes y metas son totalmente autodestructivas. Un movimiento en el que un yonki como Sid Vicious, que no pudo articular ni una palabra coherente en ninguna de sus entrevistas en vida, es elevado al podio de mártir no puede llegar a buen puerto. Porque además, el punk no quiere llegar a ningún puerto. Cuando hablan de destrucción, hablan de la suya propia. Es un movimiento que no puede avanzar ni progresar, porque está en su concepción que no haya avance ni progreso. Son un grupo involutivo y, lo siento por los que se sientan ofendidos, bastante reaccionario.

Todo eso de anarquía y lo que se supone que venden es una patraña como un templo. Todo lo que predican sobre lo de ir contra el sistema y acabar con él, es su única razón de ser. Digo predicarlo, no cumplirlo. El punk es un claro ejemplo de las ideologías o movimiento que se sostienen por la imposiblidad del cumplimiento de sus objetivos. Precisamente en la lucha entre los factores opuestos, están su fundamentación. El punk no puede vivir sin el capitalismo, sin venderse a la industria y sin tener a alguien a quien machacar. Sólo postulan la lucha, no la solución. Si en algún momento se aventuraran a decir cómo resolver los problemas que se supone que les preocupan, no llegarían a ninguna parte, se autodestruirían, porque es en la lucha contra un enemigo imposible de vencer donde está su esencia.

La autodestrucción es algo muy atractivo, no cabe duda.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Val del Omar: Fuego en Castilla


Continuamos con la revisión de la obra del director español José Val del Omar. Fuego en Castilla, es la segunda pieza que compone el Tríptico Elemental de España, obra cumbre del director precursor de la meca-mística. En ella, Val del Omar, pone en práctica dos de sus técnicas más célebres: la Diafonía (hoy irreproducible) y la Tactilvisión, de ahí su necesariamente largo período de gestación: tres años.

Aquí, su película anterior, Aguaespejo Granadino, la primera parte del Tríptico Elemental de España. Ahora, Fuego en Castilla.

VB