domingo, 27 de enero de 2008

Una pica en Flanders

Sí, sí, en Flanders. O en algún otro icono de la imaginería estadounidense. Hace ya más de una semana que me quería sentar a escribir este post y no ha habido manera. Hoy, con una resaca considerable, voy a ello.

Una alegría tremenda. Sin más, eso es lo que me ocurre al pensar que dentro de nada – un día antes de mi cumpleaños, por cierto – Javier Bardem puede ganar el Oscar. Yo creo firmemente que lo va a ganar, lo espero con todas mis fuerzas. Eso sería un gran triunfo para la esforzada gente que se dedica al cine e intenta traspasar las trasnochadas fronteras que, por suerte, van remitiendo. El primero, claro está, que se me viene a la cabeza es Nacho Vigalondo. No sé hasta qué punto puedo decir nada de lo que me va llegando, así que me limitaré repetir lo que él confirma en su web: Steve Zaillan será el productor del remake de Los Cronocrímenes. Eso es algo que me parece maravilloso. Álex Pastor, Luiso Berdejo y seguro que alguno más que me dejo también están ya allí, en la Tierra Prometida, como los pioneros que se fueron a colonizar el desierto.

Que en un año Javier Bardem gane un Oscar, Nacho ruede una película en Estados Unidos (a la vez que se hace el remake de la suya) y otros cineastas de la tierra hagan lo propio incluso con Kevin Costner, es algo que me llena de alegría y esperanza. Esperanza de que el cine español no es – o no será – como dice Daniel Sánchez-Arévalo en El País Semanal “una especie de marca en las estanterías de los centros comerciales”. Creo que soy todo lo contrario a las nacionalidades y a sentirme “español”, pero sí que es cierto que este país nuestro es muy jodido con respecto a muchas cosas, una de ellas el cine, claro. Si el PP gana las próximas elecciones, que dios nos coja confesados a los cineastas – presentes y futuros – porque vamos a sudar tinta china. Por eso me parece una grandísima noticia que se abran las fronteras, que vayamos a otros sitios, que conquistemos la cima del mundo – del cine, claro – y que dejemos de mirarnos tanto el ombligo y de tonterías muy cañí que ya huelen a refrito.

Vigalondo es posiblemente el cineasta más despierto, capaz y con control que ha parido esta tierra. Su generación es la Nueva Esperanza. Koldo Serra, Borja Cobeaga, todos ellos son LA HOSTIA. Que sean ellos los que abran las puertas de este país atrasado es fundamental. No soy adivino, pero sé que con ellos al frente, nos esperan años de buenas y novedosas películas. Esperanza, eso es lo que traen.

Simplemente dar la enhorabuena desde esta humilde página al señor Bardem, así como a Nacho Vigalondo. Es apasionante verles allí…

P.D.: Un pequeño apunte que mucha gente no entenderá: Yo no soy aficionado en absoluto al fútbol, pero de un tiempo a esta parte, me he visto inmerso en los devaneos del Real Zaragoza. Realicé un spot para Elanuario.net, producido por Elipsis Producciones, que protagonizaba Víctor Fernández y eso fue lo que me llevó a seguir algún que otro partido y todo el rollo mediático que le ha seguido hasta que, hace nada, fue destituido. Desde aquí, solamente quería hacerle llegar nuestro apoyo, fue una suerte haberle conocido en aquél rodaje y un privilegio haber trabajado con él.

miércoles, 23 de enero de 2008

Calaveras & Diablitos

One of my deepest dreams has been always fuck with a legend. I don’t mean a legend like Tina Turner, I mean a legend inside a group of people. Is like when you are fuckin’ fifteen and you talk with your friends about the chicks in class:

- Man, fuckin’ with Rebecca… The sky is the limit, dude… -.

And that goes all over the ages. Is the same in the university, in an office, wherever. We always try to fuck – at least we would like to fuck – the girl in the highest Top Ten of the list of our group. That doesn’t mean that she has to been inside your group of friends, but the people you know has to know her. I mean that when they know her they really flip out if you fuck her.

The plot is like this: I was in this really shitty Mexican bar, drinking fuckin’ tequila like if the end of the world was comin’, and these miserable bastards appeared fuckin’ around. I was totally drunk, but I know them from other times in other shitty bars. These dickheads didn’t knew that I speak Spanish, so they began chatting around with foolish things, trying to tease me.

- Estos gringos no son más que unos chingones -.

- Me apuesto 150 pesos a que este desgraciado sería incapaz de poner caliente a una chamaca -.

These spaniards fockers… They always try to fuck around with this macho stuff. They probably imagine that I’m a kind of stupid vagabond, just dropped here like a piece of shit, trash that nobody want. They don’t have a lil’ of brain and just think: ´Hey, this focker can be a fockin College Guy’. Cause, yeah Jesus, I wasted those horrible 8 years in that horrible university of Southern California. God bless, I wont be back there NEVER!

Well, as I was saying, I studied Spanish in College, so I KNOW SPANISH, FOCKIN’ HELL.

- Oye, Manuel. ¿Por qué no le chingamos un rato? Vamos a llevarle a que vea a la Elita, a ver si tiene los huevos de chingársela -.

Those bastards were laughing at me like lil’ devils when they came with the beers. Negra Modelo & Tequila. Good God!

So they convinced me to go somewhere called ´la casa de la Elita´ and try to fuck this fockin’ Elita. They showed a photo before. I just wondered that if the girl was at least as sexy as on the photo, fockin’ hell!, I was ready for boogie woogie.

We arrived to the place. A small wooden porch on the front. Two floors. A bench beside the door and a great big modafocka in the front door. This fockin’ nigger was like the Empire State Building. In the sunny days you could be in total shade under his chin. Well, he wans’t really black, but I like to call him nigger. He was from another southamerican country. He wasn’t Mexican. Or yes. I really can’t make a difference between these lil’ bastards. So he was like two metres tall, dark hair, dark skin, big arms – and enormous dick, I suppose – and in his hands… Guess what? A solid, grey, big, steely baseball bat. Modafocka!

- ¡Oídme bien huevones! Si os acercáis otra vez a mi chica os despellejo! -.

My mexican friend continue this gentle conversation.

- Maricón… Ahora viene el gringo éste a chingártela -.

They fockin’ laugh like the Devil must laugh in hell. The nigger take a look on me, holding my Negra Modelo. I was fockin’ high. He hated me in the moment he put his eyes over my skin.

- Te voy a chingar la madre, pendejo… -.

One of the mexicans gave me an iron pipe. He probably stole it from a house where he was plumbing. Meaby that poor family is still with no water. Fucker…

Whatever. I took the pipe and I came across the porch. Before the first hit I said something that I learned in my Spanish lessons:

- Te voy a dar con todo lo gordo, cabrón… -.

I hit one, two, three times on his head. He answered me, but I stopped the bat and attacked to his brain another time. I crashed his brain. Lil’ brown and white pieces fell down to the floor. He began to bleed over his naked dark skin. The red blood and the dark skin were so fockin’ cool… I came across the door and I saw that `poncho´ in the wall: `Calaveras & Diablitos´. Then I noticed the bat in my head and a fell down to the floor, unconsciousness.

I woke up several minutes after. Could be hours. I walked in the house and I saw the stinky Mexicans fuckin’ a young girl. She was totally scared. She was being fockin’ rapped. I hate them for doing that.

- Es su hermana, cabrón. Es una diosa… -.

These modafockas had that lil’ girl as my school partners had other girls. Was the top of the list, the big shot. Fockin’ number one. They talked a lil’ bit, while I was recovering. She was argentinian. She was 22. I looked at her. I though she was the prettiest thing I’ve ever saw. Dark eyes in a dark skin covered with a nighty hair. My, oh my...! I hated them for doin’ that.

I realised that Ramón, one those fockers that was watching `the show´ had a gun in his belt. Smith & Wesson. I didn’t hesitate. I stole it. I pointed Ramón with my fockin’ steel cannon made in hell.

- You can fuck southamerica in the bed, I’ll sleep on ashes in hell -.

That’s what I said before I shot. Ramón dropped bleeding by his head. I shot all the other guys and all of them died at the first bullet eating their flesh. The last one died with his dick inside the girl. She was so scared she ran out from that man and rounded me with her lil’ arms…

- Lo siento -.

That was everything that I could say. I was in a doubt. What the hell to do…? For the dead Mexicans, she was a legend…

jueves, 17 de enero de 2008

Val del Omar: Acariño galaico (De barro)


En 1961 Val del Omar regresa a tierras gallegas, a las que ya había acudido como misionero, y comienza el rodaje de Acariño galaico (De barro), su elemental inicialmente dedicado al aire; tras un encuentro con el enigmático escultor Arturo Baltar, el proyecto evolucionará hacia convertirse en el elemental del barro, la fusión del agua con la tierra. Val del Omar retomará intermitentemente el proyecto en años posteriores, con el objetivo de integrarlo dentro de su fresco cinematográfico Tríptico elemental de España.

En 1981, un año antes de su muerte, retomó el montaje, aunque la película quedó finalmente inconclusa, tal vez, como apunta el investigador Rafael R. Tranche, por la propia voluntad expresa de Val del Omar de no cerrar su obra. La película es terminada por Javier Codesal bajo la supervisión técnica de Rafael R. Tranche, siguiendo un copión de vídeo casi definitivo y los sonidos grabados e indicaciones manuscritas que había dejado Val del Omar para la elaboración del montaje de la banda sonora.

Aquí, sus películas anteriores, Aguaespejo Granadino y Fuego en Castilla, primer y segundo segmento respectivamente del Tríptico Elemental de España. Ahora, Acariño galaico (De barro).

VB



domingo, 13 de enero de 2008

Adicciones

Esto es una continuación del anterior post, con lo que recomiendo leer primero el otro. De nuevo, basados en hechos reales…


Joder, al principio no le di importancia, pero cuando tuve al tercer tío sangrando y desgañitándose, con la picha como un colgajo, sí que empecé a preocuparme. ¡Coño! Yo no recuerdo haber hecho nunca gimnasia vaginal a saco para destrozar las pollas así. No es normal todo esto.

Fui al médico. Lo que me dijo fue un galimatías estúpido sobre anomalías genéticas:

- Verá , básicamente sus ancestros femeninos desarrollaron una mutación en la paredes vaginales, dotándolas de un fuerza superior a la normal -.

¡Tenía un chocho carnívoro, hostias! Mi tatarabuela había hecho gimnasia vaginal como para partir cocos y yo había heredado parte de esa fuerza ancestral. Joder, en poco más de un mes me había follado a tres tíos. Bueno, tres después de Álex. Él fue el primero, yo lo achaqué a la excitación del trío. Con el siguiente, estaba tan borracha que ni me enteré hasta el día siguiente y, claro, con la resaca me dio absolutamente igual, pensé que era culpa suya. El que vino después, me contaba que siempre había tenido problemas con el frenillo y no le di más vueltas, ¡pero joder!, lo de este tío era distinto.

No tenía problemas de ningún tipo.

No le había roto el frenillo.

No había heridas…

… ni hostias…

… ni nada.

Era algo interno.

- ¡Coño, me has apretado tanto que me has reventado los vasos sanguíneos internos! -.

Era verdad. Todo era por dentro. El tío meaba sangre. ¡Joder, qué puta locura! Al día siguiente, lo primero que hice fue coger las bolas chinas esas que me regaló mi ex por mi cumpleaños. No las llegamos a estrenar y seguían en la caja.

Me las metí.

Me concentré.

Apreté.

¡¡¡Las saqué en cachitos!!!

Mierda. Soy una bomba. Podría ganarme la vida en un circo de freaks o un programa de mierda doblando cucharas con la mente y semáforos con el chocho. Tenía que ponerle remedio.

Me fui al primer bar que encontré. Un bar de negratas. Reggae. Porros. Un olor a marihuana que bastaba para colocarte. Y me coloqué, claro. Me quedé como dios. Me sentía en la gloria. Tranquila. Arriba. Dispuesta. En la onda. Sin prisas…

¡Joder, la solución!

La marihuana la utilizan como tranquilizante natural. ¿Por qué no fumarme unos canutillos y tranquilizarme, tía? Bueno, pero no puedo fumármelos como si nada. Así no conseguiré una mierda. Tengo que emplear una técnica más drástica: Tengo que fumármelos con el chocho.

¡Buah! ¡Qué movida, colega! Entré en Internet y puse en Google: “chochos+fumando+puros”. Cantidad de vídeos, colega. Una pasada. Tías de todas clases chupando con los labios bajos. Me quedé con una mulatita que le daba unas caladas acojonantes a un Montecristo del 2. Aprendí con ella. Me lié el porrito y me lo coloqué en el chocho. Hice fuerza y logré sujetarlo sin problema. ¡Joder, estaba tieso como una polla! Pensé que el próximo porro sería extra grande. XXL. Para que se me fuera la pinza.

Prendí la mecha. Le di caña. Apreté e hice fuerza hacia adentro. ¡Joooder! Noté el humo denso y acre entrando por mis entrañas. Tres caladitas de yerba malaya y me sentí en la gloria.

¿Qué haría Horatio Alger en una situación así?

One poak over the line, one poke over the line…

¿Una calada sobre la marcha? Pobre bastardo, ya verás cuando empieces a ver los murciélagos. Fantasías espantosas y maravillosas aspirando el sabor de Sudamérica por mi sexo. Había estado fumada otras veces, pero nunca lo había sentido así. Dios… Estaba colocada. Tranquila…

Decidí que tenía que hacer la prueba de fuego. Follarme a un tío con el chocho hasta arriba de maría.

Fui al bareto de rastafaris.

Busqué a un negrito zumbón que me pusiera a tono.

No tardé en encontrarlo.

Lo llevé a mi casa.

Me desnudó.

Le desnudé.

Abrí las piernas.

Él me la metió.

Se me fue la pinza y apreté con todas mis fuerzas.

Jajaja. ¡Qué cara se le puso cuando se le quedó hecha plastilina!

lunes, 7 de enero de 2008

Problemas de coño (vol. 6)

Joder, el hijo puta ése me la había metido doblada. Fue en aquél ascensor, al salir de su casa. Llevaba toda la noche insistiéndome en que me quedara. A mi me había extrañado, porque el pavo era el novio de mi mejor amiga y nunca había demostrado ninguna empatía hacia mí, siempre me había tratado como la “amiga tonta de turno” y sólo intercambiábamos palabras de cortesía. Pero me dijo que esa noche le estaba poniendo a cien. Casi me meo en las bragas.

La verdad es que el tío a mí me ponía. Fue puro azar que se liara con Raquel. Igual que se lió con ella, pudo ser conmigo, solo que en el momento en que él se lanzó, yo estaba en el baño de aquél bar de tarados. Llegué tarde por una meada que ni siquiera quería echar. Sólo lo hice por acompañar a otra de las chicas, otra de las que acabó follando con otro. Yo esa noche me fui sola a casa y con eso me quedé. Y, claro está, a mí es que Álex me ponía bastante. Era un morenazo alto y cachondo. Tenía unos ojitos alegres que me hacían pensar en mordernos el cuello como vampiros. Pero, claro está, el tío estaba con Raquel y Raquel era mi mejor amiga.

Eran las mil. Muy tarde. Habíamos ido a casa de Álex a echar el último copazo. Yo me tenía que largar, sólo quedaban ellos dos y yo, y claro está, yo sobraba. Pero Álex estaba insistente. Cuando salí por la puerta, me siguió hasta el ascensor:

- No te vayas. Quédate -.

- Pero ¿para qué? ¡No te das cuenta de que os quiero dejar solos? -.

- ¿Y si te quedaras? ¿Y si nos quedásemos los tres? -.

Me callé y le miré a los ojos. ¿Estaba hablando en seria o en coña? ¿De qué iba este tío? Probé a reírme y hacerme la tonta. Lo dijo con toda la seriedad del mundo:

- Hoy me estás volviendo loco… -.

No supe que decirle.

- Me están volviendo loco tus piernas. No las había visto antes -.

No sé porqué lo dije, me salió espontáneo:

- No suelo ponerme falda -.

Él me rodeó con sus brazos.

- Te quitaría todo menos la falda. Te la dejaría puesta y apretaría el botón de emergencia. Te haría el amor suspendidos de un cable, solos tú, yo, el ascensor y tu falda… -.

¡Dios! ¡Qué cachonda me puso! Estábamos muy cerca, podía ver sus ojitos marrones a tan solo 3 centímetros de los míos. Me besó. Le besé. Dejé que pasará. Me encantó lo que pasó. Y Raquel arriba, esperándolo. Abriendo la cama. Yendo al baño y preparándose para echarle un polvo, mientras él me lo echaba a mi contra el espejo del ascensor. Me jodió como no lo habían hecho antes. Me sentí sucia. Me sentí fantástica.

Me desnudó con rabia delicada. Me levantó en sus brazos y yo le rodeé con las piernas. Las piernas que le estaban volviendo loco. Las acariciaba y gemía de locura.

Ni qué decir tiene, que no me quitó la falda.

* * *

Entré por la puerta de su casa 35 minutos más tarde. Álex esperó en el rellano. Habíamos decidido que hablaría yo con Raquel. Abrí la puerta del dormitorio y ella estaba dormida y desnuda sobre la cama. No es que me pusiera cachonda verla en pelotas, pero pensando en lo que iba a pasar – esperaba que pasara – dentro de unos minutos, me gustó la forma de sus tetas. Me puso, sí qué coño.

- Raquel… -.

La tía se despertó poco a poco.

- ¿Y Álex? -.

- Quiero preguntarte una cosa -.

Se lo dije. Sin rodeos. Sin concesiones. Duro.

- ¡¿PERO QUÉ COÑO DE MIERDA ESTÁS DICIENDO TÍA!? -.

Lo de los tríos es jodido. Yo nunca había hecho uno, pero estaba segura de que no era moco de pavo. La tía se tapó con las sábanas las tetas y todo. De pies a cabeza.

- ¿Me lo estás diciendo en serio? -.

- Es una experiencia al fin y al cabo… -.

- ¡¿Una experiencia?! -.

- Siempre te arrepentirás de lo que no has hecho. De lo que has hecho no tiene sentido arrepentirte -.

- No puedo creer lo que me dices, tía… -.

- Mira, hacemos una cosa. Empezamos y si no te mola, lo dejamos. No pasa nada -.

- Pero, tía ¡¡¡Que no quiero hacer ningún trío!!! -.

Me lancé y le di un muerdo de los que hacen historia. La tía se quedó helada, ni siquiera reaccionó, simplemente se dejó besar. Luego se retiró. Se apartó. Se me quedó mirando y me soltó un bofetón. ¡Joder, qué daño me hizo! Me pegó más, con los puños sobre el pecho. Las sábanas se le cayeron y dejaron al descubierto sus perfectos pechos blancos del invierno. Le cogí uno con la mano y lo acaricié suavemente.

Raquel me miró como si no fuera su pecho lo que estuviera tocando. Me apartó la mano. Gruñó. Me soltó otro bofetón. Le paré la mano justo antes de que tocara mi mejilla. La besé, la lamí, metí sus dedos en mi boca. Ella me miraba como sino entendiera nada de lo que estaba pasando.

La besé de nuevo y esta vez no se apartó. Besaba como dios. Creo que ha sido el mejor beso de mi vida. Raquel y yo empezamos a revolcarnos por la cama. Ella estaba muy cortada, pero le ayudé en todo. Cuando nos dimos cuenta, Álex entró en la cama. Raquel ni le miró, ni le tocó. Álex vino a por mí. Se puso a mi espalda. Me puse a cuatro patas. Él tanteó y la metió. Me puse a cien. A mil. ¡Dios, qué locura! Empecé a embestir con más fuerza que él, a contraer la pelvis, a moverme como un demonio. ¡¡¡Como el mismísimo infierno!!!

Fue entonces cuando le oí gritar.

- ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡DIIIIIOOOOOOOOOOOOOOSSSSSSSSSSSSSS!!!!!!!!!!!!! -.

Me di la vuelta y Álex estaba en el suelo, sangrando. Tenía la polla llena de sangre.

- ¡¡¡ME HAS ROTO LA POLLA, JODEEEEEEER!!! -.

Era verdad. Estaba como rota. No era el frenillo. No sé qué coño le había hecho, pero creo que tuvo que ver con apretar tan fuerte los músculos de mi vagina.

No lo pude evitar, solté una risotada endemoniada y lo dije:

- ¡¡¡Soy la hostia!!! -.

Álex se retorcía en el suelo de dolor y sangre y Raquel me cruzó la cara de un puñetazo.

Lo de los tríos es una jodienda.

sábado, 5 de enero de 2008

Destilando lágrimas

Le pedí la ginebra sin hielo, sin nada para mezclar. Sola en el vaso.

- Vas a joderte la vida con eso – me dijo la camarera -.

- Y el alma, espero -.

El primer trago fue demoledor. Abrasaba la garganta como si masticaras chinchetas. Tosí, pero no lo suficiente como para no tragar otro vaso.

Era aquella noche fría de aquél invierno jodido. Fue en aquél bar sórdido. Era un domingo, pero podría haber sido cualquier otro día en el infierno. Solo había borrachos y desesperados en ese antro. Yo no era mucho mejor que cualquiera de ellos. Lo había hecho mil veces, sabía exactamente cómo funcionaba el asunto.

Rompí el vaso contra el suelo y los cristales le saltaron a ese tiarrón de la chupa de cuero. Debía hacer como setecientos grados dentro del bar, pero el muy macarra no se quitaría la chupa en la vida. Se levantó, dejó a la chavala clavada en el taburete. Vino directo a mi.

- ¿Eres gilipollas? Me has roto el vaso en las narices -.

- Es que no tengo buena puntería -.

El hijo puta no se lo pensó y me atizó en plena cara. Me caí y me golpeé la cabeza con la barra. Sonaba Black courtains de Megadeth cuando noté que me sangraba la nariz. Me la había partido.

- ¡Vamos, hijoputa! Te voy a dejar guapo -.

Me levanté a toda hostia y me dejé caer sobre su estómago. Le clavé la cabeza en las tripas y lo arrinconé contra la pared. Él se libró de mi y me soltó otro puñetazo en la mejilla, la mandíbula me crujió como suenan los huesos de pollo al romperse. Me caí al suelo, pero pude levantarme de nuevo y le clavé la rodilla en los huevos.

Soltó un grito de dolor, me cogió la cabeza y la golpeó contra la barra. Noté cómo la sangre caliente salía de mi frente. Mierda, seguro que me quedo gilipollas después de esto. Logré soltar un puñetazo y atizarle en la oreja. Eso le dolió. Me pegó tres veces. Una en el estómago y dos en la cara. A estas alturas yo ya tenía que parecer picadillo para hamburguesas. Me tambaleé y el tío me agarró por la ropa, me levantó por encima de la barra y me estampó contra la pared del fondo. Caí a peso hasta el suelo al otro lado de la barra y supe que me costaría levantarme.

- ¡Ni me has rozado, cabrón! -.

No había razón para gritarlo, pero me salió. Él saltó la barra y uno de sus pies aterrizó en mi mano derecha. Joder, ya me podía olvidar de hacer florituras con ella. Grité como un condenado. Me machacó a base de patadas el esternón y la espalda. No hice nada por protegerme, sólo lo puramente instintivo.

Al cabo de un rato, el tío se cansó. Empiezas a sentirte como un asesino cuando el tío al que estás pegando ni siquiera se mueve.

- Si me dieras otro vaso… – traté de articular las palabras – te lo volvería a tirar -.

Me soltó lo que quería: Una buena patada en la cara. El universo entero me dio vueltas y perdí la conexión con el mundo unos segundos. Lo primero que oí fue a él, de nuevo.

- ¡Menudo gilipollas! Vuelve a intentar algo y te hago tragarte los cristales rotos, maricón -.

Sonreí.

- Vale, vale, compadre -.

Aún no sé cómo, pero me incorporé. La camarera y todos los clientes del bar estaban congelados, mirándome como si yo fuera la peor basura que hubieran visto en sus vidas. La botella de ginebra aún estaba donde la había dejado. Llegué cojeando hasta ella y traté de beber a morro. La mayor parte se cayó fuera y no fue agradable: Escocía como el infierno. Me vi en un espejo de la pared. Mi cara parecía un Picasso pasado por la trituradora. Me volví hacia la estantería y cogí un vaso.

El tipo me miró, atravesándome con sus ojos de rabia.

Llené el vaso de ginebra hasta el borde, solo una gotita se cayó fuera. Lo levanté y me lo acerqué a la boca.

- A tu salud -.

Y me lo bebí sin detenerme. Sintiendo el calor entrando en los pulmones. Cuando terminé de apurar el vaso, no lo dudé. Se lo tiré a la cara.

El tío salió disparado hacia mi.

A veces la culpa solo te la puedes sacar a hostias. Quizá redimirte no sea tan fácil como expiar tus pecados físicamente. Eso era justamente lo que estaba consiguiendo mientras el tío me dejaba listo para la ambulancia.

¿Y al final qué queda? Pues no mucho, pero podría ser peor.